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De vuelta

sábado, 12 de septiembre de 2009

Pues ya hemos llegado todos. Ahora toca hacerse a la vida que teníamos aquí. Eso no significa que vaya a dejar de postear sobre Nyumbani, todo lo contrario.

Todavía queda mucho que contar 🙂

En el aeropuerto de Barajas, hace algo más de 55 días. Jorge, Nacho, Menda, María, Marta e Idoia.

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Carrusel aéreo

viernes, 15 de mayo de 2009

Ignoro si mantendrán una costumbre tan culturalmente saludable como esta que os vengo a contar e ilustrar, pero hace tiempo los Hoteles NH obsequiaban a sus inquilinos, nuevos nómadas, con un librito en el que recogían pequeños relatos, en proporción a la que suele ser la duración de su estancia. Textos, cuentos, historias diminutas que cabían en los pocos minutos que anteceden al sueño (o por qué no, que acompañan a un despertar perezoso cuando uno se descubre en la mañana abrazado cálidamente por las sábanas…

hotelroom Esos pequeños libros se llamaban o se llaman “Noche de relatos”, y son una delicia para tener junto a la cama y darle esquinazo al insomnio, aunque estoy seguro de que son igualmente útiles en cualquier circunstancia en la que uno no disponga de mucho tiempo, o no desee embarcarse en viajes literarios más largos. A mi desde luego, cada vez me gustan más los pequeños relatos.

No me distraigo más. Os transcribo uno de esos pequeños cuentos con el que me he divertido mucho. Siempre que termino un cuento así, me invade una agradable sensación de diminuta felicidad, como su extensión, pero a la vez una tremenda envidia (sana, cómo no 😉 ) porque me gustaría saber escribir cuentos así de bien acabados. Os dejo con “Carrusel aéreo”, de José María Merino.

Carrusel aéreo

¿De modo que también han retrasado su vuelo? Pues entonces tenemos tiempo de sobra. Ya le dije que yo he sufrido muchas de estas huelgas. Había pasado varias cuando en una de ellas, esperando la oportunidad de la salida en el aeropuerto de Pamplona, conocí a Judith, una barcelonesa que trabaja en asuntos parecidos a los míos. Nos caímos bien y fuimos intimando, nos hicimos lo que se pudiera llamar novios, y el puente aéreo nos unía los fines de semana. Después de un tiempo, cuando parecía claro que estábamos hechos el uno para el otro, una de estas huelgas retrasó nuestra cita durante más de un día. Tuve que pasar demasiadas horas solo en el aeropuerto, pero allí estaba Milagros, una malagueña profesora de francés. Simpatizamos, y conocerla me hizo reflexionar sobre mi proyectado matrimonio con Judith. Después del verano, ya salía con Milagros. También nos veíamos sólo de vez en cuando, pero esos amores tienen siempre mucho incentivo para vivirlos. La cosa había cuajado entre nosotros, y yo preparaba mi viaje para conocer a su familia, cuando otra huelga me retuvo en Barajas. Entonces conocí a Alma, una jovencísima bióloga sueca. ¿Usted ha oído hablar del flechazo? Fue eso, exactamente. Me encontraba con Alma mucho menos de lo que lo había hecho con las otras, pero lo nuestro sí que era pasión, sobre todo en vacaciones. Precisamente unas vacaciones interrumpió un encuentro con Alma una de esas dichosas huelgas, y ella debió de conocer a alguien más interesante que yo mientras esperaba, el caso es que cuando nos vimos me dijo que lo nuestro quedaba cancelado. Estuve sin novia una temporada, pero otra huelga me hizo pasar unas cuantas horas en el bar con una gallega de nombre Margariña. Mi corazón se enamoró otra vez, qué quiere que le diga, y mi viaje de hoy es para buscar piso, porque estoy pensando en trasladarme a Pontevedra y casarme con ella. Antes eran los dioses, hoy son esos pilotos. Cambia la cara, pero siguen siendo las manos del destino. Menos mal que la espera se hace muy agradable, y hasta se agradece, cuando uno tiene la suerte de conocer a una mujer tan guapa y tan simpática como usted.

José María Merino

La habitación la fotografió elinar.

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