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Momento para reflexionar

Miércoles, 21 de Julio de 2010
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Lo que son las cosas. Parece que fue ayer cuando un 19 de febrero empezaba el MBA. Con todo ese tiempo, el saco donde llevaba las expectativas se ha ido vaciando de ellas, y se ha ido llenando con apuntes y nuevas experiencias. Este sábado pasado tuvimos la última clase antes del verano, la de Marketing Estratégico, en la que presentamos nuestra solución al caso de negocio que más nos ha enganchado de todas las asignaturas que llevamos, y del que me gustaría escribir aquí (y es que ¡estamos muy orgullosos del trabajo que realizamos!).

Los últimos días de algo siempre despiertan la necesidad de sopesar lo ocurrido, y reflexionar sobre ello con el nuevo elemento de la perspectiva adquirida. Volcaré aquí cuál ha sido la mía. No entraré en los detalles sobre las cosas buenas y malas que he encontrado, porque en cualquier experiencia, sea la que sea, nos encontraremos una cantidad variable de cada variante, aunque sí diré que el saldo es positivo.

reflexionandoY de ese primera expresión económica “saldo positivo” surge la primera de las reflexiones. Me está cambiando la manera de hablar, o al menos soy más consciente de todas esas expresiones que tienen que ver más con el tema empresarial. Aunque quizá lo más relevante sea que ese cambio tiene que ver con un cambio mental. Y ese sí que es un buen indicador. Empiezo a considerar mi situación laboral a la luz del análisis sectorial de Porter, soy capaz de analizar con más rigor mi situación económica y financiera, consigo razonar mejor sobre ciertas declaraciones políticas y económicas, y, por fin, consigo entender en condiciones el Expansión 🙂

La segunda reflexión tiene que ver con la gente que he conocido. Somos mezcla de distintas disciplinas profesionales, desde ingenieros agrónomos hasta licenciados en administración y dirección de empresas o enfermeros. Distintos perfiles laborales, desde jefes de productos a comerciales, desde directores generales hasta religiosos responsables de toda una red educativa. Todos aportamos nuestras experiencias, nuestra visión particular de las cosas, y de esos distintos modelos surgen nuevas ideas, nuevas perspectivas (Hegel tenía razón, amigos). Es ciertamente enriquecedor.

La tercera reflexión ha ido elaborándose desde aquel post en el que detallaba como quería que fuera mi semana, dado que el máster es un ávido consumidor de tiempo. Y es que he empezado a apreciar con más profundidad lo valioso que es el tiempo que vivimos. No descubro nada nuevo, lo sé, quien más quien menos conoce el tempus fugit, el carpe diem, el tratado sobre la brevedad de la vida de Séneca y tantas otras cosas. Pero como decían en aquel cuento, “una cosa es saber que vamos a morir y otra cosa es sentirlo”. Se puede calcular una segunda derivada. La del valor y generosidad de quien decide pasar una hora contigo, cuando podría estar haciendo un millón de otras cosas. Sabéis quiénes sois. Gracias.

mens sana, what is the matrix , , , , , , , , ,

Tiempo al tiempo

Sábado, 6 de Marzo de 2010

Ya entonces me advirtieron. Cuando empecé el proyecto Norman era consciente de que me llevaría tiempo, y que iba a ser una actividad muy demandante de “tiempo personal”. En palabras de la directora del máster, estudiar el máster exigiría y restaría tiempo de mi familia, de mis amigos, de mi ocio… Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Esta demanda está además cuantificada. Son diez horas de clase a la semana, a las que hay que sumar más o menos otras diez horas en concepto de prácticas, reuniones con los compañeros, estudio, repaso, etc. Como el tiempo es limitado, esas horas hay que sacarlas de algún sitio, a costa de otras facetas de mi vida. Las clases tienen su horario, viernes por la tarde y sábado por la mañana, y el carácter presencial del MBA junto con el peso que la asistencia tiene en la nota final de cada asignatura, hace que dejar de asistir no sea una opción. Las horas son las que son, y están donde están en el programa semanal.

Para mí que estos duermen poco... ¿De dónde saco el resto de las diez horas? Dejar de dormir y tomar algún tipo de estimulante artificial, de café para arriba, tampoco es una opción. Me he dado cuenta de que necesito un número determinado de horas de sueño si quiero encontrarme despierto y alerta a lo largo del día. Si duermo menos horas, me hago miembro de la marcha zombie. Si duermo más, también. Ya el año pasado me planteé como objetivo dormir mis horas, ser disciplinado con la hora en la que abandonaba la Autopista de Los Despiertos, para incorporarme a la comarcal con destino a la Campiña de Morfeo. No siempre lo consigo, pero en términos generales lo logro. Y el efecto ha sido y es sorprendente.

¿Empleo tiempo de mi trabajo? Eso sólo provocaría disminuir mi rendimiento en mis responsabilidades. Ojo: en ambas, tanto en mi actividad profesional como en mi actividad estudiantil. Una cosa para cada tiempo, y un tiempo para cada cosa. Había que buscar otra alternativa. Una o varias.

Al final comer, lo que se dice comer, como en unos pocos minutos, un sandwich de contenido variable a lo largo de la semana, que me hago la noche anterior. Ya sé que dedicarle tan poco tiempo no es lo más sano, que hay que invertir al menos media hora. Pero no dispongo de ese tiempo. Y por otro lado, lo de “más sano” es relativo. Ahora como menos (y aguanto bien el resto del día) y soy más productivo por la tarde. Mi michelín lo agradece y mi jefe, espero, también. Por decirlo de alguna forma, después de las cuatro de la tarde, tengo la sangre donde debe tenerse en ese momento: en el cerebro, y no en el estómago. Por no hablar de lo sana y regordeta que se está quedando mi cartera. Sustancial. El resto del tiempo, alrededor de una hora, lo puedo emplear en leer artículos, casos o resolver algún ejercicio particular. O bien tiro de netbook y voy trabajando en alguna práctica. O la dedico a llamar a la gente, también una manera de mantener el contacto aunque no sea face à face.

Otro aspecto importante es ser muy disciplinado con los tiempos dedicados a cada actividad, siempre dentro de alguna flexibilidad, cómo no. Pero la norma es la norma. Las reglas son sagradas. Cada cosa en su tiempo y un tiempo para cada cosa. Darle más tiempo a alguna actividad se hace siempre porque se resta de alguna otra. Y eso siempre implica un impacto negativo en la restada.

Chuck Norris, preparándose para entrar en el Hipercor... Al pensar en sacar esas diez horas, hice el cálculo más inmediato. Dividir diez horas entre cinco días laborables me dice que tengo que encontrar dos horas al día para estudiar. Fácil, ¿no? No. Cenar es una buena costumbre de la que no quiero deshacerme, aunque en general busque platos fáciles de hacer y sobre todo rápidos y que no ensucien mucho. Fregar menos es también ganar tiempo para otras cosas. Para preparar desayuno, comida y cena es obligatorio hacer algún tipo de compra, o sea, tiempo. Los domingos cierran muchas tiendas, centros comerciales y supermercados, y pedir la compra para que la lleven a casa no es una opción: si compro el sábado por la tarde no me lo llevan a casa hasta el lunes, cuando casi seguro que no estoy (el turno de tarde es de cuatro a diez; sí, seis horas de margen). Y hacer una compra enorme significa llevar un número de bolsas que ni Chuck Norris cuando era joven. La solución más viable es hacer una pequeña compra una vez a la semana, a partir de una lista elaborada poco a poco a lo largo de la semana anterior, previendo alimentos que se agotarán a lo largo de la siguiente. No perder tiempo en el supermercado es fundamental, y obliga a realizar la compra, podríamos decir, al estilo guerrilla. Emboscando los yogures para caer sobre ellos justo en el momento en el que ya tienes visualizado tu próximo objetivo: el jamón de york. Aprovechar los desplazamientos en el campo de batalla también es importante: entras, sigues la ruta prevista, das los golpes a la insurgencia alimenticia de forma rápida y eficiente, y abandonas el terreno.

Y hay que limpiar la casa. Probé durante un tiempo a no hacer nada para ver si ella se limpiaba sola, con la esperanza de que hubiera algún oculto mecanismo pirolítico a nivel batcueva. Los resultados del estudio son concluyentes: no existe tal cosa. Así que ese tiempo también está en el programa. Sólo quedaba una posible salida. Reducir el número de horas de estudio dedicadas en la semana laboral… y…

Hacer del sábado un día laborable más.

Y funciona. Después de las clases en el Instituto y hacer una comida frugal y rápida, reservo todas las tardes del sábado para estudiar, preparar trabajos, hacer ejercicios o lo que sea necesario. Dedicar esas horas me permite hacer un repaso de las ideas estudiadas entre el viernes y el sábado, me libera tiempo a lo largo de la semana siguiente y lo más importante, restringe esa actividad a un marco de tiempo muy concreto. Y ello por un motivo. Si he cedido conmigo en darme un día laborable más, tengo que negociar conmigo también algún tipo de compensación. Y la compensación se resume en un concepto: el domingo es sagrado. El domingo es el día de la familia, de los amigos, de la fotografía, de la lectura, del cine, de dormir más si quiero, del descanso, del café tranquilo junto a un ventanal por el que entre el sol sin pedir permiso, de leer el periódico.

La tentación después de seis días de actividad acelerada, lo sé porque lo he experimentado, es terminar ese trabajo al que sólo le quedan dos hojas, o repasar ese ejercicio si total “sólosondosminutos”. ¿Pero es que he olvidado lo que ya he dicho? El domingo es sagrado. ¿Y si tengo algo que hacer porque debo entregar algo el lunes sin falta, o no conseguiré lo que quiero? Amigo, haberlo hecho antes. Esa es la esencia del trabajo a lo largo de la semana: lo hago con la fuerza con que lo hago porque sé que el domingo es mí día sagrado, mi día para descansar. Es más, visto lo visto, ese día tengo que obligarme a descansar.

He observado un efecto curioso, y con esto termino. Lejos de estar más cansado, después de seis días de trabajo intenso en muchísimos frentes, lo que experimento es una increíble sensación de logro. Del trabajo bien hecho, del crecimiento que impone la disciplina autoimpuesta en el tiempo. De lo constructivo que resulta, en la mayor parte de las veces, decirse que no. ¿No es cierto que resulta curioso que con frecuencia la definición de una persona surja más por las veces que se dice “no”, que por las veces que se dice “sí”?

De cómo me organizo mejor creo que será mejor hablar en otro post. Los que me conocen ya saben por donde voy: el cocktail se llama, Covey, GTD y Pomodoro. Pero dejemos tiempo al tiempo.

en busca de mis valores , ,

Rascando segundos

Lunes, 23 de Noviembre de 2009

células de tiempo En mi lista de tareas, hace unos días que una de ellas ha ido tomando posiciones dada su importancia. Es una de esas tareas en la que reconoces una habilidad especial para facilitar el camino de todas las demás, por lo que su impacto es sustancial, de base. La tarea se llama “racionalizar mis fuentes de información”.

Aquí “racionalizar” no hace referencia al mecanismo de defensa psicológico descrito en esta breve fábula, sino más bien a la idea de buscar un motivo razonable al uso que le doy a cada fuente. ¿La necesito realmente? ¿En qué me beneficia? ¿Cuál es la mejor manera de acceder a ella y cada cuánto tiempo quiero hacerlo? ¿Cuánto tiempo hace que no accedo a ella?… Es momento de terminar con la ilusión de hacer algo sólo porque tienes la posibilidad de hacerlo.

Es una tarea que hoy ha hecho surgir una acción de una forma un tanto espontanea. O quizá es que empiezo a identificarla como tal porque ya me he fijado un objetivo (lo que encuentras depende, fundamentalmente, de lo que buscas). El caso es que estaba revisando mi timeline en twitter, y ví un tweet de @idealistanews, el canal de información del portal inmobiliario idealista.com, en el que publican noticias muy interesantes sobre ese mercado. La primera intención fue abrir el enlace y leer la noticia. Con una herramienta como twitter, es muy fácil caer en la trampa de la inmediatez e interrumpir lo que estás haciendo en ese momento en favor del nuevo estímulo. ¿Realmente necesito leer la noticia en este mismo momento? Si trabajara en una agencia inmobiliaria, o si estuviera laboralmente relacionado con ese mundo, la respuesta quizá sería positiva. Pero en mi caso, la respuesta es un rotundo “no”.

Así que decidí dejar de seguir a @idealistanews, pero al mismo tiempo suscribirme al feed de sus tweets (sí, sí, también puedes seguir a usuarios de twitter a través de su feed 😉 ). Con ello consigo dos cosas: reducir el número de interrupciones que recibo de twitter (algo que tiene que ver con el objetivo de la tarea) y seguir informado, aunque en otro momento.

¿Hacéis vosotros algo parecido? ¿Cómo seleccionáis vuestras fuentes de información? ¿Qué uso hacéis de ellos? ¿Cómo rascáis segundos en el día a día?

truki del almendruki , , ,

Protector solar

Jueves, 13 de Agosto de 2009

Además de las medicinas típicas contra la diarrea, picaduras, repelente para mosquitos y el siempre presente ibuprofeno, nos recomendaron llevar protector solar. Y la gente (yo incluido), que piensa en África y en seguida se le vienen a la cabeza las palabras sol y calor, me decía que tuviera cuidado con el sol, y que iba a venir supermoreno. Pues…

Mirador en Limuru, con vistas al Great Rift Valley, a unos 2100 metros de altura. ¡Esto también es África! :) Ve borrando la idea de África como un continente en el que siempre hace calor. No es cierto. Es como decir que en Europa siempre hace frio porque has visto fotos de Noruega. Yo lo he aprendido a costa de un paquete de kleenex diario, y medio kilo de estornudos. En la foto podéis ver la espesa capa de nubes que tuvimos hace unos días, en un mirador cerca de Limuru, con vistas al Great Rift Valley.

Durante la época seca en la que nos encontramos lo normal en Nairobi, que se encuentra a una altura aproximada de 2000 metros, es encontrarse con mañanas y noches muy frías, y con temperaturas relativamente suaves durante el resto del día. En los últimos días nos hemos despertado incluso con una moisty rain, lo que nosotros llamaríamos un txirimiri. Es cierto que en otras zonas, el calor resulta más agobiante. En el village (hablaré de la villa en breve), a unos 200 kilómetros de Nairobi y muy cerca de Kitui, sí necesitarás protector solar, porque el sol pega fuerte, pero desde luego no es la norma aquí en Nairobi.

¡No os imagináis lo que se agradece aquí, cuando paramos a las diez de la mañana para tomarnos un descanso, beber una taza de suave, dulce y sobre todo calentito té con leche! De todas formas, no es bueno dejarnos llevar por las apariencias. El primer día que hizo sol moderado por aquí, durante el camino de Nyumbani a Karen, como no pudo ser de otra forma… ¡me quemé! 🙂

¡Tatuonana!

nyumbani , ,

Latidos

Sábado, 2 de Mayo de 2009

No voy a ocultar que soy una persona que atribuye a los símbolos un profundo valor.

Porque, si lo piensas por un momento, no manejamos símbolos sino que somos símbolos. En el sentido más amplio, hacemos un símbolo de aquello a lo que queremos darle un sentido, y nos apropiamos de él. Eso es así porque los símbolos son la proyección en nuestra mente de la realidad-ahí-fuera y de nuestra propia realidad-ahí-dentro, y si no creamos un símbolo para algo, ese algo queda a la sombra de lo incomprensible.

Símbolos son nuestros nombres, las palabras, los colgantes, nuestros gestos, nuestros ritos, nuestra firma, nuestra palabra, nuestras promesas. Llenamos nuestras vidas de símbolos para comunicarnos, para recordarnos, para comprendernos, para unirnos, para separarnos, para humanizarnos, para avanzar. Llenamos nuestra vida de símbolos para entender y entendernos.

DSC_0584 Hace algo más de un mes, compré un reloj en el ubicuo Ikea. Los relojes son símbolos muy importantes para mí, porque representan mi tiempo y el tiempo de los demás. No puedo salir de mi casa sin mi reloj de muñeca y no sentir que voy desnudo. Y si se me olvida, puedo resultar muuuuy pesado, preguntando la hora cada minuto a todo el que tengo al lado.

También son símbolos muy prácticos: te indican la hora, te avisan de que has alcanzado cierto momento del día y sólo tienes que cambiarles la pila cada dos años más o menos… excepto el que me compré. A este hay que darle cuerda, hay que alimentarlo con giros de energía cinética, cargando sus baterías de energía elástica. Os aseguro que después de una semana de verle morir cada dos días, desacostumbrado como estaba a causa de los modernos relojes con entrañas de cuarzo, me tiraba de los pelos. ¿Otra vez tengo que ponerlo en hora? Faltó poco para asumir la pérdida, y sustituirlo por otro que no necesitara tanta atención. Muy poco.

Sin embargo, con el tiempo (no deja de ser irónico), este reloj en particular ha acompañado mis mañanas con un latido tictac tictac al que le he atribuido una tremenda responsabilidad. Ese latido es el latido de mi casa, de mi hogar en realidad. Y así, el reloj es el símbolo de su corazón. Y no puedo dejar que se pare. Ahora no me importa darle cuerda: al contrario, es uno de los pequeños ritos de todas las mañanas. Rik, rik, rik, rik, rik… ¡A marchar!

¿Será vivir elegir qué símbolos queremos hacer nuestros para ver las cosas como queremos verlas? Tremenda responsabilidad…

en la batcueva , , , , ,