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Cuarenta vueltas al Sol

viernes, 30 de marzo de 2012

Trataré de encontrar las palabras para describir lo que el otro día algunos de mis mejores amigos hicieron por mí. Sé que va a ser difícil, porque ocurre como con esas fotos de paisajes, en las que ves un enorme valle y montañas en el horizonte. Nunca podrá transmitir las mismas sensaciones que sentiste cuando la tomaste, pero al menos permite intuir cuáles fueron.

Si acaso el corazón tiene fondo, mis amigos lo alcanzaron, instalaron allí una plataforma de extracción, y taladraron y taladraron hasta que descubrieron un yacimiento de emociones que no dio petróleo sino lágrimas, sentidas. Todavía sigue produciendo barriles a buen ritmo. Desde noviembre, removieron Kenia, Alemania, Roma y Santiago para rodearme de los míos: a los que pudieron ir, a los que fueron sacrificando su tiempo por el mío, y a los que no pudieron. Todos, da igual a qué distancia estaban, se encontraban a mi lado.

Recuerdos encuadernadosLlegaron a ese fondo con un libro. Al principio pensé que era un libro común, fabricado en papel, Estaba muy equivocado. Entre todos habían recogido recuerdos (otros ojos habrían dicho que eran fotografías), buscaron la conexión de esos momentos especiales, y los completaron con palabras que estaban escritas en castellano, pero que hablaban el lenguaje del corazón.

Así fue como llegaron.

No hay Banco Central en este mundo, ni en ninguno conocido, que pueda ayudarme a devolver la inmensa deuda que he contraído con ellos, una deuda de gratitud eterna. Cualquier cosa que se me ocurra, cualquier cosa que quiera hacer, sólo conseguirá restar cero.

Pero por algo hay que empezar. Desde el corazón, desde lo más profundo, desde el yacimiento que descubristeis, gracias. Como os dije entonces, el regalo sois vosotros.

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Autumn’s coming…

lunes, 29 de agosto de 2011

Over the last few days, relatives and friends have been recalling me, time again and again, as if it were sort of a mantra, that my holidays are coming to an end. That they are about to finish, that there is barely nothing left. That every summer has its day. I don’t blame them. I should be banned from going here and there telling everyone how many (holy)days I have and, consequently, would avoid these more than deserved vendettas 🙂

However, all these “interventions” have made me reflect. It’s not about the days left, but about the way I took advantage of the past ones, how I employed my time during these summer days. It’s hard not to remember and compare those days in Karen, where I found much more than I expected, not only outside me, by mainly inside me. Nevertheless, and circumscribed to this almost finished month, I have to state that I have enjoyed this past time in ways I couldn’t ever imagine before them.

Was it for the food or the sun? Was it because of the relaxed time in Madrid and Chiclana, or the goals I achived while I was here? Definitely, the answer is no. What this summer has filled me up with, what really gave me the gift of joy, was the people. All my friends, old and new, and all my relatives, they all showed me, time and again, that I have to consider myself a very lucky loved one. They were more than kind giving me the presents of their smiles, their time, patience, help and sympathy.

And, of course, I love to do the same with them 🙂 As the old saying goes: “Don’t let the grass grow in the path of friendship”.

(el post empezó en castellano, pero sin saber muy bien cómo, derivó rápidamente al inglés)

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Louis, esto puede ser…

viernes, 19 de agosto de 2011
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En el devenir de cada uno por la (su) vida, y por ser como somos el zoon politikon que decía Aristóteles, tenemos la suerte (sea buena o mala) de encontrarnos con muchísimas personas. Algunas acarician apenas la superficie y pasan rápidamente al olvido tan pronto pestañeas. Otras atraviesan la piel para quedarse, y desde ahí construyen su camino, buscando cobijo en algún órgano vital, sea el cerebro o el corazón. O bien abandonan, y buscan otra piel, otro cerebro o corazón. Hagan lo que hagan, tanto unas como otras dejarán su impronta, más o menos indeleble, en la parte que les acogió. Y así, somos lo que somos también en función de ellos.

No es el caso encontrar todos los días personas que marcan a fuego. Si tienes (buena) suerte, tendrás un puñado de buenos amigos, los que caben entre los dedos con los que los cuentas, recogidos en ese devenir del que hablaba. Un año recogerás uno, habrá sequía el otro, perderás aquel de hace años, se secará el lazo intenso que os unía, o encontrarás otro, o te cruzarás de nuevo con el olvidado… Esa es la norma.

Y sin embargo, hay momentos en los que la diosa Fortuna se levanta descansada, generosa, y asomándose por entre las nubes, otorga a algún mortal con bigote y perilla todos los frutos de su cornucopia, en un instante, inundándolo con el regalo de conocer mucha y buena gente. Poco le importa dónde sea, Madrid, Londres o Cádiz.

Esta vez se levantó en verano, al comienzo de una particular semana del mes imperial.

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Mi norte

jueves, 28 de abril de 2011

Lo cierto es que el concepto de brújula da mucho juego si aplicamos su función orientadora fuera del ámbito geográfico que le es propio. Lo digo porque, intentando buscar una explicación a lo que me ha sucedido desde principio de año, he encontrado que el aparatito de la aguja imantada mantiene buenas analogías para ello. Lo bueno de ello es que me permite visualizar la situación y poder razonar sobre ella aprovechando la analogía. Me explico.

El año empezó con una increíble estabilidad de mi campo magnético personal. En lo definido de sus líneas de campo, las pequeñas variaciones e interferencias se veían atenuadas por una especie de ritmo vital. Todo estaba perfectamente sincronizado con el exterior, como si fuera una continuación de mi yo interior, mostrando un equilibrio admirable entre las distintas facetas, entre los distintos roles… Sentía que a lo largo del tiempo había encontrado las herramientas mentales para acometer mis objetivos de mejor manera: la misión personal, el equilibro entre roles, y la planificación semanal de Covey, la peculiar manera de gestionar tiempo y tareas de Allen y su GTD, el concepto de Cuadro de Mando Integral, la definición SMART de objetivos, el concepto de pequeñas victorias, el ejercicio del orden y la disciplina… Había definido mi norte, había ajustado mi brújula, y había tomado el timón con decisión.

brujula Sin embargo, desde el 28 de febrero, he descubierto que hay un aspecto que no había tenido en cuenta y que es necesario considerar (y resolver incluyendo algún otro mecanismo) si quiero llegar a bien a buen puerto. Tiene que ver con el efecto de otros campos magnéticos, perturbaciones en el mío que hacen que mi brújula interior apunte a treinta nortes distintos. Estos campos magnéticos pueden tomar formas muy distintas: caseras con piel de cordero y ambición de lobo, la sensación de estar en dos casas distintas y no pertenecer del todo a ninguna, una pérdida transitoria de ese ritmo al que antes hacía referencia, o la percepción de tener que modificar hábitos ya establecidos. Per se, nada de eso es malo o pernicioso (más allá del efecto perturbador que digo) y en todo caso, a efectos prácticos es mejor considerarlo como algo cuya solución está en mis manos, antes que dejarlo en manos de algo externo y echarle la culpa por ello. Todavía no sé qué haré, pero sé que tengo que hacer algo. Necesito desarrollar la habilidad que me permita “apantallar” las interferencias externas, y mantener la brújula apuntando donde debe.

Por (buena) suerte, parece que las cosas se van normalizando. Las perturbaciones han cesado casi por completo, y siento que el campo se ha visto reforzado por otro tipo de perturbaciones, que esta vez han sido beneficiosas, y han tomado forma en familiares y amigos. Desde el final del máster, he retomado contacto con amigos que había tiempo que no veía y resultó de lo más sanador. La Semana Santa ha servido para repartir besos, abrazos y risas entre un montón de buena gente y pasármelo pipa con siete de mis sobrinos (el Gran Demiurgo tuvo a bien que Sevilla fuera el centro de una conjunción planetaria de amigos y familia). Pero no debo despistarme, hace falta crecer por ese flanco, y desarrollar el sistema PPMAI, o Protección Personal Magnética  Anti-Interferencias 🙂

Y para que quede constancia, nombro a los culpables de la estabilización magnética que empezó allá por el 8 de abril, porque se lo merecen: Miriam y Arol, María, Jorge e Idoia, Nuño, Raquel (la rubia), Diego y Juanvi, Raquel (la morena), Mario, Santi y Javi, Ana, Sergio, Sara y Gonzalo, Alfonso, Cristina, Quique y Jorge, Ernesto, Alma, Diego, Olga y Dani, Antonio y Luisa, Pedro, Marta y Moisés, Rocío, Álvaro, Aitana, y el pequeño Alonso, Macarena y Jorge, Manolo, Hermas, Nicolás y Claudia, Rafa, Irene, Asia y Sergei… Seguro que me dejo alguno, pero estoy seguro de que sabe de mi permanente despiste.

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Dos mil diez

jueves, 30 de diciembre de 2010

Caeré en el tópico.

Y eso a pesar de que un fin de año no es más relevante a efectos prácticos que cualquier otra fecha del año. Podríamos evaluar qué tal nos fue desde el último comienzo de curso académico, o desde el último equinoccio. Desde nuestro cumpleaños, o desde el último día para entregar la declaración del IRPF. También podríamos evaluarnos cada tres meses, o cada cuatro. O cada dos años. O cada 300 días exactos. Cualquier fecha es buena. Por eso precisamente caigo en el tópico.

Lo que es indiscutible es que es una buena estrategia ésta de revisar qué hemos hecho (y no hemos hecho). No con el ánimo de fustigarnos, o elevarnos a los altares, sino de hacer una revisión crítica de nuestra última vuelta al Sol. De mirar hacia atrás, es decir, de irnos a las primeras páginas de nuestro diario o agenda y de contrastar qué tal nos fue en nuestros objetivos, hasta qué punto hemos cumplido con nosotros mismos. Aquí va lo mío…

El principal de mis objetivos, y al que por desgracia o fortuna, todos los demás han quedado relegados, ha sido el proyecto Norman. Este objetivo está siendo más o menos fácil de conseguir, porque el plan de estudios, las prácticas, y las fechas vienen todas dadas, así que lo único que hay que hacer es esforzarse en estudiar, y cumplir con las fechas. Lo terminaré el próximo marzo, y eso planteará nuevos objetivos y miras que aún estoy dilucidando.

Respecto al proyecto Albión, darle tralla a la lengua de Shakespeare, he de decir que aunque se ha avanzado, todavía queda mucho camino por recorrer. Me lo he pasado pipa con Ted Robin, Lily y Marshall y Barney (mi favorito), viendo How I met your mother, me vi algún que otro capítulo de Futurama, comprobé lo complicado que es comprender a la gente de Bones, y salté de aquí a allá con Fringe, Warehouse 13 y algunas otras. Pero lo más relevante en ese sentido es haber conocido a Iain, mi partner en estos temas de intercambio cultural. Fue gracias a Miriam que vio una oportunidad de compartir conmigo la suerte que tuvo de trabajar con él. Iain es una persona increíble, de los que te cruzas muy de vez en cuando. Aunque nos encontramos sólo unas pocas veces, ha dejado marca, y en el fondo le echo de menos. Espero que le vaya muy bien allí en Edimburgo, con Claire y su bebé.

El proyecto Newton, el que tiene que ver con la fuerza con la que la Tierra y yo nos atraemos mutuamente, ha sido un completo fracaso (aunque siempre podría haber ido a peor), algo que el burndown chart que me hice al efecto me echa en cara, burlón, todos los días. Pero mira, entre él y yo, ganaré yo.

El resto de los objetivos, de menos envergadura, han sido cumplidos en menor o mayor medida, aunque por su naturaleza deben extenderse aún unos pocos meses en el año que viene. Formarán parte del cuadro de objetivos del año que viene, pero sabiendo que les queda poco de vida. De cuáles son y de cómo han ido se dará cumplida cuenta en su momento 🙂

El tiempo en 35mm ¿Y ya en concreto y fantaseando un poco a lo Big Fish sobre las cosas que ocurrieron este año? Pues veréis: arranqué el año rebautizado como psicólogo de programas, algo que me encanta, y bajo una hermosa frase tuiteada por Lola. Recibí el regalo iluminado de Antonio. Pateé Madrid buscando su luz rodeado de amigos. Me recetaron comida africana, con la promesa de compartirlas con aquellos que me lo recetaron. Decidí apuntar al cerebro en un Gimnasio para la Mente. Aprendí a ver la vida en 35mm a través de una nueva lente, respiré el aire sevillano en primavera, me permití robar parte de la ilusión que una veintena de personas tenían puesta en lugares tan distantes como Karen e Ilo, y me ayudaron a recordar gratas experiencias pasadas.

Me confirmaron en mi idea de regresar, por cierto.

Me lancé en rápel, y descubrí al querer hacerlo que mi aversión al riesgo había bajado puntos. Me escapé de una cárcel de cuerdas con la ayuda de mis compañeros, y con ellas hicimos un cuadrado a ciegas. Felicité por primera vez a un viejo amigo casi olvidado. Perdí al que fue la raíz de mi nombre, deseando con todas mis fuerzas que los hombres buenos no murieran nunca. Volví a vivir África en el escenario de África Vive, con mis compis de Amigos de Nyumbani, rodeados de batiks y percusiones. Navegué mares de papel con la compañía imprescindible de Miriam, Arol, Ernesto y Alma. Sobrevolé el cielo de Madrid desde la azotea del Círculo, protegido por Palas Atenea. Volví a rasgar las cuerdas de mi raqueta, imitando a Mark en aquella bendición que es Alchemy. Volé a lomos de un A380 en construcción, y fui testigo del (casi) nacimiento de un Eurofighter. Me vestí de nuevo con la bata de profesor chiflado para proyectar una mudanza con Project 2007. Pisé de nuevo el Auditorio. Desvirtualicé a Diego y un poco más tarde a Olga. Desvirtualicé a Alejandra (en América), una mujer excepcional sin duda. Conocí en persona al Chico de la Bolsa, y a la legendaria Angie. También cayeron en la red de la realidad, Sylvia, José Luis, Claudia y Mario, en la primera blipada a la que acudí.

Inside music Compartieron conmigo una de las 11870 ideas que esta gente crea al año. Me sentí orgulloso (nunca vanidoso) y honrado por haber ganado un premio pequeño pero con mucho significado para mí. Me puse en la piel del quinto Beatle de la mano de Jorge y Susan, y en compañía de Miri, Arol, Ernesto, Alma, el ya no tan pequeño Dani, Luisete, Laura y el pequeño Eric, lo que ayudó a rebajar el impacto que el maligno doctor Retired le propinó al Batmóvil. Recordé de nuevo lo que es trabajar con un buen equipo, y lograr cosas más allá de uno mismo, gracias al Equipo 2 (la vez anterior fue gracias al equipo que hizo posible PlanDoc). Espié el aterrizaje de aviones en mi primer planespotting (que yo rebauticé como plainspotting, quién sabe por qué). Fui a Zaragoza para reencontrarme con Óscar, Arantxa, Hugo y la pequeña Luna, tan pequeña que no había nacido aún. Llevé a la Virgen de Belén y me escapé unas horas a mi querida Sevilla. Y subí a Santurtzi para saldar una cuenta en números rojos desde hacía tiempo con Indye, a la que agradezco de nuevo los días que me regaló para conocer mejor aquella ciudad en su compañía. Glorioso el Maloka 😉

Al final casamos a Raquel y a Diego, en un día en el que me poseyó el Espíritu de la Risa. Me regalaron dos abrazos inesperados, uno de un volcán asturiano y otro de un amigo que regresó con la intención de irse a Kenia a vivir, de lo que me siento en parte culpable y responsable. Gestioné durante unos pocos días el almacén de una bodega, y estudié la estructura de costes de algunas empresas. Buceé en la cuenca de Santos para encontrar que economía, política, recursos naturales y finanzas están mucho más vinculadas de lo que puede deducirse de un titular, y me atreví a contárselo a Mipedro. Descubrí que paraqué es mucho más útil que porqué, y el mundo de las soft skills me hizo verlo todo “con pelotitas”. El que pregunta dirige. Descubrí que los astronautas también hacen huelga (o motín, mejor), que los tributos y los convenios laborales son leyes, que Kelsen ideó una pirámide, y que el IRPF es más fácil de lo que parece si te lo explica alguien tan apasionado como Antonio. Gracias.

Descubrí a Lori Meyers, a Lusine, a Pixies y a Metronomy. A The xx, y a Crystal Castles, me traje a Nikolai del pasado, y me (re)encontré con Crystal Method. Digitalism, Hybrid, Tastexperience, Aphex Twin, Magnetic Man, Sascha Funke, Booka Shade y tantos otros también se unieron a la fiesta, en un año más bien prolífico por lo promiscuo que ha sido musicalmente hablando.

Y tantas otras cosas, unas ocultas en mi memoria, otras detrás de todo lo que ha dado el año de sí, tantas cosas que no he escrito en esta entrada, pero que forman ya parte de mí. Sentimientos y emociones nuevos y reencontrados, y una sensación de haber profundizado un poco más en mí, en los demás, y en el mundo que me rodea. Quizá no tanto como en otras ocasiones, pero los pasos llevan lo que llevan. Ni más ni menos.

Siento que es casi obligado acabar todo esto que os he contado con un resumen, algo que cierre lo expuesto, el epílogo del 2010. Se me viene una única palabra. Gracias.

Gracias.

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Treinta y ocho

martes, 16 de marzo de 2010

Si miro atrás y veo todo lo que ha ocurrido desde la última vez que celebré mi vuelta al Sol, sólo me queda concluir que, por todo lo bueno y a pesar de lo malo, siento que he avanzado por mí mismo unas cuantas casillas en el juego de la Vida. No han sido muchas, pero algunas sí han sido muy importantes. Mi idea no es ir rápido sino disfrutar del juego. Y espero seguir haciéndolo durante mucho tiempo. Me preguntó qué haré que ocurra de aquí a una nueva vuelta al sol…

Quiero aprovechar para dar las gracias a toda la gente que me ha felicitado, ¡y a los que quedan por hacerlo! 😉 Suelo decir que mi cumple es como san Valentín en El Corte Inglés: es un día, pero dura toda una semana, así que tenéis tiempo de sobra 😛

También me he dado cuenta de que en todas estas vueltas, hay una persona conocida de todos que no me ha felicitado ninguno de mis cumpleaños, y eso no puede ser. Soy yo. Así que…

treinta_y_ocho_castañas

Miguel: ¡Feliz cumpleaños!

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Fin de semana

viernes, 19 de febrero de 2010
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Este pasado fin de semana, el último que he tenido enteramente para mí, ha sido de lo más movido. He parado en boxes lo justo para el cambio de vestimenta, picar algo y pensar poco. Pero ha merecido la pena. Comí con mi madre y, como es costumbre, arreglé alguna cosilla aquí y allá. Como premio, me subió en la máquina del tiempo y retrocedí veinticuatro años para verme de nuevo en súper-8. Me di cuenta de todo lo que ha sucedido desde entonces, todo el camino recorrido desde aquellos momentos hasta ahora, y todos los otros caminos que dejé sin recorrer. No tenía razón el que dijo que cada persona debería tener dos vidas. Debería tener muchas más que dos.

La tarde vino de la mano de mi hermana y mi cuñado, que me invitaron a su casa para merendar. De la mano también venía una sorpresa: resulta que Koby se había pasado por allí. Entre charla, fotos, café lisboeta y jamón del rico se pasó, hasta que desembarcamos en la noche, y aprovechamos para hacerle una visita a Juan Luis Fnac y tapear un poco por allá. Unos más que otros, todos estábamos más bien cansados.

Además, era necesario dormirse pronto, porque tenía apalabrado un desayuno a las 9:30 del domingo, y hubiera sido una falta de educación haber llegado tarde a la casa de Miriam y Arol. Aquí, también, los tres tomamos la máquina del tiempo, pero en dirección al futuro, porque estuvimos desayunando, exactamente, ¡cuatro horas! y se nos pasó en nada. Como suele ocurrir, arreglamos el mundo y de paso, que eso de desfacer los entuertos mundanos es asaz cansado, tomé un riquísimo té y un croissant mixto que estaba tremendo. Pero lo que sí me dejó noqueado durante unos momentos fue un regalo. Y un regalo muy especial. Sabedores de mi gusto por la gastronomía, de mi afición a la fotografía y de mi pasado viaje, me regalaron un libro con muchos significados. Este:

lacocinadelarcoiris

Está lleno de buenas fotos y mejores recetas, y lo mejor de todo es que muchas de ellas tienen ingredientes bien fáciles de encontrar. Eso sí: pasar sus páginas es recorrer de nuevo la camino de la memoria, volver por un momento a pisar esa peculiar tierra roja, a profundizar en esa conexión africana que va madurando. Desde aquí, de nuevo muchas gracias.

Fue una pena que ese fin de semana terminara, pero no lo pudo hacer con mejor broche que quedar con Alfonso y Cristina, y los dos peques, para ponernos al día y encontrar la tranquilidad en la risa de un niño (y no en el sitio en el que estábamos, a tope de otros pequeños individuos gritones y cascabeleros). Quizá no exista mejor manera de conectar de nuevo con nuestro pequeño yo que mirando el inocente jugueteo de los niños.

Me encantan los fines de semana sociales 1.0 🙂

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Postaleros 2010

viernes, 8 de enero de 2010

postaleros2010

Ainhoa, Ana Belén, Antonio, Banyú, Elena, Meli, Miriam, Sonsoles: muchas gracias.

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Dos mil nueve

jueves, 31 de diciembre de 2009

Hay explicaciones para todos los gustos: que es cosa de la edad, de la rutina, del modo de vida… Lo que está claro es que a veces el tiempo parece pasar tan rápido que cuando termina un año, te da la sensación de que nada ha sucedido, o si acaso, un par de cosas importantes. A mí eso me preocupó, porque no quería sentir que el tiempo había pasado en vano. Así que hace unos dos años tomé una decisión. Entonces pedí por Reyes una agenda moleskine, de a día vista. En ella apuntaría las cosas más importantes del día, siguiendo una variante del juego aquel de “lo bueno y lo malo”, que yo he transformado, por arte de birblibirloque, en “lo bueno y lo mejor”. Esas agendas vienen con un calendario pequeñín, con una fila por día, en la que resumo cada día con lo más destacado. ¡No os podéis imaginar la de cosas que pueden suceder en sólo 365 días! A continuación, un resumen de lo que ha dado de sí este año para mí. Seguro que faltan cosas, pero no lo puedo poner todo 🙂

En este año he desvirtualizado a Almudena, a Eva, a Elena, a Cere, a Jorge, a Antonio, a Nesta, a Ana Belén, a Millán, a César, a Pedro y a Vicky. Descubrí el cine Doré y el Lolina. Cené con mis amigos postaleros, y seguí la pista de vacas de colores acompañando a Miriam y Cere.

Perdí la oportunidad de una batcueva bien cerca del trabajo, pero al final estrené una, cerca de mi antiguo colegio, aunque algo más lejos del trabajo. Encontré la entrega de dos amigos que me ayudaron en la batmudanza. Conduje por primera vez una furgoneta de esas grandes.

Salí a hacer fotos con la gente de Ojo Digital. Disfruté con amigos de una de mis ciudades favoritas: Salamanca. Perdí un hermano. Celebré mi cumpleaños con los míos (incluso con los que no estaban), y tomé un último café. Me lié la manta a la cabeza y dije sí a enfrentarme a mis miedos. Di el primer paso para terminar uno de mis proyectos vitales más importantes.

Estrené batmóvil. Me saqué, por primera vez en mi vida, mi pasaporte. Regalé magia. Caí en la red del ADSL de Telefónica. Escapé de una cárcel hecha con dos árboles y una cuerda, y conocí así a mis compañeros de aventura. Tejí una red de sueños. Escribí una carta a mi yo del futuro. Me vacuné de fiebre amarilla, fiebre tifoidea, hepatitis A, hepatitis B, tétanos, difteria y cólera.

2009Tuve la satisfacción de ver una vez más a Abe Rábade, acompañado de un buen amigo, Ernesto. Jugué el partido de fútbol más divertido que recuerdo, con dos niños: Yago y Jorge. Y aprendí mucho. El Estado me confirmó que no tiene nada malo apuntado de mí en sus registros. Pisé por primera vez territorio keniano sin salir de España. Se me cayó el mundo cuando vi que la grúa se había llevado el batmóvil gracias a las Elecciones Europeas, y se erigió de nuevo cuando me dijeron que no tenía que pagar nada para retirarlo.

Despegué de Barajas para llegar a Ámsterdam, desde donde partimos a nuestro destino final. Vi con mis propios ojos la Cruz del Sur por primera vez en mi vida. Conocí a Pascal. Reaprendí el padrenuestro en inglés. Me vi rodeado por decenas de niños, que me enseñaron a recordar lo importante que son los pequeños detalles. Me enfadé en inglés. Visité Kibera. Vi el trabajo inmenso e increíble que hacen en Lea Toto. Visité un orfanato de elefantes, toqué una jirafa, vi una cebra albina, y el sueño de un cocodrilo. Acaricié un guepardo. Aprendí que el arte también es una terapia, y visité la plantación de té cerca de Limuru. Viajé en matatu de noche, por las afueras de Nairobi. Aprendí a decir gracias, quétalestás, y venidaquí en swahili. Aprendí dos palabras en massai, y dos en kikamba. Visité la casa de Karen, y comprobé que el agua más allá del ecuador gira al revés. Conversé sobre mil temas bajo el cielo keniano, y forjé amistades en acero con mis hermanos. Aprendí a regatear, pero me timaron igual. Me vi cara a cara con el Niño de Turkana. Lloré y reí como un niño. Aprendí que amar no es sólo decir sí. Comí maíz por 0,05 euros, asado en un pequeño puesto cerca del Nakumatt de Karen. “You’re the best!”. Vi una familia de elefantes, uno de los animales con el que más me identifico, y desde luego uno de mis favoritos. Conocí un nuevo océano, y vi el amanecer de una hermosa luna naranja, bajo el cielo estrellado del sur.

kenia Tuve mi momento warholiano, en un ámbito restringido pero importante. Me estrellé contra la realidad de Madrid, y me recuperé trece días después. Saqué conclusiones en el Ajenjo, y redefiní objetivos en el San Julián. Escribí un libro, mi primer libro. Sobresaliente. Recibí una mala noticia, y acompañé al amigo que la sufrió. Cerré un capítulo (en realidad, doce), lo celebré en un restaurante con mi apellido, y me invitaron a charlar con la gente de 11870.com. Aprendí a programar controles de usuario en ASP.NET (todavía sigo con ello), y finalicé con un equipo de personas increíble el proyecto del que me siento más orgulloso, haciendo de scrum master. Aprendí lo que son los pomodoros y la manera en la que te ayudan a trabajar. Me traicionaron, pero aprendí. Aprendí nuevas palabras, e hice daño. Se atrevieron con lo más sagrado, y sufrieron la consecuencia.

Me encontraron una pequeña caries y la cerraron. Disfrute de dos twittcroquetadas y me hice switcher. También soy ubuntiano, y cada vez menos ventanero. Volví a Sevilla, y asistí al EBE 2009 donde me reencontré con buenos amigos. Disfruté con la charla de Alfonso Alcántara. En el batmóvil desplumamos a más de uno a la vuelta, tuvimos un montón de ideas, charlamos sobre todo, y nos lo pasamos genial. “Señor Wilsssoonnnnn!”. Y me tocó ser el Conde Draco. Ya en el curro, me llegó a la consulta una query y la hice adelgazar de 59 segundos a 9, devolviendo el mismo número de filas: cinco mil quinientas. Dormí cerca de quince horas. Hacía años que no lo conseguía.

2009_2 Visité de nuevo Córdoba, y disfruté de las tierras portuguesas del sur (¡gracias, Nacho!). Me dieron un susto tremendo cuando me dijeron que un amigo sufrió un amago de infarto que por fortuna se quedó en pericarditis sin lesiones. Llegué al Finisterre de verdad. Di las clases más cercanas a la auténtica docencia que he dado nunca, sobre técnicas de presentación. Y me gustó. Escribí, envié y recibí felicitaciones de Navidad. Cociné por primera vez dos piernas de cordero. ¿Y sabéis qué? Salieron tan bien que…

Hoy me toca cocinar otras dos 🙂

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Mensaje desde la luna

miércoles, 1 de abril de 2009

El sábado pasado, cuando ya habíamos terminado la mudanza y antes de salir de casa, saqué mi llavero y elegí una de las pequeñas de entre las muchas que últimamente lo pueblan. La introduje en la cerradura y abrí el buzón.

El folleto de publicidad me iba a venir muy bien porque nunca está de más tener en la lista de teléfonos de emergencia el del restaurante chino de la zona. Es que me gusta la comida china, y en general la asiática, qué le vamos a hacer.

Para inaugurar en condiciones una nueva casa, no hay nada como una factura que diga que estás viviendo allí. En este caso era la de la electricidad, para recordarme que en las islas desiertas, en el Cielo de nubes blancas y en las batcuevas el sol no es gratis y también hay que pagar la luz.

Y también encontré una postal, que además era regalo de cumpleaños. La primera postal que recibo en la nueva batcueva.

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¡Muchas gracias, Lusika!

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