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Ripple effect

Jueves, 22 de Marzo de 2012

the-ripple-effect A veces me sorprende el efecto explosivo que en tu vida puede tener un sí o un no. En este caso, el efecto explosivo ha sido provocado por el sí al proyecto Ayacucho. Como acerca una llama, una chispa, a una mecha imaginaria, o como empujar la primera ficha de dominó puesta en pie, todo avanza, una pieza empujando a la siguiente, y un estallido siguiendo a otro.

He podido comprobarlo también en los demás. Desde que lo anuncié aquí y allá, todo han sido afectuosas muestras de ayuda: mi jefe accedió amablemente a que adelantara mi salida y retrasara mi llegada, un amigo se ofreció a quemar un CD con software específico para el proyecto que vayamos a acometer (que por cierto, todavía hay que concretar), ¡incluso tengo una oferta para ampliarme gratuitamente la memoria del portátil! Y son sólo unas pocas muestras. Otros muchos, no importa de qué forma lo han hecho, han ayudado. Desde aquí, y a todos, gracias.

Y bueno, [ante]ayer cayó otra ficha del dominó. ¡Por fin tenemos vuelo! Estoy seguro de que haberlo encontrado sin escalas, y a un precio razonable, aparte de lo fundamental que ha sido el cambiar las fechas del viaje, no ha sido cuestión de suerte sino de la habilidad de mis compis Clara y Nacho a la hora de buscar vuelos. Si Láquesis no decide cambiar de idea, saldremos de Madrid el 12 de julio, a las 23:55 y llegaremos a Lima a las 5:00 del día 13, tras doce horas y media de vuelo. Ya estamos algo más cerca.

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Proyecto Ayacucho

Miércoles, 14 de Marzo de 2012

Recuerdo como si fuera ayer el día en que empezó toda esa aventura maravillosa que fue mi viaje interior a Kenia. Fue un momento muy común. No sucedió nada especial. No se detuvo el mundo (excepto ahora, en mi recuerdo), no sonó música épica, las dos personas que nos cruzamos no mantuvimos la vista eternamente fija en el otro… Yo estaba en el trabajo y me había levantado para ir al servicio.

En el camino me crucé con Juan Carlos y me paró: “Oye, tú estabas pensando en hacer algo… Carlos B. está buscando un informático para un proyecto”. Días más tarde, me crucé con Carlos B. para charlar sobre el tema y descubrí que el proyecto no era en España. Casi sin darme cuenta me encontré jugando con mis compañeros a escapar de una cárcel invisible. Y así, a partir de la pequeña semilla de un instante, de un peculiar cruce de situaciones proyectadas hacia el futuro, surgió una experiencia íntima y vital allí en Nyumbani, que me transformó, en muchos sentidos. Si hubieras podido ver sus tarjetas de embarque, habrías visto que el nombre del que voló hacia Nairobi era el mismo del que voló hacia Madrid, pero no eran la misma persona. Para entonces, mis compañeros en la fuga se transformaron también en mis hermanos keniatas.

Cuando a principios de enero me senté acompañado de un café para decidir qué haría de mí este año, acabé con la típica lista de proyectos (más bien hábitos), confiado en que, como aquella vez hace dos años y medio, la persona que se tomara las uvas en los estertores del 2012 sólo compartiera el nombre con el que empezaba el 2013, y seguro de haber trazado claramente las líneas por las que me movería. Qué equivocado estaba.

Porque ha vuelto a suceder. Porque caminé con Nacho desde el metro hacia el trabajo aquel día de febrero, y se me ocurrió preguntarle si ya había equipo keniata para este año. Porque me comentó que había equipo keniata, pero que el equipo peruano había sufrido dos bajas. Que estaban buscando un perfil particular. Que no era cubrir una de las bajas, que me estaban tirando los tejos en toda regla, que leyera, que me informara, que hablara. Y leí, me informé y hablé. Y me entraron todas las dudas. Y encontré en mis amigos la seguridad que no encontraba en mí, y todos me decían que adelante. Y otra vez, delante de un café, elaboré dos listas. Y tomé una decisión. Exactamente el 12 de marzo del 2012, a las 19:38.

Wil se va a Perú.

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