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Hace un año ya

jueves, 15 de julio de 2010

Tal día como hoy, de hace un año, trescientos sesenta y cinco días atrás, iniciaba una aventura de la que todavía no era muy consciente. En aquellos días, inmerso en el desconcierto que surge de ir conociendo poco a poco, pero rápidamente, lo que se ignora, el presente me parecía tan difuso como el futuro. Todo era nuevo y distinto. Inexplicablemente, mi aversión al riesgo había disminuido, pero mi instinto, ese gran olvidado durante mucho tiempo pero en esos días recuperado, me indicaba claramente hacia dónde debía dirigirme. Debía coger ese avión, y debía viajar a Kenia, y debía vivir la experiencia que allí se me ofrecía. Debía conocer a sus gentes, y su cultura, y su forma de vivir. Lamentablemente, también su forma de morir.

chico de massai masa Hoy, tras el fijo devenir del tiempo, que cumple a rajatabla su avance de un día cada día, miro atrás, y aquel pasado me envía el regalo de los recuerdos, envueltos en papel de nostalgia. Hoy, que puedo comparar aquello con esto, soy más consciente que nunca de la profunda a la vez que inesperada huella que aquella experiencia me dejó. No es esa la experiencia del iluminado que condena el consumismo de una sociedad que ignora a otras que apenas tienen que consumir, porque es un argumento que no es cierto, o al menos lleno de matices contradictorios. Ni es la satisfacción de haber ayudado a tus semejantes, una satisfacción que por otra parte podemos disfrutar en cualquier momento que queramos, siempre y cuando tengamos a un semejante cerca. No es ninguna de esas. Es una experiencia que se resume en un único calificativo: personal.

Personal porque me ayudaron a comprenderme, personal porque descubrí rincones de mí que desconocía, porque me ayudaron a dar algo más de luz y pluma al mapa del tipo que soy, y cuya extensión real aún desconozco. Personal porque me llevé de allí mucho más de lo que dejé. Personal porque tuve la extraña sensación de que aquella parte del mundo, en aquellas montañas, en aquellos valles, con aquellas personas, estaba paradójicamente más cerca de mi hogar.

No sé si existe esa famosa llamada de África, y si existe, no sé si resonará por igual en cada uno. Lo que sí sé es que en mi caso es un susurro amable, una voz que parece de ensoñación, un recordatorio subliminal de que si una vez salimos de allí, es lógico en cierta manera que debamos regresar más tarde o más temprano. Este año no ha podido ser. Pero hay algo cierto: volveré.

nyumbani , , , ,

Fin de semana

viernes, 19 de febrero de 2010
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Este pasado fin de semana, el último que he tenido enteramente para mí, ha sido de lo más movido. He parado en boxes lo justo para el cambio de vestimenta, picar algo y pensar poco. Pero ha merecido la pena. Comí con mi madre y, como es costumbre, arreglé alguna cosilla aquí y allá. Como premio, me subió en la máquina del tiempo y retrocedí veinticuatro años para verme de nuevo en súper-8. Me di cuenta de todo lo que ha sucedido desde entonces, todo el camino recorrido desde aquellos momentos hasta ahora, y todos los otros caminos que dejé sin recorrer. No tenía razón el que dijo que cada persona debería tener dos vidas. Debería tener muchas más que dos.

La tarde vino de la mano de mi hermana y mi cuñado, que me invitaron a su casa para merendar. De la mano también venía una sorpresa: resulta que Koby se había pasado por allí. Entre charla, fotos, café lisboeta y jamón del rico se pasó, hasta que desembarcamos en la noche, y aprovechamos para hacerle una visita a Juan Luis Fnac y tapear un poco por allá. Unos más que otros, todos estábamos más bien cansados.

Además, era necesario dormirse pronto, porque tenía apalabrado un desayuno a las 9:30 del domingo, y hubiera sido una falta de educación haber llegado tarde a la casa de Miriam y Arol. Aquí, también, los tres tomamos la máquina del tiempo, pero en dirección al futuro, porque estuvimos desayunando, exactamente, ¡cuatro horas! y se nos pasó en nada. Como suele ocurrir, arreglamos el mundo y de paso, que eso de desfacer los entuertos mundanos es asaz cansado, tomé un riquísimo té y un croissant mixto que estaba tremendo. Pero lo que sí me dejó noqueado durante unos momentos fue un regalo. Y un regalo muy especial. Sabedores de mi gusto por la gastronomía, de mi afición a la fotografía y de mi pasado viaje, me regalaron un libro con muchos significados. Este:

lacocinadelarcoiris

Está lleno de buenas fotos y mejores recetas, y lo mejor de todo es que muchas de ellas tienen ingredientes bien fáciles de encontrar. Eso sí: pasar sus páginas es recorrer de nuevo la camino de la memoria, volver por un momento a pisar esa peculiar tierra roja, a profundizar en esa conexión africana que va madurando. Desde aquí, de nuevo muchas gracias.

Fue una pena que ese fin de semana terminara, pero no lo pudo hacer con mejor broche que quedar con Alfonso y Cristina, y los dos peques, para ponernos al día y encontrar la tranquilidad en la risa de un niño (y no en el sitio en el que estábamos, a tope de otros pequeños individuos gritones y cascabeleros). Quizá no exista mejor manera de conectar de nuevo con nuestro pequeño yo que mirando el inocente jugueteo de los niños.

Me encantan los fines de semana sociales 1.0 🙂

familia, un amigo es un tesoro , , , , , , , ,

África

lunes, 21 de septiembre de 2009

«CaraDeAfricaThroughout recorded history, Africa has been woefully misunderstood and misused by the rest of the world. Humanity simply does not recognize its debts and obligations to Africa. In western imagery, Africa is the “dark continent.” A synonym perhaps, but also the potent symbol of a persistent inclination to set Africa and its inhabitants apart from the rest of humanity. The double meaning of the phrase is clear. The “dark continent” does not refer only to the depths of Africa’s equatorial forest, to the density of its tropical shadows, to the blackness of African skin, or even to a widespread lack of knowledge concerning the continent. Above all, the phrase tacitly labels Africa as the place where a very particular form of darkness is found —the darkness of humanity. In this context, Africa is where the people do terrible things, not because the aptitude for such behaviour is a characteristic of all humanity, but because Africa is believed to be inherently more barbaric and less civilized than the rest of the world.

«That people have behaved barbarically in Africa is undeniable but, as events in other parts of the world have demonstrated time and again, this is not an exclusively African tendency. Indeed, civilization —as an expression of cultured behaviour— is a very transitory feature in human story. Civilization is not a predetermined consequence of human progress, as the Victorians believed, with white Anglo-Saxons leading the way, the rest of the world following in their wake, and the Africans straggling several centuries behind. On the contrary, civilization is more like a protective skin of enlightened self-interest that all societies develop as they learn to regulate their interactions with the environment, and with other people, to the long-term benefit of all parties

Africa. A Biography of the Continent.
John Reader

Que traducido de forma libre e informal por este su servidor, sería algo así (todas las negritas son mías):

A lo largo del registro histórico, África ha sido malinterpretada y ha sufrido el abuso del resto del mundo. Sencillamente, la humanidad no reconoce las deudas y obligaciones que tiene para con África. En el imaginario occidental, África es el “continente negro”. Quizá sea un sinónimo, pero también el poderoso símbolo de la persistente tendencia a considerar a África y a sus habitantes aparte del resto de la humanidad. El doble sentido de la frase es claro. El “continente negro” no se refiere únicamente a la oscuridad de los bosques ecuatoriales africanos, a la densidad de sus sombras tropicales, a la negrura de la piel africana, ni incluso a la extendida falta de conocimiento relativo al continente. Sobre todo, la frase etiqueta tácitamente a África como el lugar donde puede encontrarse una forma muy particular de oscuridad –la oscuridad de la humanidad. En este contexto, África es el lugar donde la gente comete cosas terribles, no porque la aptitud para ese comportamiento sea característico de toda la humanidad, sino porque se cree que África es inherentemente más brutal y menos civilizada que el resto del mundo.

Que la gente se ha comportado de forma brutal en África no puede negarse pero, como otros eventos en otras partes del mundo han demostrado una y otra vez, no es una tendencia exclusivamente africana. De hecho, la civilización –como expresión de un comportamiento culturizado- es una característica fugaz en la historia humana. La civilización no es una consecuencia predeterminada del progreso humano, como se creía en la época victoriana, con los anglosajones blancos liderando el camino, el resto del mundo siguiendo su estela, y los africanos rezagados varios siglos por detrás. Al contrario, la civilización es más una piel protectora de interés progresista que todas las sociedades desarrollan a medida que aprenden a regular sus interacciones con el entorno y con otras personas, para el beneficio a largo plazo de todas las partes.

La imagen es sólo una cara de África.

nyumbani , ,

Africanizándome

jueves, 6 de agosto de 2009

AfricanizandomeEl rojo, el negro y el verde son los colores de los símbolos kenianos (y de otros países africanos), junto con el color blanco, que representa la paz y la unidad. Otro grupo de colores representativos de África son el verde, el amarillo y el rojo. Todos ellos, el verde, el negro, el amarillo y el rojo, se denominan por ello colores panafricanos.

La pulsera ancha que llevo la hizo una abuela maasai, y la finita con los cuatro colores la han hecho las mujeres de Lea Toto, el programa de atención médica a niños enfermos en los slums (barrios de chabolas) de Nairobi.

nyumbani , , , , , ,