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¿Qué le vamos a hacer?

Martes, 17 de Mayo de 2011
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“El mundo es así”.

“Eso no vas a poder cambiarlo”.

“Yo ya lo he intentado mil veces y nada”.

“La gente es como es”.

“¿Paco? Ese es ya un olivo retorcido”.

“Si no puedes cambiarlo, ¿para qué te vas a esforzar?”.

“Si funciona, no lo toques”.

“¡Puff! ¡Menudo jardín ese!”

“¿Eso? Siempre lo hemos hecho así…”

“No se puede hacer nada”.

“Yo lo haría, pero es que…”

“¿Qué le vamos a hacer?”.

¡Eso! ¿QUÉ COÑO VAMOS A HACER?

momentos de furia , , ,

Mi equipo

Jueves, 22 de Julio de 2010
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the-a-team Y no porque sea mío, sino porque participo en él. La palabra no está escogida sin intención, más bien al contrario. Me gusta recrearme en la importantísima diferencia entre “equipo” y “grupo”, porque no es lo mismo. Por eso, todas las transparencias, todos los informes, todos los trabajos que presentamos en el máster, van firmados como “Equipo 2”. Pero vayamos a lo importante, sus componentes, mis compañeros:

Rubén es ingeniero agrónomo. Hasta hace muy poco estaba en paro, pero lleva poco más de un mes en su nuevo trabajo, contratado por una conocida empresa pública. Le encantan las motos y vive en Albacete, así que cada semana se hace unos viajecitos de vuelta e ida desde Madrid para poder ir a clase. Sabe resaltar algunos puntos que se nos quedan fuera cuando los demás estamos enzarzados en ciertas disquisiciones bizantinas 🙂

Jorge es ingeniero de telecomunicaciones, y uno de los mejores amigos de mi concuñado (y es que el mundo es muy pequeño). Es jefe de producto en una pequeña empresa de seguridad, y en estos días nos dará la sorpresa y nos llamará para decirnos que ya ha sido papi. Jorge tiene una espectacular capacidad de análisis y organización, y ayuda a conducir el trabajo de los demás por el buen camino.

Raquel es licenciada en administración y dirección de empresas, y hace falso eso que dicen algunos de que en Asturias no hay volcanes. Hace poco le pidieron la mano, y ha dicho que sí, así que se podría decir que Abde ya forma parte del equipo también. La capacidad creativa de la chica del equipo es increíble, y la complementa con una vertiginosa energía para el trabajo. Es sin duda la que mejores planes de marketing elabora.

Es este un pequeño homenaje a cada uno de ellos, sin los que hubiera sido imposible haber creado el plan para reflotar la Escuela de Vela, haber analizado la manera en la que objetivos y estrategias de recursos humanos estaban bien o mal alineadas en dos empresas, o la manera en la que presentar la implantación del teletrabajo en nuestra ficticia empresa. Estoy orgulloso de ellos y esto es lo mínimo que puedo hacer para demostrárselo.

Gracias.

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Pomodoro

Martes, 27 de Abril de 2010

Quisiera compartir con vosotros una metodología de trabajo que me ha funcionado muy bien en estos meses en los que la he estado probando.

Si vuestro entorno de trabajo es como el mío, vuestra capacidad de concentración se verá mermada por todo tipo de interrupciones. Estas interrupciones cortan tu “flujo” y provocan que después de cada una de ellas te preguntes eso de “¿y yo qué demonios estaba haciendo?”. Con lo de flujo no me refiero al flujo de trabajo, alguna combinación de “explorar, analizar, resolver, pulir, probar”, sino más bien a ese estado en el que el tiempo deja de existir y lo único que ocupa tu cabeza es lo que en ese momento estás haciendo. Entrar en ese estado cuesta mucho. Y salir de él te deja de nuevo en el punto de partida, aunque hayas estado así durante horas.

Las interrupciones que os comentaba toman multitud de formas: llamadas de teléfono, reuniones no programadas, consultas de tus compañeros… Pero no son las únicas, ni las más peligrosas. Esas interrupciones son “externas”. Las peores son las interrupciones “internas”. “Tengo que decidir dónde voy a comer”, “voy a bajar a por una cocacola”, “voy a navegar un poco, nah, cinco minutos”, “¡anda!, si olvidé avisar a Paco de que no podré ir al cine…”. Muchísimas de esas interrupciones pasan inadvertidas porque no las consideramos interrupciones.

pomodoro-timer El principio básico sobre el que se sustenta la técnica Pomodoro es la división de tu tiempo en fracciones de 30 minutos. Para saber cuando empieza y termina cada fracción, necesitarás algún tipo de cronómetro. Francesco Cirillo, el autor de este método, italiano, utilizaba un reloj de cocina con forma de tomate. Y tomate en italiano se dice “pomodoro”. Así que al final, cada fracción de tiempo acabó llamándose un pomodoro.

Cada pomodoro está formado por un periodo de trabajo dedicado, un bloque de tiempo indestructible de 25 minutos, seguidos de 5 minutos de descanso. Cuando has cumplido cuatro pomodoros (es decir, dos horas), puedes dedicarte 15 o 20 minutos de descanso. Y bueno, ya sé lo que estáis pensando: “Es imposible que durante esos 25 minutos nada ni nadie te interrumpa, sobre todo después de los que nos has contado de las interrupciones internas”. Y tienes razón. El truco no está en evitar las interrupciones, ya sean internas o externas. El truco está en saber gestionarlas.

Cuando una interrupción está a punto de interrumpir tu trabajo, lo más importante es resolverla cuanto antes. Las interrupciones internas son fáciles de resolver: las apuntas en un papel, y las dejas para más adelante, por ejemplo, para cuando termines el pomodoro. Es posible que para entonces hayan perdido mucho de su urgencia o importancia. Las externas se resuelven relativamente bien con algunas frases estratégicas del estilo “¿Te puedo llamar en 18 minutos?” [la gente flipa cuando eres tan preciso con el momento en el que les devolverás la llamada], o “Me pillas en medio de un pomodoro, ¿te puedo atender más tarde?” [la referencia al pomodoro levanta la curiosidad de la gente. Nunca les he preguntado lo que imaginan]. De verdad, hay pocas cosas tan importantes o tan urgentes que no puedan esperar, en media 12 minutos y medio de tiempo. Tu jefe aceptará relativamente bien que le digas que en diez minutos estás con él al 100%.

Hay multitud de excepciones y de situaciones que no encajan perfectamente con la breve descripción de la técnica que os he ofrecido. ¿Qué ocurre si la tarea que tienes a mano no llega a ocupar los 25 minutos? ¿Qué pasa si mi jefe se le pone en las narices que vaya a esa bendita reunión? ¿Y si la tarea ocupa más de 25 minutos? ¿Qué ocurre si suena el reloj justo cuando me quedan dos minutos para terminar lo que me había propuesto? Si estáis interesados en las respuestas que ofrece esta técnica, os sugiero que os leáis el pequeño manual en el que el autor la describe con más detalle. Podéis encontrarla en su sitio web.

Gracias a esta técnica he encontrado la manera de ser más consciente de las interrupciones que me acechan, y he aprendido a gestionarlas mejor. He aprendido a contabilizar efectivamente cuánto tiempo me lleva una tarea. Me ha impuesto una disciplina que combina perfectamente la dedicación al 100% a una tarea con la entreverados con descansos periódicos que me ayuda a ser más productivo. En definitiva, he aprendido a ser más productivo siguiendo disciplinadamente un pequeño conjunto de reglas. ¿Qué más se puede pedir?

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Trabajo en equipo

Sábado, 31 de Enero de 2009

Pregúntale a cualquier directivo cuál es el más importante de sus recursos. Contestará sin dudarlo

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    — ¡Las personas!

 

Y quizá sea ese el problema. Que contesta sin dudarlo, automáticamente. Es una respuesta aprendida, porque si dice “el tiempo”, o “el dinero”, o “mi sistema de electrogeneradores en caso de una pérdida de tensión”, pues lo mismo queda mal, y todo el mundo le dice que no cuida “sus recursos humanos”. Es lo que ha leído en los librillos que dan con las páginas salmón, lo que le dicen sus colegas en conferencias y workshops., lo que le dicen en las reuniones con sus superiores, en la semana de retiro empresarial allá en esa casa rural tan chula.

Sin embargo, creo que el tema no está en saber que los recursos humanos son los más importantes, o si son más o menos importantes que otro tipo de recursos. Es más, en algunos casos, los recursos humanos no son el recurso más importante: son el único recurso. Como decía, creo que el tema no está en saberlo, está en sentirlo.

Es difícil transmitir un sentimiento, sobre todo si sólo se hace con palabras, o leyéndolo en un libro. Creo que por eso existe la música. Y la imagen…

Balance
Wolfgang Lauenstein

¿Comentarios?

PS: No estoy diciendo que todos los directivos sean como el Sr. Scrooge 😉

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Trabajo y aburrimiento

Domingo, 11 de Enero de 2009

Ahora me entiendo un poco mejor.

Trabajo a cambio de dinero. Es algo común a la mayoría de la gente hoy en día. Para ellos, el trabajo es un medio y no un fin en sí mismo. Por eso tampoco se preocupan de elegir demasiado sus trabajos, con tal de que paguen bien.

272470861_e079a908f2Pero también hay, aunque sean pocas, personas que preferirían morir que trabajar sin satisfacción en el trabajo. Son quisquillosos, difíciles de satisfacer y no valoran demasiado las distintas formas de compensación si su actividad no es, por sí misma, la mejor de las compensaciones. Los artistas y los hombres dados a la reflexión pertenecen a este grupo, pero también aquellos hombres amantes del ocio que pasan su vida a la búsqueda de algo, viajando, inmersos en aventuras y amoríos.

Todos estos aceptan el trabajo y las penurias, incluso el trabajo más difícil, sólo si lleva aparejado disfrute. Si no, prefieren darse a la pereza, incluso si eso trae consigo empobrecimiento, deshonor o peligro. No temen al aburrimiento tanto como a trabajar sin disfrutar; de hecho, necesitan grandes dosis de aburrimiento si quieren tener éxito.

Para pensadores y espíritus sensibles, el aburrimiento es esa calma que precede a los buenos vientos y a un feliz viaje. Tienen que soportarlo y esperar a que haga su efecto. Precisamente esto es lo que los espíritus más vulgares no pueden conseguir de ninguna manera. Evitar el aburrimiento a toda costa es vulgar, tanto como trabajar sin disfrutar.

Las negritas con mías.
Vía Vida de un consultor

El aburrimiento lo fotografió Olahus.

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