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La eternidad de un minuto

lunes, 30 de junio de 2008

¿Cómo explicarle a un adolescente —o a un cachorro— que la vida, a su edad, es larguísima, interminable, aunque tuviera que morir al día siguiente? Es la actitud quien fija la duración de todo. Cuanto vemos a través del deseo es bello, pero no lo que vemos cuando se halla cumplido ese deseo. En diez minutos, un amor puede perfectamente ser eterno. Tú, Troylo, de eso sabes mucho más que nosotros. Por eso, aunque no creo que te sirva de consuelo, debo decirte, Troylo, que tú eres mi espejo más cercano, el único en el que me miro cada hora. Porque tú, que ya eres otro Troylo distinto del que conocí un primero de mayo de hace bastantes años, eres también casi lo único que me queda a mí del otro Antonio Gala que yo era. Nadie es dueño de nada: ni del todo, ni siempre. Se nos han caído encima demasiados escombros; demasiadas mañanas luminosas se nos han apagado; hemos corrido, hasta perder el resuello, por demasiadas calles sin salida. Somos moribundos, Troylo, que lloran por sus muertos: que los echan de menos en el atardecer; que preguntan por ellos a las cosas. Pero no hay que asustarse: en el fondo, fuimos lo mismo antes, nosotros y los demás, toda la vida. Que quieran reconocerlo o no, da igual, Troylo, da igual.

"Palabra de amor" (Charlas con Troylo)
Antonio Gala

filosofía, mens sana

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