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Archivo para la categoría ‘filosofía’

Originalidad

Jueves, 16 de octubre de 2008

Siempre me he sentido orgulloso de una definición que se me ocurrió a mi solito. En su momento me dije que Filosofía era esa rama del conocimiento en la que las preguntas eran más importantes que las respuestas. Ahí queda.

La definición tuvo su génesis en un juego mental con un antiguo compañero de facultad, con el que intentábamos averiguar la respuesta a una pregunta de hondo calado filosófico.

¿Somos libres? Es decir, ¿podemos decidir sobre nuestras acciones inmediatas, o nuestras decisiones ya están "escritas" en algún sitio? ¿Existe el Destino, la parada de tren a la que inevitablemente converge nuestro viaje vital, o en vez de eso construimos nuestro destino en cada momento, como si en cada instante llegáramos a esa estación terminal para llegar de nuevo en el siguiente instante?

2442045767_8600f8abfc ¡Ay! Seguro que la idea ha sido discutida, razonada, invertida, modificada, subida a los altares, destronada en los infiernos, debatida, cerrada y vuelta a abrir desde hace siglos. Pero ahí estábamos los dos, temerarios y envalentonados, intentando encontrar la respuesta. Si no somos libres —decíamos uno u otro—, si algo o alguien ya decidió por nosotros, esas decisiones deben encontrarse fuera de nuestra realidad, igual que los cables con los que funciona una radio quedan fuera de nuestra vista, en su interior. Si las decisiones formaran parte de nuestra realidad, también se verían afectadas por otras decisiones mismas que deberían quedar fuera, así que… Y por otro lado, si somos libres, entonces no hay nada escrito y…

Y todos los desvaríos que, con mayor o menor peso, o con mayor o menor carga de racionalidad, borboteaban en nuestra cabeza (pido un tanto de clemencia ante el ejemplo de "línea argumental" que manejábamos; ahora en perspectiva yo mismo los veo frágiles, casi infantiles, mal sustentados en todo caso :-) .

— Vale Wil, ¿y dónde quieres llegar?

Pues que en mi caso acabé con una conclusión: que no había forma de demostrar "desde dentro de nuestra realidad" si realmente éramos libres o no. Que deberíamos salir de nuestra realidad para poder contestarla. Y tengo malas noticias: la realidad es una cárcel, y no podemos escapar de ella. Somos la cárcel. Lo siento.

Ergo…

No puedes saber si eres libre o no, pero sí puedes pasar al siguiente nivel epistemológico: puedes creer en una de las opciones. Yo decidí creer que somos libres, con todas las dramáticas (y liberadoras) consecuencias que ello implica. Lo importante no es tanto la respuesta a la pregunta planteada, sino la actitud que tomas ante esta última.

Ergo…

En Filosofía, las preguntas son más importantes que las respuestas, porque te obligan a tomar una posición, sea la que sea, y vivir y actuar en consecuencia.

Y ahora llego, y ojeando un libro que me han prestado hoy mismo una persona por la que cada vez tengo más estima, leo:

Pues [en Filosofía] algunos consideran la pregunta más importante que la respuesta…

Michel Onfray
Antimanual de filosofía

¡Oops! Vaya… Ni dos frases… Anda que… O sea, que la definición no es mía original. Hmmm… ¿Será verdad que ya está todo pensado, todo inventado?

¡Ea! Me queda el consuelo de que, hasta enterarme, fue mía. De que se me ocurrió a mi sólo, aunque no fuera original.

Faltaría más ;-)

 

Imagen: Philosophy & Poetry, por Lawrence OP
Vidriera en la Iglesia de Santa María, en Buckland, cerca de Oxford.
Se da la peculiaridad de que la Filosofía está representada por un varón, y no por una mujer, que es su representación habitual. Este fotógrafo tiene una espectacular colección de fotos de vidrieras.

filosofía, mens sana

Por qué blogueo

Domingo, 12 de octubre de 2008

Hace poco que escribo este blog. Aunque la primera entrada la escribí el 25 de noviembre del 2005, no llevo ni un año en serio con él. Ahora que leo de nuevo esa entrada, siento un poco de vergüenza, qué le voy a hacer. Quizá tenga que ver con que nunca estoy satisfecho del todo con las cosas que hago (ser perfeccionista es lo que tiene), o con que es a la vez una presentación y una reflexión casi superficial, forzada, sin intención clara, sin mensaje, sin forma y sin enjundia (es mi post y lo critico como quiero, ¡estaría bueno! :-) , o que a pesar de todo, no me reconozco en lo que digo. Que he cambiado. Sí, es eso seguro. Tiene que ver con que he cambiado.

En todo caso, la entrada forma parte de mi pasado, de ése que era yo en aquel invierno de hace tres años, y ahora no voy a cometer el error de renegar de él, que sería lo mismo que renegar de mí, de extirparme una parte de mi vida. ¿Errores? Todos, así es el camino. Sea.

Pero me estoy desviando.

Digo todo esto porque llevo unos días dándole vueltas a una pregunta, aparentemente sencilla y casi fútil. Imagino que antes o después todo el mundo se ha hecho la misma pregunta. Por qué blogueo.

2316338825_d1fbe70046 Por qué. Por qué casi un año escribiendo con cierta frecuencia (que no constancia). Por qué no escribirlo en un cuaderno, por qué no en la moleskine que me acompaña casi constantemente, como una segunda memoria, mucho más fiable que la mía, no cabe la menor duda. Por qué compartirlo. Por qué no dejarlo. Por qué continuar.

Creo que la primera respuesta, aún siendo la más directa, es también la menos procedente: porque quiero, porque decido hacerlo. Pero es una respuesta que sólo desplaza el interrogante de una pregunta a otra, esto es, de "por qué lo hago" a "por qué quiero hacerlo".

Una pista me la dio Banyú.

Vives como piensas, piensas como escribes, escribes como lees.

(por cierto, no os perdáis su blog).

Para pensar, primero debe uno articular el pensamiento. Los que decidimos en su momento dedicar nuestra vida a ser y ejercer de ingenieros informáticos, sabemos por experiencia que hay problemas que son en apariencia tremendamente complicados de resolver. Mentalmente los "giras", los "descompones" en sus partes, analizas las relaciones entre ellas o buscas patrones en sus propiedades, siguiendo una línea de pensamiento guiada más por intuiciones e imágenes difusas que por palabras o conceptos claros.

Igualmente, sabemos que una manera estupenda de resolver un problema que se resiste pasa por contárselo a alguien. Es posible que no llegues a contárselo del todo: la solución aparecerá probablemente antes de que llegues a preguntarle cómo lo resolvería. El método funciona porque te obligas a transformar esa secuencia de intuiciones en una secuencia de palabras: ordenas tus ideas, las estructuras, les das forma para que otro pueda entenderlo. Y en ese proceso, el que acaba entendiendo el problema eres tú mismo.

Así que primera tentativa: blogueo porque comunicar mis pensamientos me ayuda a entenderlos, y en última instancia, a entenderme a mí. Y vivir en consecuencia.

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También blogueo porque tiene un aspecto práctico interesante: es una forma muy cómoda de consolidar mucha información encontrada por ahí, algunos pensamientos propios y quizá alguna idea, nunca original sino copia y combinación de otras. No hay que olvidar que caminamos sobre hombros de gigantes. El caso es que es una forma grata de registrar todos esos enlaces, videoclips, imágenes, citas, y textos varios en un sitio. Miento. Vilmente. No es el único sitio, pero es el único sitio en el que existe audiencia a la que todo eso puede resultarle (espero) útil.

Blogueo porque es una forma de salir de mí, de dejar de ser yo, de abandonarme, y de ser mis palabras. Porque las emociones hay que transformarlas en acción, sobre todo las dañinas, las tóxicas. Los hay que lloran, que gritan, que sacuden un saco colgado del techo, o que hablan sin parar. Otros corren sin saber muy bien a dónde, o ríen compulsivamente, o gesticulan, o la toman con alguien que no tiene la culpa de nada sólo porque es más débil. Otros, los de la familia, la toman con un cojín…

— You know, you know what I do when I’m mad, Paul? I hit a pillow. Just hit the pillow. See how you feel.
— There’s you fuckin’ pillow.
— Feel better?
— Yeah, I do
— Good

Una terapia peligrosa (Analyze this)
Lo siento, no lo encontré en español :-(

Y blogueo porque alguien me escucha, claro está. Clamar en el desierto está bien, pero está mejor si alguien te escucha —una instancia de mi teoría acerca de la no existencia de lo bueno y lo malo, sino de lo bueno y lo mejor. Una teoría que no siempre ha soportado los envites de la realidad tanto como a mi me hubiera gustado—. No seré yo quien diga que blogueo sólo por los que me leen (que es verdad, pero no toda la verdad) ni quien diga que blogueo sólo para mi (que es verdad, pero no toda la verdad). Eso sí, cuando dudo acerca de seguir escribiendo o no, me doy una vuelta por el feedburner o por los Analytics de Google y veo si alguien sigue ahí. A todos, gracias.

Perdone el lector esta nueva alusión [al autor], con la cual a un tiempo sufre mi modestia y se siente halagada mi vanidad.

La tesis de Nancy
Ramón J. Sender

[Así, entre nosotr@s, ahora que nadie nos oye, me resulta extraño, curioso como poco (y a la vez halagador) que haya gente que esté interesada en lo que yo tenga a bien contar, pero la prueba está ahí: efectivamente ¡hay alguien que escucha!. De nuevo, gracias].

brain-small Blogueo porque me costó entender que las ideas no nacen de un cerebro pensante, aislado del mundo que intenta asir, sino en la constante interacción entre distintas mentes. El progreso no es el resultado espectacular e inmediato de un esfuerzo individual, sino la propiedad emergente de la unión de muchas otras mentes, de la fusión de los pensamientos de muchas personas, y que avanzan lentamente en una especie de evolución darwiniana de las ideas. Mi blog, fuera de toda presunción, es también mi grano de arena en ese proceso: el canal por el que lo escrito por mí llegue acaso a sacudir alguna neurona. Por lo mismo, intento leer otros blogs y sacudir las mías, cada vez con más voluntad aquellos que son personales, las ONG de los blogs…

Blogueo porque como ser humano soy también ser social (ya lo dijo el de Estagira), y sociedad es comunicación. Hablo, escribo, leo, escucho… Ahora también posteo, twitteo, flickeo, onceocheo, blippeo, lasteo, strandeo y alguna cosa más. Blogueo porque es otra forma más de expresarme.

Blogueo, en definitiva, porque me busco.

 

Más información sobre las imágenes haciendo clic sobre ellas.

comunicación, en busca de mis valores, filosofía, internet, mens sana

¡Ay! La Vida…

Domingo, 12 de octubre de 2008

Lo mas terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.

Fragmento de Canción del elegido,
de Silvio Rodríguez

La culpa la tuvo Banyú.

filosofía, mens sana

Vivir un año

Sábado, 11 de octubre de 2008

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Cumpleaños,
Ángel González

filosofía, mens sana

Vientos favorables

Viernes, 10 de octubre de 2008

mifotodelviento

Cuando se navega sin destino, ningún viento es favorable.

…así que lo primero es decidir puerto, cómo no.

Visto en Mirando las musarañas

en busca de mis valores, filosofía

La verdad, la mentira, la liberación…

Martes, 7 de octubre de 2008

ErichFromm8 Hemos de preguntarnos dos cosas: si la conciencia puede, y cómo, ser liberadora; y además, si esta liberación es siempre conveniente.

No hay duda de que puede ser liberadora. Hay en la historia muchos ejemplos de que el hombre es capaz de liberarse de las cadenas del engaño, penetrando las raíces y las causas de los fenómenos. No me refiero sólo a los «grandes hombres», sino también a las muchas personas corrientes que, a veces por motivos desconocidos, rasgan el velo que les cubría los ojos y empiezan a ver. Después diremos más sobre esto, cuando hablemos del psicoanálisis.

La causa de su poder liberador puede residir en un aspecto: la firmeza que tenga la posición del hombre en el mundo dependerá de si es suficiente su percepción de la realidad. Cuanto menos lo sea, tanto más desorientado estará, más inseguro y, en consecuencia, más necesitado de ídolos ante los cuales inclinarse buscando seguridad. Cuanto mayor sea una percepción de la realidad, más independiente  y libre será y en mayor medida podrá encontrar dentro de sí mismo su propio equilibrio. El hombre es como Anteo, que se cargaba de energía tocando la madre tierra, de modo que su enemigo sólo pudo matarlo manteniéndolo levantado en el aire el tiempo suficiente.

La pregunta de si es conveniente que alguien se libre de su ceguera es más difícil de contestar. Suponiendo que la comprensión de los conflictos ocultos lleve a una solución positiva y, por tanto, a un aumento del bienestar, habrá pocas objeciones. Es lo que Marx esperaba si la clase obrera se hacía consciente de su situación. Si la clase obrera se desengañase, podría edificar una sociedad que no necesitaría del engaño (y podía lograrse, porque las condiciones históricas estaban maduras). Freud creía que la comprensión de los conflictos ocultos entre las fuerzas conscientes e inconscientes tendría como consecuencia la curación de la neurosis.

Pero, ¿y si el conflicto no puede resolverse? ¿No saldrá mejor parado el hombre viviendo engañado, si una dolorosa verdad no le ayuda a liberarse en la realidad? Si, como Marx y Freud creían, las enseñanzas religiosas eran un engaño, ¿no eran un engaño necesario, si es que el hombre había de poder sobrevivir? ¿Qué le habría sucedido, de haberse desengañado, para no sentir sino desesperación, sin ver posibilidad alguna de un orden social más humano, ni de un mayor bienestar personal? O bien, si un sádico obsesivo pudiese reconocer las causas de su padecimiento, pero, por motivos posibles, supiera también que no puede cambiar: ¿no le convendrá más seguir ciego, creyendo sus propias justificaciones?

¿Quién se atrevería a contestar? A primera vista, el hecho de no querer hacer sufrir innecesariamente a nadie parece razón suficiente para no querer desengañarlo. Lo dudo, sin embargo. ¿No es lo mismo que si debe decirse o no la verdad a un paciente sobre su enfermedad mortal? ¿No le arrebataríamos la última oportunidad de afrontar su vida, de reunir todas las fuerzas internas que no hubiese movilizado todavía y de elevarse del miedo a la serenidad y a la fortaleza de ánimo? Siempre se ha discutido mucho sobre esto. A mí me parece que los más interesados se negarán a escoger por principio una u otra solución: dirán que depende de la personalidad del moribundo y que no se puede juzgar antes de apreciar su actual y potencial fortaleza de ánimo, ni de conocer su deseo más hondo, a menudo tácito. Pero me parecería inhumano querer imponerle la verdad, en la rígida convicción de que es forzosamente «lo mejor para él».

Del tener al ser
Erich Fromm

filosofía, mens sana, what is the matrix

Entre la comodidad y la exigencia

Jueves, 2 de octubre de 2008

Normalmente llego al trabajo algo más de una hora antes de la hora oficial de entrada, pero no llego a entrar, y en vez de eso me quedo justo enfrente, tomando un café, mientras trato de adaptarme paulatinamente al ritmo diario. Entrar en el trabajo prácticamente un instante después de despertarse es como despertarse con un jarro de agua fría: el mundo no te esperaba tan pronto, ni tú a él. Nada bueno, no…

Tomando ese café que te digo he visto a una de las alumnas de aquí dando instrucciones a una chica sudamericana acerca de las tareas de la casa que debía realizar hoy. "Limpiar detrás del mueble grande del salón", le decía, "y no te olvides de la lavadora". Continuaba la chica con su retahíla: "Deja las llaves encima de la mesa, hay una cosa roja para…"

La chica no tendrá más de veintipocos años, pero se ve que hace su vida emancipada de sus padres, que quizá viven en alguna otra provincia y eso la obliga a tener alquilado un piso. Vamos, digo yo… El caso es que no he podido evitar que un pensamiento fugaz me cruce la frente: "Así es bien fácil vivir".

La reflexión ha ido al final un poco más allá, y es la que quiero compartir. Esta chica puede, tiene los medios (o sus padres, para el caso) y lo hace. Es probable que no haya conocido el esfuerzo de llevar una casa por su cuenta, sin ayuda de nadie. Ni falta que le hace. Sin embargo…

Sin embargo, sabemos que damos lo mejor de nosotros mismos cuando nuestras necesidades están un punto por delante de nuestros recursos, como bien supo apuntar el maestro Ortega. Si nuestras necesidades están cubiertas y aún más allá, nada nos obliga a esforzarnos, a llegar a ser un poco más. ¿Habríamos desarrollado una mente si en su momento la comida no hubiera sido difícil de conseguir? ¿O la musculatura que permite movernos?

1743995_7950ad9579_mY las cosas tampoco pintan bien en el otro extremo. Ante una necesidad que supere con creces nuestras posibilidades de salvarla el cuerpo y la mente rompen, se deshacen, desbordadas por lo inatacable. Pero en esta zona, poco podemos hacer: los recursos son sólo aquellos de los que disponemos, y las necesidades nos vienen impuestas. Me interesa más ese punto en el que es nuestra voluntad la que parece entrar en juego, cuando nos planteamos un reto a primera vista gratuito e innecesario. Nada nos obliga excepto nosotros mismos. Nada obligaba a la estudiante a la que antes me refería a hacer las tareas del hogar, de hecho no lo necesitaba (queda claro que la reflexión se apoya en la hipótesis que me he dado por cierta, y no sobre otras tantas que hacen, por ejemplo, que delegar las tareas de la casa en otra persona sea en su caso una necesidad).

¿Qué hace que una persona sea exigente, frente a otra que se conforma con lo que tiene al alcance de su mano? ¿Por qué algunas personas buscan ese algo más que queda fuera de su círculo más inmediato? ¿Tiene sentido mantener una lucha por hacernos la vida más fácil y a la vez buscarnos complicaciones que nadie ha pedido más que nosotros mismos? ¿Dónde está el límite de exigencia personal?

Lamento dejar todas esas preguntas en el aire. Por desgracia, no dispongo de las respuestas. Ya me gustaría. Pero las dejo ahí porque al menos inician el camino de una reflexión. Quizá innecesaria, todo sea dicho, pero ¡qué demonios! Es mi reto personal.

¿Qué piensas tú?

 

La imagen, que parece ser un Sísifo en barro, es de José Encarnação.

en busca de mis valores, filosofía

Leer

Domingo, 31 de agosto de 2008

quevedo Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo

Llegué a él por una nota en este texto:

baltasargracian[...] sobre los favores de la naturaleza asienta bien la cultura, digo, la estudiosidad y el continuo trato con los sabios, ya muertos en sus libros, ya vivos en su conversación. La experiencia fiel, la observación juiciosa, el manejo de materias sublimes, la variedad de empleos, todas estas cosas vienen a sacar un hombre consumado, varón hecho y perfecto, y conócese en lo acertado de su juicio, en lo sazonado de su gusto; habla con atención, obra con detención; sabio en dichos y cuerdo en hechos, centro de toda perfección.

El hombre en su punto (Diálogo entre el doctor don Manuel Salinas y Linaza, canónigo de la Santa Iglesia de Huesca, y el autor), realce XVII, en El Discreto, de Baltasar Gracián.

Entre sus obras, Gracián tiende multitud de puentes. A la cita anterior llegué cruzando uno de ellos desde aquí:

Hombre en su punto. No se nace hecho: vase de cada día perfeccionando, en la persona, en el empleo, hasta llegar al punto del consumado ser, al complemento de prendas, de eminencias. Conocerse ha en lo realzado del gusto, purificado del ingenio, en lo maduro del juicio, en lo defecado [depurado] de la voluntad. Algunos nunca llegan a ser cabales, fáltales siempre un algo; tardan otros en hacerse. El varón consumado, sabio en dichos, cuerdo en hechos, es admitido y aun deseado del singular comercio de los discretos.

Aforismo 6, en Oráculo manual y Arte de Prudencia, Baltasar Gracián

Un camino, mil bifurcaciones…

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¿Dónde lo dejé?

Lunes, 11 de agosto de 2008

Me levanto por la mañana. El despertador me rescata de los brazos de Morfeo y me lleva de nuevo a la vida consciente, con voz de comentarista de noticias. Empieza un nuevo día.

En mis abluciones estoy acompañado por la música de una sintonía de radio fórmula, que por pereza no cambio a otra más "seria".

Desayuno con café, una tostada, una fruta y el noticiario de La Primera. Algunas ya las había oído al despertar, otras son nuevas, todas refuerzan el titular con una imagen… Reviso que no me deje nada, echo un último vistazo a las tareas del día, me cargo con el pan nuestro de cada día que es el portátil, la agenda, los cachivaches electrónicos, mi libro de turno y salgo disparado. Hoy será un día intenso.

El ruido de la vorágine urbanita, con sus sinfonías de cláxones, sus adagios de alarmas de la policia, los bomberos y las ambulancias, y los conciertos de los motores gasolina y diesel, aterriza en mis odios, apenas despiertos aún, elevando un nivel más mi consciencia. Me sumerjo en las entrañas de la ciudad, y tomo el metro.

Una amable señorita me recuerda por megafonía los tramos cerrados y los problemas de tráfico en cierta línea, a la que no hago demasiado caso porque no es la mía. Ya en el andén, el jumbotrón entre las vías atrae involuntariamente mi atención, a pesar de que ayer decidí que no iba a dejarme llevar y resistiría la tentación hundiéndola entre las hojas del libro de turno. Compruebo, y me consuelo como los tontos, que los demás también lo hacen.

El convoy interrumpe bruscamente mi conexión con la pantalla (de la que no me ha quedado muy claro qué me ha transmitido) con la presencia y estruendo típicos, ayudado por los ecos de la bóveda que transita. El dejar salir antes de entrar se cumple a medias, y algunas bolsas de los que han llegado a su estación se atascan con los brazos de los que entran. El chun chun del vagón y los avisos de una amable pareja avisando de las paradas a las que vamos llegando me acompaña hasta la parada final. En la superficie, las cosas no han cambiado mucho y se mantiene la misma composición musical que dejé al adentrarme en las tripas madrileñas.

La entrada en el trabajo supone el habitual y, por otro lado más que cortés, recepción de "buenos días", buenos deseos que espero se cumplan.

El trabajo es el que es. Reuniones, charlas informales, contestaciones inmediatas al niño caprichoso que es el teléfono, que no para de gritar en todo el día. La impresora hace su trabajo, para eso está hecha. Las conversaciones de un lado al otro de la oficina ondulan como sonora brisa. Ocho horas pasan sin darte cuenta.

Ya de vuelta, y de nuevo en un vagón del metro, un adolescente con pintas de mafioso en prácticas disfruta de la música de su móvil, y la comparte con todos nosotros por altavoz, imagino que con la intima convicción de que necesariamente nos gusta lo que escucha, porque lo escucha él y a él le gusta.

Al llegar a casa, me siento nada más llegar, agotado, sin ganas de hablar. Poco después, me pongo a preparar la cena, que hoy me toca. Aunque no es tampoco algo que desee con mucha ilusión, acompaño el hervor de aquí y la fritura de allá con una cadena de música melódica o, si apetece y acompaña, alguna de clásica. Algunas veces, las menos, la radio me regala alguna composición de jazz.

Si no hay charla agradable, descuidada y a salto de mata sobre las jugadas del día, a la cena también asisten los locutores de Antena 3 que repiten de nuevo las noticias harto sabidas ya, quizá con alguna pequeña novedad y rellenando los huecos con lo más visto en Internet. El deporte —raro que es uno— pasa a ser sordo rumor en alguna de mis neuronas. Las noticias sobre el tiempo corren la misma suerte.

Cuando ya quedo compañero de la almohada, y mientras escucho las tertulias de la noche sobre ningún asunto nuevo, o al menos disfrazado de novedad, me asalta una duda…

— ¿Dónde —me pregunto— me dejé el silencio?

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Cosas importantes

Lunes, 11 de agosto de 2008

The main things which seem to me important on their own account, and not merely as means to other things, are knowledge, art, instinctive happiness, and relations of friendship or affection.

Las cosas más destacables que me parecen importantes por sí mismas, y no meramente como medios para otras cosas, son el conocimiento, el arte, la felicidad instintiva, y las relaciones de amistad o afecto.
Bertrand Russell

¡Qué gran frase, mister Russell!

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