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Archivo para la categoría ‘filosofía’

Optimismo

Lunes, 24 de Mayo de 2010

De uno de los blogs que resigo desde hace poco (resigo porque ya lo seguí en su momento y lo dejé, y porque la palabra no existe), copio una cita de mi admiradísimo José Ortega y Gasset. Es esta:

Ver no es algo que nosotros hacemos, sino algo que nos pasa. Lo primero que hacemos nosotros viene después de ver. Y es sobremanera curiosa esto que primero hacemos. Porque consiste en mirar en derredor, en nuestro contorno social buscando, sea en las conversaciones, sea en los libros -por tanto, y en suma, ahí en derredor, ahí en nuestro mundo-, algunas palabras, algunas opiniones que nos aclaren lo que esa cosa, para nosotros más o menos nueva, es. Se trata de un primer movimiento, elementalísimo, como instintivo, que todos tenemos. Debía haberse hecho notar, porque revela algo estupendo. Revela que el hombre, en su primer movimiento, espera, confía en que eso de que ha menester- en este caso, una aclaración- lo hay ahí, en el mundo. Por tanto, que en el mundo hay lo que el hombre necesita. Por tanto, que el mundo es bueno y que da gusto estar en él. ¡Estupendo!, ¿no es cierto? Todas las experiencias sufridas, todos los desencantos, todas las angustias que ha padecido desde hace un millón de años, no han sido capaces de impedir que el hombre en primer movimiento sea optimista. El sencillo fenómeno tiene una trascendencia que no es fácil exagerar. Porque hay sobradas razones para que el hombre no sea optimista y no hay ninguna para que de suyo, inicialmente y en su más pura espontaneidad, resulte que lo es.

Papeles sobre Velázquez y Goya
José Ortega y Gasset.

Me voy a permitir una adenda. Sencilla, una observación al pensamiento del maestro. Además del mensaje optimista, también percibo un aspecto más. Lo primero que hace es buscar, es cierto, pero no lo busca en cualquier sitio. Palabras, opiniones. Contorno social. Lo busca en sus semejantes.

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Cuando las palabras no sobran

Domingo, 20 de Diciembre de 2009

No os perdáis esta exposición de motivos.

Gracias, Sergio.

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La profundidad cotidiana

Miércoles, 10 de Junio de 2009

¡Cuán a menudo pasan inadvertidos a nuestros sentidos la caterva de pequeños gestos cotidianos que inundan nuestros días, uno tras otro, y que no por ello se encuentran exentos de un profundo significado!

Fíjate bien, están ahí. ¿Cuáles son los tuyos?

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La maldición para poder soñar

Jueves, 2 de Abril de 2009

443px-William_Faulkner_1954_(3)_(photo_by_Carl_van_Vechten) La vida es movimiento y el movimiento tiene que ver con lo que hace moverse al hombre, que es la ambición, el poder, el placer. El tiempo que un hombre puede aplicarle a la moralidad tiene que quitárselo forzosamente al movimiento del que él mismo es parte. Está obligado a elegir entre el bien y el mal tarde o temprano, porque la conciencia moral se lo exige a fin de que pueda vivir consigo mismo el día de mañana. Su conciencia moral es la maldición que tiene que aceptar de los dioses para poder obtener de éstos el derecho de soñar.

William Faulkner

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El pequeño Kyō

Lunes, 2 de Febrero de 2009

En ocasiones me ha resultado útil, y por eso quiero compartirlo con vosotros.

Luego oyó la voz de Hahao como un susurro.

—¿Queréis que os explique cómo logré yo superar esa sensación de desamparo?

Kyō volvió a asentir.

dream_of_samurai—Se trata —empezó a explicar Hahao— de una especie de ejercicio que descubrí un buen día poco después de tener mi propio hijo. Consisten en lo siguiente. Permaneced con los ojos cerrados y recordad por un momento al pequeño Kyō de ocho años en la época en que sucedió aquel trágico episodio. Es un niño lleno de vida, pero está triste, muy triste. Y solo. Se ha quedado sin aquello que más amaba y necesitaba: el amor primordial de sus padres, especialmente de su madre. ¿Lo tenéis?

Un río de lágrimas resbalaron entonces por las mejillas de Kyō, que no dejaba de asentir.

—Ahora, sin dejar de imaginar al pequeño Kyō, pensad en el Kyō adulto, en vos, un joven fuerte y valeroso, capaz de derrotar a cualquier enemigo con vuestra inteligencia y con la fuerza de vuestra inagotable voluntad. Y también capaz, como habéis descubierto hace poco, de abrazar a un bebé y darle el calor que necesita para sentirse seguro. Dibujad en vuestra mente la imagen de este Kyō que sois hoy, un adulto responsable, compasivo y generoso. ¿Ya está?

Más lágrimas y más asentimientos, y un fuerte estremecimiento y un calor indescriptible en la palma de la mano en contacto con la de Hahao.

—Ya estamos llegando, aguantad. Y preparaos para un momento muy emocionante, para una sensación de paz infinita. Imaginad ahora que el Kyō adulto que sois hoy abraza fuerte y consuela al Kyō pequeño que seguís siendo. Y que le susurra palabras suaves al oído y le acaricia el pelo y le dice que ya nunca, jamás de los jamases, estará solo en el mundo.

Entonces, como si soñara con la idea misma del consuelo, Kyō sonrió confiado y noto una confortable sensación de seguridad.

Y acudió a su mente la idea de que nada ni nadie podría romper en el futuro aquel lazo de confianza que acababa de establecer con su niño interior.

Y pensó también que protegería la vida del pequeño Kyō con todas sus fuerzas y con todo el arrojo que, en el pasado, había empleado para evitar su recuerdo.

El valor del samurai
Josep López Romero

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The Sky in Motion

Miércoles, 21 de Enero de 2009

El principal argumento que la Iglesia del siglo XVII esgrimía contra las ideas de Galileo era que se contradecían con lo revelado por la Biblia. En concreto, el texto sobre el que se apoyaban era el capítulo 10 del libro de Josué:

[12] Aquella vez, cuando el Señor puso a los amorreos en manos de los israelitas, Josué se dirigió al Señor y exclamó, en presencia de Israel: "Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Aialón". [13] Y el sol se detuvo, y la luna permaneció inmóvil, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está eso escrito en el libro del Justo? El sol se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia el poniente casi un día entero.

No les recrimino su cortedad de miras. A la luz del siguiente vídeo (para el que os recomiendo reservar unos nueves minutos, el doble de lo que dura), es muy fácil pensar que somos nosotros los que estamos quietos y que todo lo demás se mueve. Os dejo con el vídeo y luego os planteo una cosita…


túrána hott kurdís by hasta la otra méxico! from Till Credner on Vimeo.

The Sky in Motion

Alucinante, ¿verdad? Ahora, si todavía tenéis tiempo y algo de paciencia, probad a verlo de nuevo, pero haciendo el esfuerzo de pensar que es el cielo el que está quieto, y que lo que se mueve es la tierra (y por tanto, nosotros). Notaréis que es más fácil en las secuencias en las que aparecen estrellas.

Y ahora me pregunto yo… ¿Cuántas veces nos pasa que tenemos una opinión construida sobre soles móviles que se paran en medio del cielo, y descartamos hacer el esfuerzo de ver que los soles están parados y somos nosotros los que nos movemos? El esfuerzo es considerable. Ya lo habéis comprobado…

Vía Astronomy Picture of the Day

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El éxito de todos los fracasos

Domingo, 28 de Diciembre de 2008

311283302_0aeffc3829 Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

Para que yo me llame Ángel González
Ángel González

 

Visto en un vagón del Metro de Madrid.
La foto se llama
Walk on gold y es de mdezemery.

filosofía, mente, poesía

Un castillo

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

Puedo tener defectos, vivir ansioso y estar irritado algunas veces, pero no me olvido de que mi vida es la mayor empresa del mundo y que puedo evitar que vaya a la quiebra.

Ser feliz y reconocer que vale la pena vivir a pesar de los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis.

Ser feliz y dejar de ser víctima de los problemas y ser el autor de la propia historia. Y atravesar desiertos enormes, y ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito del alma. Y agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.

Ser feliz y no tener miedo de los propios sentimientos. Y saber hablar de uno mismo. Y tener la valentía para oír un "no". Y tener la seguridad para recibir una crítica, aun cuando fuese injusta.

belmonte¿Piedras en el camino? Guardo todas, algún día voy a construir un castillo.

 

 

 

Fernando Pessoa (n. Lisboa, 13 de junio de 1888 – m. Lisboa, 30 de noviembre de 1935).

La imagen del castillo pertenece a la Fortaleza de Belmonte, un castillo medieval de diseño gótico en Cuenca, España.

filosofía, mente

Soy como soy

Jueves, 4 de Diciembre de 2008

En estos últimos días, MundoReal™ se ha llevado mucho de mi tiempo, casi en partes iguales repartido entre familia, amigos, trabajo, estudio, trabajo, reflexiones, y otras cosas por ahí.

Siempre que me ocurre eso, acabo con miles items en mi guguelrider y acabo usando más el botón "Marcar todos como leídos" que ningún otro. Hay una sección, sin embargo, que no dejo de leer: son los blogs bajo la carpeta "Gente". El caso es que acabé leyendo un cuento y me vino a la cabeza otro que leí, y que me gustó mucho. Me gustaría compartirlo con vosotros.

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Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante, que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

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El misterio sigue pareciéndome evidente.

¿Qué lo sujeta entonces?

¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño”.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.

Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…

Extraído del libro Déjame que te cuente, de Jorge Bucay.

¿Soy como soy?

La magnífica foto del circo es de def110. y la del elefante encadenado es de Swamibu.

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Mérito

Viernes, 21 de Noviembre de 2008

OlivierHam1948L_228x329 Unos cómicos, encontrados en el camino por Ricardo, son invitados al Palacio de Hamlet. Éste, preocupado por su acomodo, ordena a Polonio, el sumiller de Corps, que se encargue de ello.

Hamlet.- Basta ya; presto me dirás lo que falta. Señor mío, es menester hacer que estos cómicos se establezcan, ¿lo entiendes? Y agasajarlos bien. Ellos son, sin duda, el epítome histórico de los siglos, y más te valdrá tener después de muerto un mal epitafio, que una mala reputación entre ellos mientras vivas.

Polonio.- Yo, señor, los trataré conforme a sus méritos.

Hamlet.- ¡Qué cabeza ésta! No señor, mucho mejor. Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde a tu nobleza, y a tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor será tu bondad. Acompáñalos.

Hamlet, Acto II, Escena X (extracto)
William Shakespeare

El texto completo podéis encontrarlo en Cervantes Virtual.

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