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Sobre la memoria

jueves, 4 de junio de 2009

Hace unos minutos he llamado a un amigo con el que hacía mucho tiempo que no hablaba, y algo más que no le veía. Hoy es su cumpleaños, así que le he felicitado, y nos hemos puesto un poco al día (¡también se va a meter en temas de Scrum y metodologías ágiles!). También hemos quedado en que nos llamaremos a principios de la semana que viene, para decidir un día en el que quedar para comer. Sé que vamos en serio porque la charla no ha acabado con ese manido y difuso “pues venga, nos llamamos a ver si quedamos un día”, frase tan inútil como vacía. Puestos a ser prácticos y evitar subterfugios, es mejor despedirse con un “a ver si el destino vuelve a cruzar nuestros caminos”. Que además, en mi opinión resulta más elegante y evocadora.

Cuando ha descolgado, lo primero que ha dicho ha sido algo así como: “No me lo puedo creer, después de tanto tiempo, mira que el blutuz conectado con la agenda sincronizada con el ordenador hace milagros, ¿eh?”, porque sabía muy bien que, si fuera por mi mismo, no me habría acordado de su cumpleaños. Eso no significa que no me sepa ninguno, es simplemente que no puedo recordarlos todos (o no quiero o no me apetece o prefiero ocupar el espacio con otro recuerdo, no sé bien, la verdad). No sé qué haría sin mi memoria artificial. O quizá sí, pero eso es tema para otro post (si me acuerdo).

El tema es que si quieres recordar algo, y tienes memoria de pez como la mía, lo mejor es utilizar algún medio para poder registrarlo. En unos pocos días, ya apenas nada, parto para un viaje del que querré guardar muchas cosas en la memoria. Muchas, las más llamativas, las más discordantes si acaso, permanecerán por sí mismas y se harán indelebles en ella, como escribir en una vileda sin rotuladores vileda. Otras, por inadvertidas, apenas llegarán a estar unos pocos segundos, quedando relegadas a la nada de los recuerdos sin seguro oponer resistencia. Me preocupan más aquellas que, acomodadas en el salón de los recuerdos, vayan mutando y cambiando, disfrazándose de otros recuerdos y otras impresiones, convirtiéndose en leves fantasmas de lo que fueron, en atisbos de su antigua concreción, en meras trazas de lo que antes fueron profundos surcos en el camino. Para ellos dispongo de dos medios. Uno, si la infraestructura tecnológica y el tiempo lo permiten, será este mismo blog, aunque me temo que será difícil. El otro vino de sorpresa y es este que os muestro:

DiarioViajeNyumbani

Es un cuaderno de viaje, me lo ha regalado Madame Tafetán, y me lo entregó en el pasado Twittmad, donde por fin nos desvirtualizamos. Lo ha encuadernado ella misma, y está inspirado en diseños africanos. Él será el que me acompañe de acá para allá, haciendo de memoria externa y de muleta de la mía. Madame: desde aquí, gracias.

Y si lo miras, creo que es mejor que un ordenador. ¿No? Mirad: aunque no os lo creáis, no necesita pilas ni cargadores, es inalámbrico, va con marcapáginas, como los navegadores y admite un montón de tipos de letra y de diseños distintos 😀 ¡Genial!

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Los quince del patíbulo

martes, 19 de mayo de 2009

DirtyDozen2 Hemos escapado de la cárcel de dos árboles atados por una cuerda por encima de la cabeza, quince personas o así. Nos hemos subido todos en dos sillas, buscando la mejor manera de equilibrarnos y no caer. Hemos tendido una red de sueños con un ovillo de lana, y la hemos destejido a fuerza de dar ideas para conseguirlos. Hemos dirigido filas de ciegos con las guías de dos manos. Hemos hecho de marionetas y de ventrílocuos, y hemos compuesto un poema en silencio. Hemos comprado y vendido nombres propios con sencillas monedas hechas de pinzas. Hemos aprendido nuestros nombres a base de duelos incruentos con pistolas hechas de manos y dedo. Hemos peleado a cuatro patas, hemos luchado en batallas de monólogos simultáneos. Y hemos escrito una carta a nuestro yo del futuro.

Por más surrealista que pueda parecer, después de este entrenamiento ya estamos listos para ir. El último inconveniente serio ya ha sido salvado.

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Las personas del proyecto Kenia

martes, 31 de marzo de 2009

bani_aerialAcabo de llegar de conocer a mis compis de proyecto. Hoy nos hemos reunido con el responsable del proyecto todos los que formamos ya parte del que voy a llamar Equipo Kenia, que suena muy bien, para tomar unas cañas, empezar a conocernos y hablar un poco de temas de organización.

Lo que más me ha llamado la atención es que somos un grupo muy muy heterogéneo. En edades nos movemos entre los veintipocos y los cuarenta y pocos. En el ámbito estudiantil/laboral me he encontrado con informáticos, economistas y profesores de universidad, que ayudarán en la educación de los chavales, trabajadores sociales y enfermeras destinados a los barrios de chabolas… Incluso tenemos una experta en educación medioambiental, que aportará un montón en la aldea auto-sostenible. Las experiencias en voluntariado van desde el cero absoluto hasta el 10 en la escala de Voluntariado. La gente es supermaja, aunque al ser el primer día hemos estado todos más o menos cortados. Sin embargo, ya nos han avisado de que eso no será así en la próxima reunión… 🙂

En esa reunión, que tendremos el próximo 18 de abril, y que será la primera de las dos intensivas que están planificadas, estudiaremos más en concreto aspectos logísticos: vuelos, alojamiento, vacunas, día a día en cada una de las actuaciones de la Organización (de las que  el orfanato es una de ellas), y realizaremos dinámicas de grupo para ir haciendo equipo. Será chulísimo y tengo muchas ganas de ir conociendo a los que serán mis compis de trabajo. A medida que se van disipando las dudas, y el proyecto va tomando forma, estoy más ilusionado (no llevo muy bien lo desconocido, toda la verdad sea dicha). Por cierto, que ya sé más o menos dónde voy a estar.

Pero bueno, por el momento hay que resolver muchas cosas hasta que nos volvamos a reunir, así que ya tengo las dos próximas semanas con un montón de tareas. ¿La más difícil? Negociar con mi jefe cómo haremos para que pueda salir el día 15 de julio (mis vacaciones laborales empiezan oficialmente el 1 de agosto) 🙂

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Proyecto Kenia

jueves, 12 de marzo de 2009

El lunes o martes de la semana pasada, no recuerdo exactamente el día, me crucé con Juan Carlos (Juanqui para los amigos), un compañero de trabajo que me comentó que el Servicio de Compromiso Solidario andaba buscando gente para un proyecto. Ignoro que hizo clic en mi cerebro, pero le dije que hablaría con el responsable.

El jueves pasado hablé con Carlos Ballesteros, uno de los implicados, y me explicó las tres áreas de actuación del proyecto, y algunos otros detalles, sobre todo los aspectos básicos de manutención, seguridad, o higiene, por ejemplo. Cuando terminamos de hablar, me sugirió que hablara con Carlos Prieto, el director del Servicio. Lo que hice este lunes pasado. Le planteé las dudas y las dificultades que veía sobre el proyecto, y quedamos en que le daría una contestación definitiva en esta semana.

Hoy le he dicho que .

El proyecto Kenia es el nombre que le he dado a la colaboración que inicio con la ONG Amigos de Nyumbani. El objetivo es ayudar durante un periodo que espero sea de seis semanas en el orfanato que la organización gestiona en Nairobi (nyumbani en swahili significa hogar), y que fue fundado por el padre jesuita Angelo D’Agostino. En este momento, el orfanato acoge a 107 niños, desde 0 a 23 años (la más pequeña, Mary, no llega a los dos meses). Muchos de los pequeños han sido abandonados ante el temor de que desarrollen el VIH transmitido por sus madres. Esto sólo ocurre en el 25% de los casos, mientras que el 75% de los niños nunca llegará a desarrollar la enfermedad. y dan falsos positivos en las pruebas porque portan los anticuerpos de sus madres.

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El padre D'Agostino, con algunos de los niños más jóvenes

El Children’s Home cuida a estos niños hasta que pueden ofrecer un diagnóstico definitivo. Si el resultado es positivo en VIH, les proporcionan cuidados nutricionales, médicos (tratamientos anti-retrovirales, anti-retroviral treatment o ART), o académicos entre otros, hasta que son capaces de valerse por sí mismos. A los niños que finalmente no desarrollan la enfermedad les ayudan a encontrar un nuevo hogar de adopción.

Mi labor aún no está clara, pero se barajan varias alternativas. Una sería el apoyo, durante sus vacaciones escolares, de clases de refuerzo, sobre todo en matemáticas (por lo visto, los niños con la enfermedad tienen dificultades para aprender, y en particular, en esa asignatura). Otra sería el desarrollo de una base de datos que permita mantener información actualizada sobre el tratamiento seguido por los niños. En los barrios marginales de Nairobi (los slums, de los cuales el de Kibera es el más grande) es muy habitual que los niños y sus familias se desplacen de una chabola a otra o incluso entre distintos barrios, lo que dificulta conocer qué tratamiento han seguido en cada uno de ellos. Pero como os digo todavía no está claro, habrá que esperar un poco hasta que se concrete mi labor concreta.

Ahora dependo de que la organización en Kenia valide el perfil de la ayuda que puedo aportar, además de algunas entrevistas, cursos, charlas… En fin, que hay proyecto Kenia para rato. ¡Ya os contaré!

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