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Mi norte

jueves, 28 de abril de 2011

Lo cierto es que el concepto de brújula da mucho juego si aplicamos su función orientadora fuera del ámbito geográfico que le es propio. Lo digo porque, intentando buscar una explicación a lo que me ha sucedido desde principio de año, he encontrado que el aparatito de la aguja imantada mantiene buenas analogías para ello. Lo bueno de ello es que me permite visualizar la situación y poder razonar sobre ella aprovechando la analogía. Me explico.

El año empezó con una increíble estabilidad de mi campo magnético personal. En lo definido de sus líneas de campo, las pequeñas variaciones e interferencias se veían atenuadas por una especie de ritmo vital. Todo estaba perfectamente sincronizado con el exterior, como si fuera una continuación de mi yo interior, mostrando un equilibrio admirable entre las distintas facetas, entre los distintos roles… Sentía que a lo largo del tiempo había encontrado las herramientas mentales para acometer mis objetivos de mejor manera: la misión personal, el equilibro entre roles, y la planificación semanal de Covey, la peculiar manera de gestionar tiempo y tareas de Allen y su GTD, el concepto de Cuadro de Mando Integral, la definición SMART de objetivos, el concepto de pequeñas victorias, el ejercicio del orden y la disciplina… Había definido mi norte, había ajustado mi brújula, y había tomado el timón con decisión.

brujula Sin embargo, desde el 28 de febrero, he descubierto que hay un aspecto que no había tenido en cuenta y que es necesario considerar (y resolver incluyendo algún otro mecanismo) si quiero llegar a bien a buen puerto. Tiene que ver con el efecto de otros campos magnéticos, perturbaciones en el mío que hacen que mi brújula interior apunte a treinta nortes distintos. Estos campos magnéticos pueden tomar formas muy distintas: caseras con piel de cordero y ambición de lobo, la sensación de estar en dos casas distintas y no pertenecer del todo a ninguna, una pérdida transitoria de ese ritmo al que antes hacía referencia, o la percepción de tener que modificar hábitos ya establecidos. Per se, nada de eso es malo o pernicioso (más allá del efecto perturbador que digo) y en todo caso, a efectos prácticos es mejor considerarlo como algo cuya solución está en mis manos, antes que dejarlo en manos de algo externo y echarle la culpa por ello. Todavía no sé qué haré, pero sé que tengo que hacer algo. Necesito desarrollar la habilidad que me permita “apantallar” las interferencias externas, y mantener la brújula apuntando donde debe.

Por (buena) suerte, parece que las cosas se van normalizando. Las perturbaciones han cesado casi por completo, y siento que el campo se ha visto reforzado por otro tipo de perturbaciones, que esta vez han sido beneficiosas, y han tomado forma en familiares y amigos. Desde el final del máster, he retomado contacto con amigos que había tiempo que no veía y resultó de lo más sanador. La Semana Santa ha servido para repartir besos, abrazos y risas entre un montón de buena gente y pasármelo pipa con siete de mis sobrinos (el Gran Demiurgo tuvo a bien que Sevilla fuera el centro de una conjunción planetaria de amigos y familia). Pero no debo despistarme, hace falta crecer por ese flanco, y desarrollar el sistema PPMAI, o Protección Personal Magnética  Anti-Interferencias 🙂

Y para que quede constancia, nombro a los culpables de la estabilización magnética que empezó allá por el 8 de abril, porque se lo merecen: Miriam y Arol, María, Jorge e Idoia, Nuño, Raquel (la rubia), Diego y Juanvi, Raquel (la morena), Mario, Santi y Javi, Ana, Sergio, Sara y Gonzalo, Alfonso, Cristina, Quique y Jorge, Ernesto, Alma, Diego, Olga y Dani, Antonio y Luisa, Pedro, Marta y Moisés, Rocío, Álvaro, Aitana, y el pequeño Alonso, Macarena y Jorge, Manolo, Hermas, Nicolás y Claudia, Rafa, Irene, Asia y Sergei… Seguro que me dejo alguno, pero estoy seguro de que sabe de mi permanente despiste.

familia, un amigo es un tesoro , , , ,

El combate

jueves, 25 de noviembre de 2010

Samurai Ser sólo uno mismo en un mundo que hace lo posible noche y día por hacerte como todos los demás es afrontar el combate más duro que pueda afrontar un ser humano y no dejar la lucha nunca.

E. E. Cummings

Me permito corregir a Cummings. En mi opinión, hay un combate aún más duro. El que consiste en luchar contra ti mismo para ser quien debes ser. El combate al que él se refiere, viene después.

O como poco, a la par.

filosofía , , ,

Momento para reflexionar

miércoles, 21 de julio de 2010
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Lo que son las cosas. Parece que fue ayer cuando un 19 de febrero empezaba el MBA. Con todo ese tiempo, el saco donde llevaba las expectativas se ha ido vaciando de ellas, y se ha ido llenando con apuntes y nuevas experiencias. Este sábado pasado tuvimos la última clase antes del verano, la de Marketing Estratégico, en la que presentamos nuestra solución al caso de negocio que más nos ha enganchado de todas las asignaturas que llevamos, y del que me gustaría escribir aquí (y es que ¡estamos muy orgullosos del trabajo que realizamos!).

Los últimos días de algo siempre despiertan la necesidad de sopesar lo ocurrido, y reflexionar sobre ello con el nuevo elemento de la perspectiva adquirida. Volcaré aquí cuál ha sido la mía. No entraré en los detalles sobre las cosas buenas y malas que he encontrado, porque en cualquier experiencia, sea la que sea, nos encontraremos una cantidad variable de cada variante, aunque sí diré que el saldo es positivo.

reflexionandoY de ese primera expresión económica “saldo positivo” surge la primera de las reflexiones. Me está cambiando la manera de hablar, o al menos soy más consciente de todas esas expresiones que tienen que ver más con el tema empresarial. Aunque quizá lo más relevante sea que ese cambio tiene que ver con un cambio mental. Y ese sí que es un buen indicador. Empiezo a considerar mi situación laboral a la luz del análisis sectorial de Porter, soy capaz de analizar con más rigor mi situación económica y financiera, consigo razonar mejor sobre ciertas declaraciones políticas y económicas, y, por fin, consigo entender en condiciones el Expansión 🙂

La segunda reflexión tiene que ver con la gente que he conocido. Somos mezcla de distintas disciplinas profesionales, desde ingenieros agrónomos hasta licenciados en administración y dirección de empresas o enfermeros. Distintos perfiles laborales, desde jefes de productos a comerciales, desde directores generales hasta religiosos responsables de toda una red educativa. Todos aportamos nuestras experiencias, nuestra visión particular de las cosas, y de esos distintos modelos surgen nuevas ideas, nuevas perspectivas (Hegel tenía razón, amigos). Es ciertamente enriquecedor.

La tercera reflexión ha ido elaborándose desde aquel post en el que detallaba como quería que fuera mi semana, dado que el máster es un ávido consumidor de tiempo. Y es que he empezado a apreciar con más profundidad lo valioso que es el tiempo que vivimos. No descubro nada nuevo, lo sé, quien más quien menos conoce el tempus fugit, el carpe diem, el tratado sobre la brevedad de la vida de Séneca y tantas otras cosas. Pero como decían en aquel cuento, “una cosa es saber que vamos a morir y otra cosa es sentirlo”. Se puede calcular una segunda derivada. La del valor y generosidad de quien decide pasar una hora contigo, cuando podría estar haciendo un millón de otras cosas. Sabéis quiénes sois. Gracias.

mens sana, what is the matrix , , , , , , , , ,

Tiempo al tiempo

sábado, 6 de marzo de 2010

Ya entonces me advirtieron. Cuando empecé el proyecto Norman era consciente de que me llevaría tiempo, y que iba a ser una actividad muy demandante de “tiempo personal”. En palabras de la directora del máster, estudiar el máster exigiría y restaría tiempo de mi familia, de mis amigos, de mi ocio… Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Esta demanda está además cuantificada. Son diez horas de clase a la semana, a las que hay que sumar más o menos otras diez horas en concepto de prácticas, reuniones con los compañeros, estudio, repaso, etc. Como el tiempo es limitado, esas horas hay que sacarlas de algún sitio, a costa de otras facetas de mi vida. Las clases tienen su horario, viernes por la tarde y sábado por la mañana, y el carácter presencial del MBA junto con el peso que la asistencia tiene en la nota final de cada asignatura, hace que dejar de asistir no sea una opción. Las horas son las que son, y están donde están en el programa semanal.

Para mí que estos duermen poco... ¿De dónde saco el resto de las diez horas? Dejar de dormir y tomar algún tipo de estimulante artificial, de café para arriba, tampoco es una opción. Me he dado cuenta de que necesito un número determinado de horas de sueño si quiero encontrarme despierto y alerta a lo largo del día. Si duermo menos horas, me hago miembro de la marcha zombie. Si duermo más, también. Ya el año pasado me planteé como objetivo dormir mis horas, ser disciplinado con la hora en la que abandonaba la Autopista de Los Despiertos, para incorporarme a la comarcal con destino a la Campiña de Morfeo. No siempre lo consigo, pero en términos generales lo logro. Y el efecto ha sido y es sorprendente.

¿Empleo tiempo de mi trabajo? Eso sólo provocaría disminuir mi rendimiento en mis responsabilidades. Ojo: en ambas, tanto en mi actividad profesional como en mi actividad estudiantil. Una cosa para cada tiempo, y un tiempo para cada cosa. Había que buscar otra alternativa. Una o varias.

Al final comer, lo que se dice comer, como en unos pocos minutos, un sandwich de contenido variable a lo largo de la semana, que me hago la noche anterior. Ya sé que dedicarle tan poco tiempo no es lo más sano, que hay que invertir al menos media hora. Pero no dispongo de ese tiempo. Y por otro lado, lo de “más sano” es relativo. Ahora como menos (y aguanto bien el resto del día) y soy más productivo por la tarde. Mi michelín lo agradece y mi jefe, espero, también. Por decirlo de alguna forma, después de las cuatro de la tarde, tengo la sangre donde debe tenerse en ese momento: en el cerebro, y no en el estómago. Por no hablar de lo sana y regordeta que se está quedando mi cartera. Sustancial. El resto del tiempo, alrededor de una hora, lo puedo emplear en leer artículos, casos o resolver algún ejercicio particular. O bien tiro de netbook y voy trabajando en alguna práctica. O la dedico a llamar a la gente, también una manera de mantener el contacto aunque no sea face à face.

Otro aspecto importante es ser muy disciplinado con los tiempos dedicados a cada actividad, siempre dentro de alguna flexibilidad, cómo no. Pero la norma es la norma. Las reglas son sagradas. Cada cosa en su tiempo y un tiempo para cada cosa. Darle más tiempo a alguna actividad se hace siempre porque se resta de alguna otra. Y eso siempre implica un impacto negativo en la restada.

Chuck Norris, preparándose para entrar en el Hipercor... Al pensar en sacar esas diez horas, hice el cálculo más inmediato. Dividir diez horas entre cinco días laborables me dice que tengo que encontrar dos horas al día para estudiar. Fácil, ¿no? No. Cenar es una buena costumbre de la que no quiero deshacerme, aunque en general busque platos fáciles de hacer y sobre todo rápidos y que no ensucien mucho. Fregar menos es también ganar tiempo para otras cosas. Para preparar desayuno, comida y cena es obligatorio hacer algún tipo de compra, o sea, tiempo. Los domingos cierran muchas tiendas, centros comerciales y supermercados, y pedir la compra para que la lleven a casa no es una opción: si compro el sábado por la tarde no me lo llevan a casa hasta el lunes, cuando casi seguro que no estoy (el turno de tarde es de cuatro a diez; sí, seis horas de margen). Y hacer una compra enorme significa llevar un número de bolsas que ni Chuck Norris cuando era joven. La solución más viable es hacer una pequeña compra una vez a la semana, a partir de una lista elaborada poco a poco a lo largo de la semana anterior, previendo alimentos que se agotarán a lo largo de la siguiente. No perder tiempo en el supermercado es fundamental, y obliga a realizar la compra, podríamos decir, al estilo guerrilla. Emboscando los yogures para caer sobre ellos justo en el momento en el que ya tienes visualizado tu próximo objetivo: el jamón de york. Aprovechar los desplazamientos en el campo de batalla también es importante: entras, sigues la ruta prevista, das los golpes a la insurgencia alimenticia de forma rápida y eficiente, y abandonas el terreno.

Y hay que limpiar la casa. Probé durante un tiempo a no hacer nada para ver si ella se limpiaba sola, con la esperanza de que hubiera algún oculto mecanismo pirolítico a nivel batcueva. Los resultados del estudio son concluyentes: no existe tal cosa. Así que ese tiempo también está en el programa. Sólo quedaba una posible salida. Reducir el número de horas de estudio dedicadas en la semana laboral… y…

Hacer del sábado un día laborable más.

Y funciona. Después de las clases en el Instituto y hacer una comida frugal y rápida, reservo todas las tardes del sábado para estudiar, preparar trabajos, hacer ejercicios o lo que sea necesario. Dedicar esas horas me permite hacer un repaso de las ideas estudiadas entre el viernes y el sábado, me libera tiempo a lo largo de la semana siguiente y lo más importante, restringe esa actividad a un marco de tiempo muy concreto. Y ello por un motivo. Si he cedido conmigo en darme un día laborable más, tengo que negociar conmigo también algún tipo de compensación. Y la compensación se resume en un concepto: el domingo es sagrado. El domingo es el día de la familia, de los amigos, de la fotografía, de la lectura, del cine, de dormir más si quiero, del descanso, del café tranquilo junto a un ventanal por el que entre el sol sin pedir permiso, de leer el periódico.

La tentación después de seis días de actividad acelerada, lo sé porque lo he experimentado, es terminar ese trabajo al que sólo le quedan dos hojas, o repasar ese ejercicio si total “sólosondosminutos”. ¿Pero es que he olvidado lo que ya he dicho? El domingo es sagrado. ¿Y si tengo algo que hacer porque debo entregar algo el lunes sin falta, o no conseguiré lo que quiero? Amigo, haberlo hecho antes. Esa es la esencia del trabajo a lo largo de la semana: lo hago con la fuerza con que lo hago porque sé que el domingo es mí día sagrado, mi día para descansar. Es más, visto lo visto, ese día tengo que obligarme a descansar.

He observado un efecto curioso, y con esto termino. Lejos de estar más cansado, después de seis días de trabajo intenso en muchísimos frentes, lo que experimento es una increíble sensación de logro. Del trabajo bien hecho, del crecimiento que impone la disciplina autoimpuesta en el tiempo. De lo constructivo que resulta, en la mayor parte de las veces, decirse que no. ¿No es cierto que resulta curioso que con frecuencia la definición de una persona surja más por las veces que se dice “no”, que por las veces que se dice “sí”?

De cómo me organizo mejor creo que será mejor hablar en otro post. Los que me conocen ya saben por donde voy: el cocktail se llama, Covey, GTD y Pomodoro. Pero dejemos tiempo al tiempo.

en busca de mis valores , ,