Envidia, y no sana
Envidio a los músicos capaces de crear música en su imaginación, envidio a los pintores y su deshacerse en un cuadro, a los escultores, los que encuentran obras de arte en bloques de mármol o escondidas en láminas de cobre y hormigón. Envidio a los ingenieros aeronáuticos que trabajan en astronáutica, capaces de llevarnos al infinito un paso cada vez. Envidio a los matemáticos y sus modelos de evolución bursatil (ni buenos ni malos, pero si útiles o inútiles). Envidio al fotógrafo del National Geographic por muchos motivos. Envidio al diseñador, y al decorador. Al jardinero. Al director de cine, al actor. A Fernando Savater, a Ortega y Gasset, a Feynman, a Einstein, a Brahe, a Newton, a Gauss y Euler, a Leibnitz.
¿Dije envidia? Quería decir admiración. De la sana. La que me producen trabajos como este:






Se dice, se cuenta, se comenta…