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Nyumbani Village

sábado, 29 de agosto de 2009

Nyumbani es la realización de una idea concebida por el padre Angelo D’Agostino, sacerdote jesuita, y estadounidense para más señas. La idea era sencilla: los niños debían recibir los cuidados necesarios durante el tiempo que siguieran con vida, o por decirlo de alguna manera, asegurarse de que tuvieran una vida digna hasta el momento de su muerte. Nyumbani (que en swahili significa hogar) nació en la forma de un orfanato.

El éxito del orfanato es un hecho. Ahora los casi ciento diez niños, entre pocos meses y 21 años, no sólo tienen una vida digna, sino que además gracias a los antirretrovirales y otra medicación, conviven con una enfermedad que ahora les es crónica y no mortal. De hecho, el principal problema que se plantean ahora es cómo preparar a los chavales del high school (que siempre han vivido aquí) para que puedan llevar una vida normal fuera del orfanato. Necesitan aprender a manejar dinero o a buscar un trabajo. Evidentemente muchos no quieren abandonarlo, y de hecho, algunos incluso suspenden a posta para seguir aquí. Pero se podía hacer más.

Lea Toto (en swahili, Criar un niño) es el segundo proyecto, del que ya he hablado con anterioridad, y que extiende esa idea a más niños siguiendo un modelo HBC (Home-Based Care).

El tercero de las criaturas es el Nyumbani Village, y es también una extensión de la idea original. Ahora toma la forma de un macro-orfanato autosostenible, es decir, que es capaz (o al menos se pretende que sea capaz) de abastecerse en lo básico, sin depender apenas nada del mundo exterior. El village cuenta con una población de unos 500 niños al cuidado de abuelas o shushus (no es una palabra swahili, sino kikamba, la lengua de la tribu kamba), y viven en casas organizadas en grupos de cuatro, o clusters.

Una de las casas en Nyumbani Village

¿Cómo de autosostenible es el village? Para que os hagáis una idea, ellos elaboran sus propios ladrillos para luego construir las casas que necesitan. Los ladrillos se fabrican de forma que no necesitan cemento para adherirlos, porque su forma hace que queden unidos casi como las piezas de un puzzle. Están empezando a plantar árboles de forma sistemática para poder disponer de madera para los fuegos y para la escuela de carpintería que tienen allí.

El politécnico (carpintería, soldadura...)

Dicha escuela fabrica todos los muebles que necesita el village, tanto de las casas como de las oficinas o la escuela de primaria, a la que acuden niños del propio pueblo y de pueblos de alrededor. También están construyendo otra para los niños de secundaria. Los uniformes del colegio (aquí en Kenia es obligatorio) también los elaboran ellos, en la escuela de confección.

Los peques de primaria, posando en una de las clases.

Tienen vacas, cabras, gallinas y hasta una incubadora para sus huevos. Aquí no se desaprovecha nada, así que las heces se utilizan para abonar los cultivos que rodean al village. Tanto animales como humanos por supuesto, dado que las nuestras son más ricas en nitrógeno que las de aquellos.

A la derecha, dos cabritillos del village. Abajo, la incubadora, y arriba, otro cabritillo y yo.

¿Te preguntas que hacen con la orina? Es una excelente forma de combatir a las termitas 🙂

Un "hormiguero" de termitas

El agua queda un poco lejos, pero han instalado un sistema de bombeo para transportarla agua desde allí al poblado. Para que las bombas funcionen, éstas disponen de placas solares. La idea es que no entre nada en el poblado que pueda depender del exterior de alguna forma, así que, por ejemplo, disponer de un horno eléctrico está mal visto y en su lugar se están intentando introducir hornos solares. Los habitantes, más fieles a sus costumbres que a las innovaciones tecnológicas que les ofrecen, todavía no lo tienen claro y siguen cocinando a fuego.

Cocinando en el village

Parte del dinero que entra en el village proviene de la venta de cestas elaboradas por las propias shushus y en menor medida de los muebles y las prendas elaboradas en el Politécnico, que es como llaman al conjunto de las escuelas de formación profesional, aunque la idea es potenciar dichas ventas también. Quedan muchísimas cosas por hacer, y muchas de las cosas están a medias. Pero se hace mucho, y se fomenta el que la gente aporte ideas para mejorar de forma sostenible la vida allí. Quién sabe si el año que viene no me decantaré por el village… 😉

María intentando encontrar una cesta típica en la "tienda del village" ;)

Actualización 23/junio/2010: Amplío un tanto la información sobre el Village, con los datos que me ha ofrecido la presidenta de Amigos de Nyumbani en España:

Sister Mary estuvo desde que se fundo Nyumbani con Father Angelo. Formaban un curioso támdem en el que Father D’Ag era el visionario y tenía los contactos para que Nyumbani fuese una realidad, y Sister Mary aportaba el lado pragmático y se encargaba de que las ideas de Father D’Ag se llevasen a la práctica. A mi entender Sister Mary decidió trabajar a la sombra de Father D’Ag pero llevó a cabo una gran tarea. A la muerte de Father D’Ag el 21 de noviembre de 2006, Sister Mary se hizo cargo de los tres proyectos como directora de la organización y desde entonces ella ha conseguido el desarrollo de Nyumbani Village hasta ahora. Su implicación en el Village empezó desde la fundación de la aldea y participó en todos los  pasos, pero no como directora hasta que murió Father D’Ag. A él se le atribuye el mérito pues la idea fue suya y se encargó de recaudar fondos (el sello de los niños y el SIDA en África, medio millón de euros, una donación de la región de Lavia en Italia que le dio un millón de euros y el gobierno keniata que le cediós el terreno) mientras que Sister Mary entiendo que se encargó de la gestión de estos fondos y ha ido recaudando más a lo largo de estos años.

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