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Shepherd moons

domingo, 21 de noviembre de 2010

Una de mis pasiones, englobada en la gran pasión que para mí supone aprender, es la astronomía. Desgraciadamente no le puedo dedicar todo el tiempo que me gustaría, y muchas veces veo que temas de astrofísica o cosmogénesis se me quedan muy grandes. La física de primero de carrera da para lo que da. Para mí la astronomía, además de recordarnos desapasionadamente y en todo momento cuál es nuestra posición y velocidad (la posición real en el Universo y la velocidad que lleva nuestra Vida), tiene la capacidad de asombrarnos con algunos “comportamientos” curiosos y divertidos. Es el tema que hoy traigo al blog: los culpables de la existencia del anillo F de Saturno.

Voyager1-saturn-f-ring Cuando las naves Voyager llegaron en a Saturno, primero el Voyager en 1980 y ya en 1981 el Voyager II, tuvieron la posibilidad de tomar fotos a muy poca distancia de su anillo F. Una vez transmitidas las fotos del Voyager I, los astrónomos aquí en la Tierra comprobaron que dicho anillo presentaba ondulaciones, rizos y trenzados a los que no supieron dar una respuesta inmediata. Esperaban que la llegada de la Voyager II echara algo de luz sobre ello. Pero fue al contrario: las fotos de la Voyager II ya no mostraban esas irregularidades, y sí algunos cambios estructurales en el anillo.

Puedo imaginarme a los astrónomos, delante de las fotos, sin más información que ellas, intentando comprender qué pudo originar lo que en ellas veían. La explicación vino un poco después. Los culpables eran dos pequeños satélites que orbitaban al gran gaseoso, uno por dentro (Prometeo) y otro por fuera (Pandora). Ambas lunas fueron descubiertas por la primera de las sondas.

En efecto, en su órbita alrededor del planeta, cada luna acelera o desacelera las partículas que se encuentran dentro en su campo gravitatorio. Cuando una partícula se desacelera disminuye su órbita (se acerca al planeta), mientras que si la partícula se ve acelerada aumenta su órbita (y se aleja). El efecto combinado de ambas lunas ocasiona que la mayor parte de las partículas del anillo se aceleren por el paso de la luna interior, y se desaceleren por el paso de la luna exterior, con lo que el efecto neto es que ambas lunas confinan a dichas partículas en el estrecho margen que les dejan (entre 30 y 500 kilómetros), formando así el anillo. El nombre que los astrónomos le dan a las lunas que ocasionan este fenómeno no puede ser más apropiado: las denominan lunas pastoras (o en inglés, shepherd moons).

¿Os apetece verlo en movimiento?

¿Interesados en saber algo más sobre “el Señor y sus Anillos”? Phil Plait (el editor de Bad Astronomy, un ameno blog sobre astronomía que desde aquí os recomiendo) nos da algún dato curioso. Disfrutad.

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The Sky in Motion

miércoles, 21 de enero de 2009

El principal argumento que la Iglesia del siglo XVII esgrimía contra las ideas de Galileo era que se contradecían con lo revelado por la Biblia. En concreto, el texto sobre el que se apoyaban era el capítulo 10 del libro de Josué:

[12] Aquella vez, cuando el Señor puso a los amorreos en manos de los israelitas, Josué se dirigió al Señor y exclamó, en presencia de Israel: "Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Aialón". [13] Y el sol se detuvo, y la luna permaneció inmóvil, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está eso escrito en el libro del Justo? El sol se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia el poniente casi un día entero.

No les recrimino su cortedad de miras. A la luz del siguiente vídeo (para el que os recomiendo reservar unos nueves minutos, el doble de lo que dura), es muy fácil pensar que somos nosotros los que estamos quietos y que todo lo demás se mueve. Os dejo con el vídeo y luego os planteo una cosita…


túrána hott kurdís by hasta la otra méxico! from Till Credner on Vimeo.

The Sky in Motion

Alucinante, ¿verdad? Ahora, si todavía tenéis tiempo y algo de paciencia, probad a verlo de nuevo, pero haciendo el esfuerzo de pensar que es el cielo el que está quieto, y que lo que se mueve es la tierra (y por tanto, nosotros). Notaréis que es más fácil en las secuencias en las que aparecen estrellas.

Y ahora me pregunto yo… ¿Cuántas veces nos pasa que tenemos una opinión construida sobre soles móviles que se paran en medio del cielo, y descartamos hacer el esfuerzo de ver que los soles están parados y somos nosotros los que nos movemos? El esfuerzo es considerable. Ya lo habéis comprobado…

Vía Astronomy Picture of the Day

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