Archivo

Entradas Etiquetadas ‘comida’

Chicken Connection

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Todavía queda una experiencia gastronómica típicamente keniana, y de Nairobi para más señas. No es la típica del restaurante turístico, bien decorado y con una oferta amplia de platos de influencia subsahariana. Restaurantes como Carnivore, Tamarind o Rusty Nail puedes encontrarlos en cualquier lugar del mundo, salvando las distancias (y nunca mejor dicho). Pero al lugar al que fuimos hace unos días… Bien… Iba a llamarle restaurante, pero mejor lo dejo en “el sitio del pollo frito”.

El sitio queda cerca de la estación de autobuses de Kencom, bajando por la avenida Moi, pero puedes encontrar muchos como ese en todo el Central Business District (CBD), que es el lugar en el que nos encontrábamos. La apariencia es la de un Patatín Patatán, pero un poco más cutre. En la entrada, un tipo gobernaba sobre una freidora y mandaba sobre un regimiento de pollos. Podías pedirle un pollo, tres cuartos, medio o cuarto de pollo. El trozo seleccionado era condenado entonces a pagar sus crímenes en la freidora, y luego a ser troceado con unas tijeras de podar sobre un plástico y un papel de envolver. Una vez empaquetado, podías ir a la banqueta de tu elección. En otro sitio tenías que pedir y pagar las patatas y la soda (cocacola, fanta…). Medio pollo son 210 shillings, la fanta 35, las patatas 50 y el suplemento de kétchup, 5 shillings. Total, 300 shillings, unos 3 euros.

Comer en Nairobi por 3 euracos.

— ¿Dónde están las servilletas?
— No hay.
— ¿Y los cubiertos?
— Las pinzas que te regaló tu madre al nacer.
— ¿Cómo hago para lavarme?
— Usa el lavabo que hay al lado de la barra de las patatas.
— No funciona el grifo.
— Debajo hay un cubo con agua, y un cazo.
— ¿Cómo está el pollo?
Tre-men-doooo.

Los dominios de la República Independiente de Chickenland

Por cierto, el bote de kétchup no es de kétchup, es una especie de líquido rojo fluorescente a la vez que picante, que te dan sin rechistar cuando les preguntas “may I have the ketschup, please?”

nyumbani , , , ,

Va de comida

martes, 1 de septiembre de 2009

Sí ayer comentaba los desayunos que tenemos por aquí, hoy toca contar la primera de dos experiencias culinarias de primer orden.

Ocurrió el sábado pasado, en un viaje en furgoneta que realizamos. Tuvimos la desgracia de caer en la pegajosa tela de un atasco monumental, en la que estuvimos atrapados cerca de una hora, hasta las tres más o menos. Con la furgoneta parada no corría ni una brizna de aire y con un sol de justicia sobre nuestras cabezas lo menos que podríamos esperar era convertirnos en estofado de mzungu. Por fin, el hambre hizo acto de presencia tras perseguirnos cada vez más insistentemente durante unas dos horas, desde la una de la tarde, que es la hora a la que comemos habitualmente por aquí. La situación era desesperada, necesitábamos encontrar algo de comida.

Hay que ser precavidos a la hora de comprar alimentos directamente en la calle. No debemos olvidar la regla de “cocinado, pelado, o no tomado”. O bien lo que compras está cocinado o bien puedes pelarlo, pero si no es así es mejor que no lo comas. En nuestro caso fue una elección fácil. Los atascos son el lugar indicado para vender gorras, mecheros, planisferios (¡lo juro!), cojines (¡idem!), triángulos para señalizar accidentes, y cómo no, fruta. La solución a todos nuestros problemas vino de mano de una vendedora ambulante, con nueve bananas en la mano. Lillian, que es la trabajadora social del village y venía con nosotros, nos dijo que mejor las compraba ella porque le darían precio local y no precio mzungu. Vimos como se acercaba la vendedora, intercambiaba unas palabras con Lillian, vimos las nueve bananas, y luego vimos… ¡que la vendedora se iba!

— Es que eran muy caros, 10 shillings cada una… [10 céntimos de euro]
— ¡Pero si hubiéramos pagado 100 shillings por cada banana!

Por suerte, encontramos otra vendedora al cabo de algunos minutos que parecieron horas. ¡En mi vida una banana me ha sabido taaaaan rica! Había que inmortalizar el momento, así que aquí va la prueba:

Hmmmmm!! Banana, peel, peel banana!

¡Tatuonana!

nyumbani , , ,

Lo que comemos

sábado, 1 de agosto de 2009

Como os podéis imaginar, los recursos aquí son limitados si lo comparamos con las opciones que hay en Madrid. Aunque tengo un supermercado cerca (todo un lujo, gracias a la zona en la que está instalado el orfanato), intento adecuarme a la dieta que nos ofrecen aquí, que resulta ser muy sencilla. Tanto la comida como la cena se basan en los mismos platos.

Judías pintas, maíz y un poco de sukuma wiki. ¡Este estaba bueno! Un componente fundamental de la dieta keniana es el ugali, una masa de maíz y agua que aporta hidratos de carbono, y que viene a ser lo que el pan es a nuestras comidas. Muchos kenianos lo utilizan como cuchara. Primero forman una especie de bolo pequeño, luego presionan el centro para hacer un hueco, y luego recogen la comida con la mano ayudándose de esta “cuchara de ugali”. Nosotros tenemos cucharas de plástico, así que mezclamos el ugali con lo que toque. Los occidentales normalmente lo encontramos muy insípido, así que tenemos un bote de sal para darle un poco de sabor. Los kenianos sin embargo se asombran de que no lo encontremos sabroso. El caso es que la comida keniana, en general, no suele ser muy salada.

El alimento que no falta nunca es el arroz, arroz blanco como el que comemos nosotros y del que no hay mucho más que decir, excepto quizá que es lo que más come la gente a la que no le gusta el ugali (por ejemplo, a la mayoría de los españoles de Nyumbani 😉 ).

Belén y Letty limpiando las judias Para completar los platos, lo habitual es encontrarse legumbres (por ejemplo, judías pintas similares a las nuestras, aunque con una cresta blanca, o lentejas, más pequeñas y gorditas que las españolas) y el vegetal que resulta ser otro elemento fundamental de la dieta keniana y que se llama kale, con el que hacen un guiso llamado sukuma wiki (que según el cocinero del lugar significa “push for a week”, o aguantar durante una semana). Las excepciones a esta dieta son algunas piezas de pollo muy de vez en cuando, y algún guiso de patatas con algo de carne, que creo que es de cordero. La fruta es inexistente (debemos comprarla de vez en cuando). El alimento que sí ha causado sensación en la comunidad española de Nyumbani ha sido el chapati, una torta de maíz usada de manera similar a las tortitas mexicanas y qué está bien rica mezclada con el guiso de carne que os decía.

No he dicho nada de los desayunos, pero no tienen nada de especial (té masala, pan y mantequilla), excepto por una especie de buñuelos grandes que hacen aquí y que se llaman mandazi. Están riquísimos si los abres por la mitad y les pones mantequilla y azúcar.

¡Ah, bueno, y se me olvidaba! El otro día descubrimos que aquí tienen una máquina para hacer azúcar a partir de caña de azúcar. Preguntamos en la cocina si sería posible probarla, y con un machete pelaron una caña y la cortaron en tres trozos. ¡Estaba deliciosa! De hecho, para mucha gente aquí son como los dulces para nosotros, y puedes verlos comiéndolos por la calle. Lo único malo es que una vez que han terminado, lo escupen, así que es normal ver en algunas zonas el resultado de su degustación…

¡Que aproveche! ¡Tatuonana!

nyumbani , , , , ,