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Seguridad ante todo

sábado, 14 de mayo de 2011

El otro día, mientras tomaba un café con Miriam y Arol, cometí un fallo imperdonable para un fotógrafo. No fue que se me quemara una foto. No fue disparar el flash para fotografiar un edificio a 50 metros en un día soleado. Fue un fallo de seguridad. La cámara siempre, digo siempre, debe ir anudada a algún lugar de tu cuerpo, preferiblemente el cuello o la mano. Yo no lo hice, y la dejé apoyada sobre la bolsa que tenía sobre las piernas, sentado a la mesa. El momento crítico fue en el que me eché ligeramente hacia delante para acomodarme en la silla.

El golpe fue espantoso. Estábamos sentados en mesas altas, así que la caída fue de algo más de un metro. Y además, iba casi en la configuración más pesada posible, con el grip y el 18-105 montados. La duda sobre qué había sido ese ruído duro unos pocos milisegundos, los que necesitó para asentarse el convencimiento de que había sido la cámara la que lo había originado al golpearse contra el suelo. Después pensé (o sentí) que se habría partido el anillo del objetivo, o sus lentes, o el prisma, o que se habría partido directamente el cuerpo…

Pero gracias a Dios, no fue tan grave. Si que se rompió algo, pero no es parte vital de la cámara: el panel digital superior:

Display D90 roto

Esa mancha oscura que veis en la esquina superior izquierda del display es el cristal líquido desparramado, y muestra más o menos el punto del impacto.

De verdad que después del golpe, parece un milagro que no le haya pasado nada más que eso. Comprobé que espejo, sensor, objetivo, enfoque, etc… funcionaba correctamente. Hasta hice video para probar que funcionaba el micrófono y el altavoz, y parece que está todo en su sitio. Miriam y Arol también me ayudaron a ver que, a pesar de todo, el tema no era tan grave. De no haber estado ellos, probablemente mi enfado hubiera ido a más.

¿Cómo voy a hacer ahora? Pues aprovechar una función de la cámara que me permite ver en la pantalla principal (en la espalda de la cámara) lo mismo que vería en el display (es muy útil cuando estás manejando la cámara en un trípode y está más bien alto). Lo único es que el uso de la cámara se hace un pelín más incómodo, pero mira, lo prefiero así a no poder hacer fotos.

La duda ahora es si la llevo a Finicon o no. Por lo que he leído en foros, el servicio técnico de Nikon no es para tirar cohetes (al menos el de Madrid), y no me apetece estar sin cámara durante dos meses o lo que sea. Y luego está el coste de la reparación. Estoy seguro de que no cambiarán sólo el display, sino toda la sección superior de la cámara. ¿Flash y todo? Pues es posible. La alternativa es no llevarla, e invertir el coste de la reparación en ahorros para comprarme un cuerpo nuevo cuando tenga el viento de popa. Lo primero será informarse, así que el lunes llamaré a Finicon a ver qué pasa.

Y como todas las tragedias, mayores o menores, maestras o aprendices, llevan una lección, aquí va la de ésta: si llevas cámaras (incluso las compactas) y no quieres deshacerte de ellas, siempre al cuello o siempre a la muñeca. Sin excepción.

¡Ya os contaré!

a la caza de la luz , , , , , , ,