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Chicken Connection

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Todavía queda una experiencia gastronómica típicamente keniana, y de Nairobi para más señas. No es la típica del restaurante turístico, bien decorado y con una oferta amplia de platos de influencia subsahariana. Restaurantes como Carnivore, Tamarind o Rusty Nail puedes encontrarlos en cualquier lugar del mundo, salvando las distancias (y nunca mejor dicho). Pero al lugar al que fuimos hace unos días… Bien… Iba a llamarle restaurante, pero mejor lo dejo en “el sitio del pollo frito”.

El sitio queda cerca de la estación de autobuses de Kencom, bajando por la avenida Moi, pero puedes encontrar muchos como ese en todo el Central Business District (CBD), que es el lugar en el que nos encontrábamos. La apariencia es la de un Patatín Patatán, pero un poco más cutre. En la entrada, un tipo gobernaba sobre una freidora y mandaba sobre un regimiento de pollos. Podías pedirle un pollo, tres cuartos, medio o cuarto de pollo. El trozo seleccionado era condenado entonces a pagar sus crímenes en la freidora, y luego a ser troceado con unas tijeras de podar sobre un plástico y un papel de envolver. Una vez empaquetado, podías ir a la banqueta de tu elección. En otro sitio tenías que pedir y pagar las patatas y la soda (cocacola, fanta…). Medio pollo son 210 shillings, la fanta 35, las patatas 50 y el suplemento de kétchup, 5 shillings. Total, 300 shillings, unos 3 euros.

Comer en Nairobi por 3 euracos.

— ¿Dónde están las servilletas?
— No hay.
— ¿Y los cubiertos?
— Las pinzas que te regaló tu madre al nacer.
— ¿Cómo hago para lavarme?
— Usa el lavabo que hay al lado de la barra de las patatas.
— No funciona el grifo.
— Debajo hay un cubo con agua, y un cazo.
— ¿Cómo está el pollo?
Tre-men-doooo.

Los dominios de la República Independiente de Chickenland

Por cierto, el bote de kétchup no es de kétchup, es una especie de líquido rojo fluorescente a la vez que picante, que te dan sin rechistar cuando les preguntas “may I have the ketschup, please?”

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Va de comida

martes, 1 de septiembre de 2009

Sí ayer comentaba los desayunos que tenemos por aquí, hoy toca contar la primera de dos experiencias culinarias de primer orden.

Ocurrió el sábado pasado, en un viaje en furgoneta que realizamos. Tuvimos la desgracia de caer en la pegajosa tela de un atasco monumental, en la que estuvimos atrapados cerca de una hora, hasta las tres más o menos. Con la furgoneta parada no corría ni una brizna de aire y con un sol de justicia sobre nuestras cabezas lo menos que podríamos esperar era convertirnos en estofado de mzungu. Por fin, el hambre hizo acto de presencia tras perseguirnos cada vez más insistentemente durante unas dos horas, desde la una de la tarde, que es la hora a la que comemos habitualmente por aquí. La situación era desesperada, necesitábamos encontrar algo de comida.

Hay que ser precavidos a la hora de comprar alimentos directamente en la calle. No debemos olvidar la regla de “cocinado, pelado, o no tomado”. O bien lo que compras está cocinado o bien puedes pelarlo, pero si no es así es mejor que no lo comas. En nuestro caso fue una elección fácil. Los atascos son el lugar indicado para vender gorras, mecheros, planisferios (¡lo juro!), cojines (¡idem!), triángulos para señalizar accidentes, y cómo no, fruta. La solución a todos nuestros problemas vino de mano de una vendedora ambulante, con nueve bananas en la mano. Lillian, que es la trabajadora social del village y venía con nosotros, nos dijo que mejor las compraba ella porque le darían precio local y no precio mzungu. Vimos como se acercaba la vendedora, intercambiaba unas palabras con Lillian, vimos las nueve bananas, y luego vimos… ¡que la vendedora se iba!

— Es que eran muy caros, 10 shillings cada una… [10 céntimos de euro]
— ¡Pero si hubiéramos pagado 100 shillings por cada banana!

Por suerte, encontramos otra vendedora al cabo de algunos minutos que parecieron horas. ¡En mi vida una banana me ha sabido taaaaan rica! Había que inmortalizar el momento, así que aquí va la prueba:

Hmmmmm!! Banana, peel, peel banana!

¡Tatuonana!

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Desayuno

lunes, 31 de agosto de 2009

No suelo atender peticiones acerca del contenido del blog. Soy partidario de una política de no injerencia, de total independencia acerca de lo que digo y lo que no…

¡Pero qué digo! Primero, nadie me había hecho una petición acerca del contenido del blog hasta ahora. Segundo, no existe la total independencia acerca de lo que digo y lo que no. Eso que digo (o no digo) siempre depende de mi mismo, de mi forma de ver mi realidad, de los demás, de su forma de ver su realidad y del acuerdo, más o menos tácito, acerca de eso que llamamos la realidad, la resultante de la mía y las vuestras.

El caso es que Miriam, la especialista en postear desayunos, me pidió hace días que posteara una foto de nuestro desayuno por aquí, así que ahí va.

Panorámica desayunil

No todos los días tenemos lo mismo. Lo más habitual es tener pan blanco con Blue Band para comer, y agua caliente, nescafé y bolsitas de té para beber. Otras veces tenemos pan con cereales (el famosísimo brown bread) y otras veces el blanco y el de cereales a la vez, con Blue Band. A veces tenemos leche para echar en el agua. De vez en cuando nos sorprenden con masala tea, un té con leche especiado con clavo, canela, nuez moscada y alguna cosa más. A mi me encanta, así que a mí me sorprenden para bien, pero no es del gusto de todos ni a todos les sienta en el estómago igual de bien.

Pero lo que esperamos con avidez y lo celebramos como si fuera una fiesta es el momento de tomar mandazis, los miércoles y los viernes. Los mandazis vienen a ser un híbrido entre buñuelo, pan chino, y bollo que están para derretirse a pesar de que no son muy dulces, pero que cuando salen bien, como el día de la foto… Hay Dios. Aquí un close-up de los mandazis:

Close-up de los mandazis

Algunos se lo toman tal cual, y otros lo abren para echarle dentro azúcar o Blue Band.

¿¡Pero qué demonios es el Blue Band!?

Pues eso me gustaría saber a mí, porque por más que he leído la tapa, el informe nutricional, los ingredientes y todo eso, no puedo llamarlo mantequilla, ni puedo llamarlo margarina, tan sólo Blue Band, o sea, la marca de la emulsión lipídica vitaminada que nos ponen para untar.

Blue Band

En realidad, desayunar lo que se dice desayunar, podríamos afirmar que desayunamos dos veces. El segundo desayuno lo tomamos en el “tea break” que hacemos a las 10 de la mañana, pero esta vez es sólo té masala y ocasionalmente alguna galleta que haya sobrado de algún cumpleaños.

La paradita a las 10:00... Tea break

¡Tatuonana!

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Nyumbani Village

sábado, 29 de agosto de 2009

Nyumbani es la realización de una idea concebida por el padre Angelo D’Agostino, sacerdote jesuita, y estadounidense para más señas. La idea era sencilla: los niños debían recibir los cuidados necesarios durante el tiempo que siguieran con vida, o por decirlo de alguna manera, asegurarse de que tuvieran una vida digna hasta el momento de su muerte. Nyumbani (que en swahili significa hogar) nació en la forma de un orfanato.

El éxito del orfanato es un hecho. Ahora los casi ciento diez niños, entre pocos meses y 21 años, no sólo tienen una vida digna, sino que además gracias a los antirretrovirales y otra medicación, conviven con una enfermedad que ahora les es crónica y no mortal. De hecho, el principal problema que se plantean ahora es cómo preparar a los chavales del high school (que siempre han vivido aquí) para que puedan llevar una vida normal fuera del orfanato. Necesitan aprender a manejar dinero o a buscar un trabajo. Evidentemente muchos no quieren abandonarlo, y de hecho, algunos incluso suspenden a posta para seguir aquí. Pero se podía hacer más.

Lea Toto (en swahili, Criar un niño) es el segundo proyecto, del que ya he hablado con anterioridad, y que extiende esa idea a más niños siguiendo un modelo HBC (Home-Based Care).

El tercero de las criaturas es el Nyumbani Village, y es también una extensión de la idea original. Ahora toma la forma de un macro-orfanato autosostenible, es decir, que es capaz (o al menos se pretende que sea capaz) de abastecerse en lo básico, sin depender apenas nada del mundo exterior. El village cuenta con una población de unos 500 niños al cuidado de abuelas o shushus (no es una palabra swahili, sino kikamba, la lengua de la tribu kamba), y viven en casas organizadas en grupos de cuatro, o clusters.

Una de las casas en Nyumbani Village

¿Cómo de autosostenible es el village? Para que os hagáis una idea, ellos elaboran sus propios ladrillos para luego construir las casas que necesitan. Los ladrillos se fabrican de forma que no necesitan cemento para adherirlos, porque su forma hace que queden unidos casi como las piezas de un puzzle. Están empezando a plantar árboles de forma sistemática para poder disponer de madera para los fuegos y para la escuela de carpintería que tienen allí.

El politécnico (carpintería, soldadura...)

Dicha escuela fabrica todos los muebles que necesita el village, tanto de las casas como de las oficinas o la escuela de primaria, a la que acuden niños del propio pueblo y de pueblos de alrededor. También están construyendo otra para los niños de secundaria. Los uniformes del colegio (aquí en Kenia es obligatorio) también los elaboran ellos, en la escuela de confección.

Los peques de primaria, posando en una de las clases.

Tienen vacas, cabras, gallinas y hasta una incubadora para sus huevos. Aquí no se desaprovecha nada, así que las heces se utilizan para abonar los cultivos que rodean al village. Tanto animales como humanos por supuesto, dado que las nuestras son más ricas en nitrógeno que las de aquellos.

A la derecha, dos cabritillos del village. Abajo, la incubadora, y arriba, otro cabritillo y yo.

¿Te preguntas que hacen con la orina? Es una excelente forma de combatir a las termitas 🙂

Un "hormiguero" de termitas

El agua queda un poco lejos, pero han instalado un sistema de bombeo para transportarla agua desde allí al poblado. Para que las bombas funcionen, éstas disponen de placas solares. La idea es que no entre nada en el poblado que pueda depender del exterior de alguna forma, así que, por ejemplo, disponer de un horno eléctrico está mal visto y en su lugar se están intentando introducir hornos solares. Los habitantes, más fieles a sus costumbres que a las innovaciones tecnológicas que les ofrecen, todavía no lo tienen claro y siguen cocinando a fuego.

Cocinando en el village

Parte del dinero que entra en el village proviene de la venta de cestas elaboradas por las propias shushus y en menor medida de los muebles y las prendas elaboradas en el Politécnico, que es como llaman al conjunto de las escuelas de formación profesional, aunque la idea es potenciar dichas ventas también. Quedan muchísimas cosas por hacer, y muchas de las cosas están a medias. Pero se hace mucho, y se fomenta el que la gente aporte ideas para mejorar de forma sostenible la vida allí. Quién sabe si el año que viene no me decantaré por el village… 😉

María intentando encontrar una cesta típica en la "tienda del village" ;)

Actualización 23/junio/2010: Amplío un tanto la información sobre el Village, con los datos que me ha ofrecido la presidenta de Amigos de Nyumbani en España:

Sister Mary estuvo desde que se fundo Nyumbani con Father Angelo. Formaban un curioso támdem en el que Father D’Ag era el visionario y tenía los contactos para que Nyumbani fuese una realidad, y Sister Mary aportaba el lado pragmático y se encargaba de que las ideas de Father D’Ag se llevasen a la práctica. A mi entender Sister Mary decidió trabajar a la sombra de Father D’Ag pero llevó a cabo una gran tarea. A la muerte de Father D’Ag el 21 de noviembre de 2006, Sister Mary se hizo cargo de los tres proyectos como directora de la organización y desde entonces ella ha conseguido el desarrollo de Nyumbani Village hasta ahora. Su implicación en el Village empezó desde la fundación de la aldea y participó en todos los  pasos, pero no como directora hasta que murió Father D’Ag. A él se le atribuye el mérito pues la idea fue suya y se encargó de recaudar fondos (el sello de los niños y el SIDA en África, medio millón de euros, una donación de la región de Lavia en Italia que le dio un millón de euros y el gobierno keniata que le cediós el terreno) mientras que Sister Mary entiendo que se encargó de la gestión de estos fondos y ha ido recaudando más a lo largo de estos años.

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Beryll

jueves, 27 de agosto de 2009

Sé que es un tópico, pero por ello no deja de ser verdad, es una verdad que está ahí delante para el que quiera verla. La diferencia entre vivir y morir se halla, entre otras cosas, en disponer de alimentos. Sé que suena a perogrullada, sé que todo el mundo pensará que no descubro nada nuevo, que todo el mundo lo sabe. Y es cierto, todo el mundo lo sabe pero pocos lo sentimos. No pretendo convertir este blog es un reality show 2.0. Con lo que voy a contar no quiero levantar pena o compasión, simplemente recalcar un aspecto importantísimo que solemos dar por hecho: si no comemos, morimos.

Berryll, una semana después de llegar al orfanato: ya se encontraba mejor.Beryll llegó al orfanato hace unos 20 días, con evidentes síntomas de malnutrición. Desesperada, su madre pidió por favor que la atendieran aquí ya que a ella le resultaba imposible hacerlo. Los recursos del  orfanato son limitados, por lo que las condiciones que debe cumplir un niño para ser admitido deben ser estrictas: sólo niños huérfanos, o con familia que no puede hacerse cargo de ellos, y que han dado positivo en el test de VIH. De hecho, a los niños se les realiza un segundo test un año después, y sin dan negativo se les busca casas de acogida, que fue lo que le ocurrió hace muy poco a Unice, una niña regordeta y hermosa que era la delicia de todo el mundo. Sin embargo, si las circunstancias lo permiten o la situación es muy grave, el orfanato acoge niños que no cumplen con esas condiciones. Beryll es uno de esos casos.

Aunque Beryll tenía dos años cuando llegó aquí, no podía andar de lo débil que se encontraba. No hablaba, no interactuaba con los demás, y lo que más preocupaba a Mum Christine: no reía. Tan sólo miraba fijamente lo que se encontraba frente a ella. Tras los primeros análisis médicos, se comprobó que tenía algún tipo de sordera crónica en el oído derecho y que necesitaba una dieta adecuada (sólo pillé que le daban complejos multi-vitamínicos). Eso fue hace 20 días.

Berryll, tras su segundo nacimiento.Durante esos veinte días, Beryll ha ido mejorando lentamente, muy poco a poco. Pero en los últimos días, y sobre todo después de que volviéramos de viaje el domingo pasado hemos asistido felices al nacimiento de una nueva Beryll, dos años después de su primer nacimiento.

No olvidaré nunca la niña que vi en el cumpleaños de Rose Mary, hace ahora cinco días, y la alegría que sentí cuando la vi sentada con Rachel, otra de las niñas que viven en su cottage. Se movía, quería empezar a andar (aunque todavía tiene unas piernecillas demasiado débiles para ello), hacía por balbucear y comunicarse, intentaba con cierta habilidad abrir ella sola los caramelos del cumpleaños, hacía caso de la gente, y pedía que la cogieras en brazos. Pero lo mejor de todo es que había empezado a reír.

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Summer Holiday Program

miércoles, 26 de agosto de 2009

Desde que llegamos a Nyumbani, la idea era asignarnos determinadas tareas para que nos fuéramos haciendo al lugar, la gente, el horario y esas cosas. En un principio, el periodo de adaptación sería de dos semanas, es decir, hasta el final de julio. A partir del primero de agosto empezaríamos el Summer Holiday Program.

Mi tarea fundamental durante el periodo de adaptación fue ayudar a Pascal, el ingeniero informático que se encarga del mantenimiento de toda la infraestructura tecnológica de Nyumbani, tanto del Home, como el Village o Lea Toto. Quizá la tarea más importante fue preparar el aula de ordenadores para las clases de informática que impartiríamos a los niños entre él y yo. Otras, menos destacadas, pasaron por instalar drivers de tarjetas de sonido, reinstalar antivirus o resolver problemas de conectividad entre los ordenadores del Laboratorio de Diagnóstico. Yo siempre me he decantado más por temas de programación, así que he aprendido un montón sobre redes, routers, switchers y Ubuntu. Aprovecho para decir que lo primero que haré cuando llegué a Madrid será reinstalar mi portátil con XP y Ubuntu. Kiss my Vista goodbye!

En realidad el periodo de adaptación ha durado casi cuatro semanas. El motivo es que los colegios kenianos terminaban el curso académico más tarde de lo habitual, por algún motivo que desconozco. Además, el programa no terminará el día siete como pensábamos, sino el día cuatro. El caso es que, al final, el Summer Holiday Program empezó el pasado 11 de agosto, a las ocho y media de la mañana.

El programa consiste básicamente en tener ocupados a los chavales con algo que hacer para que, palabras textuales de Sister July, they don’t get into trouble. Durante todo el día, tienen perfectamente planificada su asistencia al arts & crafts club (manualidades), reading club (en la biblioteca), sports club, y cleaning club (lo de club era para darle cierta sensación de diversión). El mío es el computer club, como no podría ser de otra forma. Todos los días tenemos a todos los chavales, desde los mayores del High School, hasta los pequeños de primaria (creo que el más pequeño tiene unos siete años o así). Algunos son muy apañados para los temas informáticos, así que han creado un club aparte en el que durante dos horas los sábados se dedican a algo más avanzado.

Pascal, en una de las clases a los chicos del High School Son sólo cuatro horas y media al día, pero os aseguro que cansa un montón. Ahora entiendo mejor a los profesores profesionales, que tienen que hacer esto durante más horas y un año tras otro. Lo más difícil con diferencia es ganarse la autoridad y el respeto, pero la verdad es que en general se portan bien. Los hay que trabajan muy duro todos los días, como Liz, los hay guasones y estudiosos a la vez como John, los hay que cantan mientras trabajan como es el caso de Kevin, y otros trabajan en la sombra como Ann. También están los inteligentes pero vagos, los inteligentes que se quieren hacer los tontos, los perezosos, y también aquellos que por más que lo intentan, no llegan a pesar de tus esfuerzos. Imagino que como en cualquier otra clase del mundo.

Lo que no se suele decir tanto sobre los profesores es que también aprenden de y con sus alumnos. En mi caso, estoy aprendiendo a tratar a los más peques, a mantener cierto orden, a buscarme las vueltas para explicar en inglés lo que explicaría más fácilmente en español… ¡Y también aprendo swahili! Cuando quiero que se acerquen para empezar la clase, tengo que decir “cuja hapa”, que significa “venid aquí”. Si hay mucho ruido y necesito algo de silencio, tengo que gritar “Wewe, kelele, kelele” que significa “¡Vosotros! ¡Ruido, ruido!”. Quién sabe qué cosas más me tocará aprender en la semana y media que todavía queda para terminar el programa…

¡Tatuonana!

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Otro de esos días caleidoscópicos

martes, 25 de agosto de 2009

Me encantan los días caleidoscópicos. Son esos días en los que parece que todo encaja a la perfección, son días completos en forma y contenido.

Entrada al Museo Nacional de Nairobi

Aunque hoy era fiesta nacional porque la gente del censo se dedicaba a contar habitantes y hacerles interesantes preguntas sobre si tenían o no televisión, nos hemos levantado temprano porque queríamos bajar a Nairobi a visitar algunos sitios. El primero era el Museo Nacional de Nairobi. El plan continuaba con una comida en un restaurante indio que nos habían recomendado, y terminaba con una visita a una tiendacalle comercial en la que, según otra recomendación, encontraríamos buenos precios. No todo ha salido como esperábamos, pero bueno, pole pole 🙂

Aquí, mi primo...La opción del Museo sí que cuajó. Como abren desde las 9:30 y a pesar de que cierran a las 18:00, llegamos temprano por la mañana para entrar los primeros y no encontrar demasiada gente. Cómo no, la entrada tenía precio mzwngu, es decir 800 chelines o unos 8 euros, ocho veces el precio que paga un residente. El precio no incluye la visita al Snake Park, que cuesta lo mismo que el museo, pero tuvimos la oportunidad de sacarle fotos a tres cocodrilos a los que se llega a través del Jardín Botánico.

El museo no es muy grande pero tiene piezas muy interesantes relacionadas con la prehistoria de Kenia, su cultura, su riqueza natural o sus pueblos. Es un museo antropológico, etnológico, de historial natural y artístico al mismo tiempo. Al final no hubo tanta gente a pesar de la fiesta, lo que hizo el recorrido bastante cómodo, pero tuvimos la mala suerte de contratar un guía con prisa, y nos llevó a matacaballo. Pero la visita mereció la pena.

Había oído que el museo albergaba ciertas piezas paleontológicas de gran valor, pero no imaginé que eran de un valor tan grande. Amigos, he visto con estos mis ojos que se ha de comer la tierra al Niño de Turkana. Soy feliz.

Turkana Boy, o el Niño de Turkana

Como era fiesta, al final se nos chafaron los planes de comer en el restaurante indio y visitar la calle comercial. Todo estaba cerrado, excepto un “restaurante” que Jorge e Idoia conocían de otro día. Hay varios parecidos, pero este estaba relativamente vacío y sabíamos que era barato. Comí medio pollo, patatas fritas, y un Sprite por 300 shillings, o sea 3 euros. Genial 🙂

Visto que no había manera de hacer nada más en Nairobi, decidimos coger un Citi Hoppa para acercarnos al Dormans (una especie de pequeño Starbucks) cerca del Nakumatt de Karen (lo que viene a ser un Alcampo) y tomarnos allí un café que al final resultó ser un batido de chocolate. Aunque estaba muy bueno, el batido fue lo de menos realmente, y lo de más fue la charla que tuvimos acerca de la amistad. Buena gente esta con la que estoy…

En fin, que Jorge e Idoia se iban para su casa, y Belén y yo nos volvimos a Nyumbani a punto para cenar… ugali y sukuma wiki, pero de nuevo fue lo menos importante. En la cena nos acompañó Nicholas, el coordinador del Nyumbani Village, y más tarde se unió Sister July. Entre Letty, Belén, Nicholas y Sister July arreglamos el mundo hablando de “agroforest”, de Obama, de Paulo Coelho, del uso ético de la tecnologías de la información, de ética, de familia, de inmigración y de un millón de cosas más…

Y de postre, un post.

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Damán

lunes, 24 de agosto de 2009
Comentarios desactivados en Damán

Hace días que llegada la noche oímos, cerca de la arboleda que se encuentra en la finca de al lado, un extraño sonido. Los dueños de esta finca se dedican a organizar safaris, pero por un momento llegamos a pensar que se dedicaban a la cría de monstruos horripilantes. Os cuento.

Suponed que estáis ya para dormir, y que lo único que escucháis son los grillos (y de vez en cuando, el compresor del pequeño frigorífico que hay en la habitación). De repente, un ruido ronco como de una carraca rompe el cricrí de los grillos y te olvidas del ruido del compresor. Se repetirá tres o cuatro veces, aumentando su intensidad en cada uno de ellos. Inesperadamente todo cesa. Pero es sólo apariencia. Lo que oyes a continuación te crispa entero. Es un chillido como si estuvieran degollando un cerdo, penetrante y agudo. De infarto.

Y así casi todas las noches, una única vez, y luego nada hasta el noche siguiente.

Aprovechando una visita que les hicimos, y a pesar de todo, nos atrevimos a preguntarles qué o quién hacía ese ruido escalofriante. ¿El primo hermano de Sloth? ¿Un mono? ¿Un pájaro? ¿Algún graciosillo?

La respuesta vino de la mano de una guía de animales kenianos. El culpable sinvergüenza, protagonista de nuestra particular película de miedo es este:

Un damán de árbol

El damán de árbol (Dendrohyrax arboreus, o eastern tree hyrax en inglés) es un pequeño mamífero de alrededor de 40 centímetros, relacionado con los manatíes y con los elefantes. No pongas esa cara, has leído bien. Aunque su aspecto es el de un roedor, se les considera los parientes vivos  más próximos a ellos. Su origen es idéntico, aunque sus líneas evolutivas han sido divergentes. ¿Te has fijado en sus patas?

Un damán de árbol con su cría.

Puedes encontrar más información sobre esa especial relación familiar en la Wikipedia.

Aunque a este no pudimos verlo en ningún momento, tuvimos la oportunidad de fotografiar a uno de sus primos hermanos, el damán de la rocas. Pero no adelantemos acontecimientos 🙂

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Karen

sábado, 15 de agosto de 2009

Dicen por ahí que la ciudad donde vivimos (ciudad o barrio de Nairobi, todavía no me queda muy claro) se llama Karen por el nombre de una de las hijas de un famoso productor de café. El clima ecuatorial, basado en dos estaciones, una seca y otra de lluvias, junto con la altura a la nos encontramos, unos 2000 metros, proporcionan un entorno excepcional para el cultivo de la planta que levanta a medio mundo por las mañanas. No sin razón, Kenia es uno de los productores de café más importantes.

Otros, la gran mayoría, piensan que el nombre de Karen le fue dado después de que viviera por la zona un personaje que todos conoceréis: Karen Blixen. ¿No os suena? ¿Y si os digo que firmaba sus libros como Isak Dinesen, entre otros seudónimos? Efectivamente, Karen Blixen es la autora del libro autobiográfico que tituló Den afrikanske Farm, y que fue el origen de la película Out of Africa (Memorias de África en España), interpretada por Meryl Streep y Robert Redford.

El caso es que la Casa Museo de Karen Blixen está muy cerca de Nyumbani. Algunos dicen que Nyumbani fue precisamente una de sus plantaciones de café, pero no lo tenemos confirmado. Aunque no es un destino turístico muy conocido, y habíamos oído críticas tanto buenas como malas, hace unos días decidimos visitarla. No hay ningún matatu que lleve cerca, así que nos decantamos por coger un taxi. Además, nos recomendaron hacerlo de esa forma, porque últimamente ha aumentado el número de robos en la zona y tampoco es cuestión de ponérselo fácil.

La habitación del marido de Karen Blixen, un robado no muy bien hecho.Para qué engañaros, la visita a la casa resultó ser un poco decepcionante. Para empezar, el precio si eres mzungu es ocho veces superior al precio que paga un residente en el país: 800 shillings, unos 8 euros, lo que es una pasta. Luego, no se debe fotografiar el interior de la casa, de una sola planta y no muy grande. No se debe, pero se puede. Lo bueno es que en el precio está incluido un guía.

Y para terminar, los objetos que puedes ver allí no son todo lo originales que a uno le gustaría. Durante el recorrido por la casa, la mayor parte de los que vimos fueron dejados allí por el equipo de la película, y utilizados para su rodaje. Solo unos pocos son de la época. De ellos, recuerdo que me llamaron la atención dos faroles, uno de luz verde y otra de luz roja, que la dueña utilizaba para indicar a su amante si podía o no entrar en la casa.

Lo que sí mereció la pena fue pasear por el inmenso jardín que rodea la casa. Tiene algunos bancos aquí y allá, cerca de árboles no muy altos bajo los que me imaginé estar leyendo algún libro (quizá Memorias de África, quién sabe), mirando a lo lejos los cinco montes de las Ngong Hills.

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Protegiendo el jardín, un ejército de árboles altísimos lo rodea. Hacia el oeste de la finca, estos árboles forman además un pequeño bosque que oculta una instalación tostadora de café de la época. El final de la visita fue lo mejor. Recordaré con especial cariño la hora casi completa que estuvimos disfrutando, sentados sobre la alfombra verde, de un atardecer africano, compartiendo a la vez silencios, pensamientos, alguna que otra fotografía y muchas risas.

En resumen, si eres un apasionado de la vida de Karen Blixen, o te encantó la película, no te puedes perder este museo. Si te gustan los jardines, puedes ahorrarte el dinero, colarte (no te será difícil hacerlo) y pasear por ellos. Pero por favor, no te los pierdas.

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Por cierto, el nombre de los cinco montes de las Ngong Hills tiene su sentido, porque ngong en swahili significa… nudillo. ¿A que ahora la foto parece otra cosa? 🙂

¡Tatuonana!

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Protector solar

jueves, 13 de agosto de 2009

Además de las medicinas típicas contra la diarrea, picaduras, repelente para mosquitos y el siempre presente ibuprofeno, nos recomendaron llevar protector solar. Y la gente (yo incluido), que piensa en África y en seguida se le vienen a la cabeza las palabras sol y calor, me decía que tuviera cuidado con el sol, y que iba a venir supermoreno. Pues…

Mirador en Limuru, con vistas al Great Rift Valley, a unos 2100 metros de altura. ¡Esto también es África! :) Ve borrando la idea de África como un continente en el que siempre hace calor. No es cierto. Es como decir que en Europa siempre hace frio porque has visto fotos de Noruega. Yo lo he aprendido a costa de un paquete de kleenex diario, y medio kilo de estornudos. En la foto podéis ver la espesa capa de nubes que tuvimos hace unos días, en un mirador cerca de Limuru, con vistas al Great Rift Valley.

Durante la época seca en la que nos encontramos lo normal en Nairobi, que se encuentra a una altura aproximada de 2000 metros, es encontrarse con mañanas y noches muy frías, y con temperaturas relativamente suaves durante el resto del día. En los últimos días nos hemos despertado incluso con una moisty rain, lo que nosotros llamaríamos un txirimiri. Es cierto que en otras zonas, el calor resulta más agobiante. En el village (hablaré de la villa en breve), a unos 200 kilómetros de Nairobi y muy cerca de Kitui, sí necesitarás protector solar, porque el sol pega fuerte, pero desde luego no es la norma aquí en Nairobi.

¡No os imagináis lo que se agradece aquí, cuando paramos a las diez de la mañana para tomarnos un descanso, beber una taza de suave, dulce y sobre todo calentito té con leche! De todas formas, no es bueno dejarnos llevar por las apariencias. El primer día que hizo sol moderado por aquí, durante el camino de Nyumbani a Karen, como no pudo ser de otra forma… ¡me quemé! 🙂

¡Tatuonana!

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