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El cine Doré

viernes, 16 de enero de 2009

El sábado pasado fui con una amiga a ver una película peculiar en un cine peculiar. La película era peculiar porque no era el último estreno hollywoodiense, de los que puntúan alto en las recaudaciones semanales. Era más bien una película antigua, del año 1964. En blanco y negro para más señas. Y en versión original (subtitulada, eso sí). La película era The outrage (El ultraje), titulada aquí en España como «Cuatro confesiones». Cuatro personas dan su versión en un juicio contra un bandolero mejicano, Carrasco (Paul Newman), acusado de haber violado a una mujer y asesinado a su esposo. Final inesperado, pero tremendamente humano (no os perdáis las divertidas españoladas que suelta Paul por su boquita).

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"El estilo modernista que se adoptó para el Doré era el habitual en los cinematógrafos de principios de siglo y era coherente con la arquitectura que se estaba realizando entonces en Madrid".

Pues decía que además, el cine era peculiar porque tiene más historia a sus espaldas que el resto de los cines: es la sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional.  Como no podía ser de otra forma, el edificio es singular en muchos sentidos. Por lo pronto, el edificio original cumplirá cien años en breve, porque fue proyectado por el arquitecto Críspulo Moro Cabeza en 1922, construído en 1923 y reformado por Manuel López-Mora Villegas en 1925.

Además, el cine Doré tiene tres salas. Una de ellas es de diseño similar a las salas actuales, y otra (también llamada «de Luis García Berlanga») es una sala al aire libre y que por motivos evidentes sólo está abierta de julio a mediados de septiembre. Pero la que destaca sobre las otras dos es la tercera sala, que en realidad es la primera: es una reconstrucción del antiguo «Salón Doré». ¿Un salón?

Como es de imaginar, en los españoles años 20 el cine no era tan habitual como lo es hoy. No había muchos cines y los cines que había no tenían un montón de salas. No tenía sentido construir un edificio destinado específicamente para la proyección de películas, pero si adecuar los que ya se utilizaban para celebrar otros espectáculos y actos sociales: un salón. Acudir al cine Doré es montar por un momento en la máquina del tiempo, y revivir la época de las levitas, los corpiños y el principio de un nuevo siglo. Sé que volveré, ¿alguien se apunta?

Alguna otra cosa interesante:

  • Tiene una cafetería (que cierra a la una menos cuarto) y una librería especializada en temas cinematográficos.
  • No hay reserva de entradas (aunque sí tiene venta anticipada), así que hay que hacer cola, y no puedes comprar más de tres por sesión.
  • Todas las películas extranjeras se proyectan en su idioma original con subtítulos en castellano.
  • Más información en su página web y en la Wikimedia.

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