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Archivo para la categoría ‘en busca de mis valores’

Thank you

lunes, 21 de febrero de 2011

How bout getting off of these antibiotics
How bout stopping eating when I’m full up
How bout them transparent dangling carrots
How bout that ever elusive kudo

Thank you Kenya
Thank you terror
Thank you disillusionment
Thank you frailty
Thank you consequence
Thank you thank you silence

How bout me not blaming you for everything
How bout me enjoying the moment for once
How bout how good it feels to finally forgive me
How bout grieving it all one at a time

Thank you Kenya
Thank you terror
Thank you disillusionment
Thank you frailty
Thank you consequence
Thank you thank you silence

The moment I let go of it was
The moment I got more than I could handle
The moment I jumped off of it was
The moment I touched down

How bout no longer being masochistic
How bout remembering your divinity
How bout unabashedly bawling your eyes out
How bout not equating death with stopping

Thank you Kenya
Thank you providence
Thank you disillusionment
Thank you nothingness
Thank you clarity
Thank you thank you silence

Thank you,
Alanis Morissette

en busca de mis valores

Dos mil diez

jueves, 30 de diciembre de 2010

Caeré en el tópico.

Y eso a pesar de que un fin de año no es más relevante a efectos prácticos que cualquier otra fecha del año. Podríamos evaluar qué tal nos fue desde el último comienzo de curso académico, o desde el último equinoccio. Desde nuestro cumpleaños, o desde el último día para entregar la declaración del IRPF. También podríamos evaluarnos cada tres meses, o cada cuatro. O cada dos años. O cada 300 días exactos. Cualquier fecha es buena. Por eso precisamente caigo en el tópico.

Lo que es indiscutible es que es una buena estrategia ésta de revisar qué hemos hecho (y no hemos hecho). No con el ánimo de fustigarnos, o elevarnos a los altares, sino de hacer una revisión crítica de nuestra última vuelta al Sol. De mirar hacia atrás, es decir, de irnos a las primeras páginas de nuestro diario o agenda y de contrastar qué tal nos fue en nuestros objetivos, hasta qué punto hemos cumplido con nosotros mismos. Aquí va lo mío…

El principal de mis objetivos, y al que por desgracia o fortuna, todos los demás han quedado relegados, ha sido el proyecto Norman. Este objetivo está siendo más o menos fácil de conseguir, porque el plan de estudios, las prácticas, y las fechas vienen todas dadas, así que lo único que hay que hacer es esforzarse en estudiar, y cumplir con las fechas. Lo terminaré el próximo marzo, y eso planteará nuevos objetivos y miras que aún estoy dilucidando.

Respecto al proyecto Albión, darle tralla a la lengua de Shakespeare, he de decir que aunque se ha avanzado, todavía queda mucho camino por recorrer. Me lo he pasado pipa con Ted Robin, Lily y Marshall y Barney (mi favorito), viendo How I met your mother, me vi algún que otro capítulo de Futurama, comprobé lo complicado que es comprender a la gente de Bones, y salté de aquí a allá con Fringe, Warehouse 13 y algunas otras. Pero lo más relevante en ese sentido es haber conocido a Iain, mi partner en estos temas de intercambio cultural. Fue gracias a Miriam que vio una oportunidad de compartir conmigo la suerte que tuvo de trabajar con él. Iain es una persona increíble, de los que te cruzas muy de vez en cuando. Aunque nos encontramos sólo unas pocas veces, ha dejado marca, y en el fondo le echo de menos. Espero que le vaya muy bien allí en Edimburgo, con Claire y su bebé.

El proyecto Newton, el que tiene que ver con la fuerza con la que la Tierra y yo nos atraemos mutuamente, ha sido un completo fracaso (aunque siempre podría haber ido a peor), algo que el burndown chart que me hice al efecto me echa en cara, burlón, todos los días. Pero mira, entre él y yo, ganaré yo.

El resto de los objetivos, de menos envergadura, han sido cumplidos en menor o mayor medida, aunque por su naturaleza deben extenderse aún unos pocos meses en el año que viene. Formarán parte del cuadro de objetivos del año que viene, pero sabiendo que les queda poco de vida. De cuáles son y de cómo han ido se dará cumplida cuenta en su momento 🙂

El tiempo en 35mm ¿Y ya en concreto y fantaseando un poco a lo Big Fish sobre las cosas que ocurrieron este año? Pues veréis: arranqué el año rebautizado como psicólogo de programas, algo que me encanta, y bajo una hermosa frase tuiteada por Lola. Recibí el regalo iluminado de Antonio. Pateé Madrid buscando su luz rodeado de amigos. Me recetaron comida africana, con la promesa de compartirlas con aquellos que me lo recetaron. Decidí apuntar al cerebro en un Gimnasio para la Mente. Aprendí a ver la vida en 35mm a través de una nueva lente, respiré el aire sevillano en primavera, me permití robar parte de la ilusión que una veintena de personas tenían puesta en lugares tan distantes como Karen e Ilo, y me ayudaron a recordar gratas experiencias pasadas.

Me confirmaron en mi idea de regresar, por cierto.

Me lancé en rápel, y descubrí al querer hacerlo que mi aversión al riesgo había bajado puntos. Me escapé de una cárcel de cuerdas con la ayuda de mis compañeros, y con ellas hicimos un cuadrado a ciegas. Felicité por primera vez a un viejo amigo casi olvidado. Perdí al que fue la raíz de mi nombre, deseando con todas mis fuerzas que los hombres buenos no murieran nunca. Volví a vivir África en el escenario de África Vive, con mis compis de Amigos de Nyumbani, rodeados de batiks y percusiones. Navegué mares de papel con la compañía imprescindible de Miriam, Arol, Ernesto y Alma. Sobrevolé el cielo de Madrid desde la azotea del Círculo, protegido por Palas Atenea. Volví a rasgar las cuerdas de mi raqueta, imitando a Mark en aquella bendición que es Alchemy. Volé a lomos de un A380 en construcción, y fui testigo del (casi) nacimiento de un Eurofighter. Me vestí de nuevo con la bata de profesor chiflado para proyectar una mudanza con Project 2007. Pisé de nuevo el Auditorio. Desvirtualicé a Diego y un poco más tarde a Olga. Desvirtualicé a Alejandra (en América), una mujer excepcional sin duda. Conocí en persona al Chico de la Bolsa, y a la legendaria Angie. También cayeron en la red de la realidad, Sylvia, José Luis, Claudia y Mario, en la primera blipada a la que acudí.

Inside music Compartieron conmigo una de las 11870 ideas que esta gente crea al año. Me sentí orgulloso (nunca vanidoso) y honrado por haber ganado un premio pequeño pero con mucho significado para mí. Me puse en la piel del quinto Beatle de la mano de Jorge y Susan, y en compañía de Miri, Arol, Ernesto, Alma, el ya no tan pequeño Dani, Luisete, Laura y el pequeño Eric, lo que ayudó a rebajar el impacto que el maligno doctor Retired le propinó al Batmóvil. Recordé de nuevo lo que es trabajar con un buen equipo, y lograr cosas más allá de uno mismo, gracias al Equipo 2 (la vez anterior fue gracias al equipo que hizo posible PlanDoc). Espié el aterrizaje de aviones en mi primer planespotting (que yo rebauticé como plainspotting, quién sabe por qué). Fui a Zaragoza para reencontrarme con Óscar, Arantxa, Hugo y la pequeña Luna, tan pequeña que no había nacido aún. Llevé a la Virgen de Belén y me escapé unas horas a mi querida Sevilla. Y subí a Santurtzi para saldar una cuenta en números rojos desde hacía tiempo con Indye, a la que agradezco de nuevo los días que me regaló para conocer mejor aquella ciudad en su compañía. Glorioso el Maloka 😉

Al final casamos a Raquel y a Diego, en un día en el que me poseyó el Espíritu de la Risa. Me regalaron dos abrazos inesperados, uno de un volcán asturiano y otro de un amigo que regresó con la intención de irse a Kenia a vivir, de lo que me siento en parte culpable y responsable. Gestioné durante unos pocos días el almacén de una bodega, y estudié la estructura de costes de algunas empresas. Buceé en la cuenca de Santos para encontrar que economía, política, recursos naturales y finanzas están mucho más vinculadas de lo que puede deducirse de un titular, y me atreví a contárselo a Mipedro. Descubrí que paraqué es mucho más útil que porqué, y el mundo de las soft skills me hizo verlo todo “con pelotitas”. El que pregunta dirige. Descubrí que los astronautas también hacen huelga (o motín, mejor), que los tributos y los convenios laborales son leyes, que Kelsen ideó una pirámide, y que el IRPF es más fácil de lo que parece si te lo explica alguien tan apasionado como Antonio. Gracias.

Descubrí a Lori Meyers, a Lusine, a Pixies y a Metronomy. A The xx, y a Crystal Castles, me traje a Nikolai del pasado, y me (re)encontré con Crystal Method. Digitalism, Hybrid, Tastexperience, Aphex Twin, Magnetic Man, Sascha Funke, Booka Shade y tantos otros también se unieron a la fiesta, en un año más bien prolífico por lo promiscuo que ha sido musicalmente hablando.

Y tantas otras cosas, unas ocultas en mi memoria, otras detrás de todo lo que ha dado el año de sí, tantas cosas que no he escrito en esta entrada, pero que forman ya parte de mí. Sentimientos y emociones nuevos y reencontrados, y una sensación de haber profundizado un poco más en mí, en los demás, y en el mundo que me rodea. Quizá no tanto como en otras ocasiones, pero los pasos llevan lo que llevan. Ni más ni menos.

Siento que es casi obligado acabar todo esto que os he contado con un resumen, algo que cierre lo expuesto, el epílogo del 2010. Se me viene una única palabra. Gracias.

Gracias.

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De círculos, metas y preguntas

martes, 2 de noviembre de 2010

Quién no conoce uno de esos círculos viciosos… Los hay de muchos tipos, como el del huevo y la gallina, en el que la explicación de uno surge de la existencia de otro, y así sucesivamente. Da igual lo que contestes, tu oponente en el duelo dialéctico estará obligado a contraatacar haciéndote ver la verdad de lo contrario, y demostrándose con ello la verdad de tu argumento. Ambas cosas parecen ser ciertas, y ambas cosas parecen ser falsas. A la vez.

Otro recurrente es el de la llamada “televisión basura”. Unos argumentarán que la oferta de esa televisión satisface las necesidades audiovisuales de cierto segmento de la población (algunos se atreverán también a decir que es la mayoría de la población). Otros defenderán que la existencia de ese grupo de consumidores surge por exposición a esos programas. ¿Qué será cierto? ¿Que la oferta define la demanda o que la demanda modula la oferta? ¡El círculo vicioso está servido!

Salir del círculo vicioso es difícil. Difícil porque nos mantiene ocupados en algo que satisface nuestra necesidad de argumentar, de tratar de convencer a nuestros oponentes en la incruenta batalla de las palabras. Difícil porque nos ofrece un mecanismo de satisfacción de esa necesidad que, ohseñorgraciasalcielo, no terminará nunca, y así está garantizada durante todo el tiempo que queramos.

escher_1 Sin embargo, es necesario salir de él. Por dos motivos que en el fondo son uno mismo. Primero porque consume nuestras energías sin que se produzca ningún resultado modificador. Nada nuevo surge del contraste y colisión de tesis y antítesis. Ninguna nueva síntesis que llevarse a la boca. Y mientras tanto Hegel removiéndose en su tumba. Segundo, porque nos desvía del verdadero problema. ¿Qué problema se resuelve si averiguamos que primero fue la gallina? ¿Cuál si primero fue el huevo? ¿Qué problema se escuda, oculto, tras la discusión entre el oferta y demanda en la televisión, tras la gallina-programa y el huevo-espectador? Contestar la pregunta se transforma en el nuevo problema, y se olvida el problema que originó la pregunta.

Afortunadamente, la misma definición de círculo vicioso nos aporta un salida que, por su naturaleza circular, está clara: podemos salirnos en el punto que nos apetezca. El huevo. La oferta. Pero sal. Como un Alejandro Magno de andar por casa, decidimos deshacer el nudo de Gordias de Gordión por el uso expeditivo de la espada y en lado de la cuerda que nos convenga, nos interese, o nos dé igual. Y a otra cosa mariposa.

Hay una segunda manera. Me la descubrieron el otro día en la clase de Gestión de Personas y Habilidades Directivas. Siempre había defendido que, entre las preguntas, había una mucho más potente que las otras. Por encima de “qué”, “quién”, “cuándo” o “cómo”, surgía reinante “por qué”. Todas tienen sus fuerzas, y en último extremo todas son importantes y deben ser contestadas. Pero es el “por qué” lo que nos descubre los motivos, la finalidad, el objetivo, o la meta. Es la que mueve, la que inicia la acción, mientras que las otras la complementan describiéndola.

Estaba equivocado. En la mayor parte de las situaciones, contestar a “por qué” nos lleva a los motivos más superficiales o, en otros casos, a los motivos que la originaron en el pasado. ¿Por qué estás leyendo este post? Porque estás suscrito, porque te ha salido en el feed, porque te lo han enviado. Son explicaciones más que motivos. Hay una pregunta que excava más profundamente, que intenta buscar la veta esencial. Esa pregunta es “para qué”.

Haz la prueba.

PS: Después de contestar a ese “para qué” en vez de “por qué estoy leyendo este post”, no podré echaros en cara que mi número de lectores disminuya. Para los que lo decidan cancelar la suscripción, buen viaje y gracias. Para los que se queden, gracias y feliz estancia… 🙂

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Libertad

miércoles, 27 de octubre de 2010

Don Quijote, Dalí, 1959La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

Don Quijote de la Mancha
Capítulo
LVIII de la Segunda Parte

La ilustración es de Dalí, Don Quijote (1959)

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Vivo

miércoles, 31 de marzo de 2010

lifeMe levanto temprano, meto todos los apuntes en la cartera y me voy por ahí a estudiar. De paso, me llevo el netbook y actualizo y reviso mi presupuesto, un fichero excel metido en mi memoria usb. Mi agenda me avisa de las cuatro tareas que tengo que hacer hoy sí o sí, y aprovecho para echarle un vistazo a la lista de proyectos y a la lista de cosas incubándose. Cojo el coche y me bajo a Sevilla de sorpresa, para ver a la familia y profundizar en la amistad de nuevos amigos. Arrastro a mi madre, cómo no. Elaboro la cuenta de resultados y el balance de Indizar, la versión accesible de las cuentas de Inditex, y compruebo satisfecho que cuadra. También han caido en las manos de mi calculadora los balances de Toys y Friafinca, que resulta ser Campofrío. Examen de Análisis Contable: las cuentas de Gas Natural antes de comprar Endesa. Se me olvida liquidar las cuenta de clientes, así que tengo menos tesorería, pero el resto está más o menos bien, incluidos beneficio e impuestos. Clase de Entorno Económico para explicarnos el ajuste de las curvas de oferta y demanda, el desglose del PIB, o la situación de la demanda externa neta. Clases de técnicas de presentación de powerpoint a alumnos de derecho y económicas que terminan (las clases) siendo reajustadas en todo su programa porque son viejos conocidos y unas máquinas (los alumnos) en el lado técnico. Acelerado termino de planchar para ir a comer con Rodrigo, y retomar un antiguo café con Ciro. Mi madre me escucha mientras relato una vez más todo lo que se me pasa por la cabeza. Gracias. Como con Pati y alrededor de cinco botes de tierra africana surgen trabajo, futuros, planes, risas y el análisis psicopatológico de algunas personas que no saben lo que es serlo. Mi hermana me espera en su casa, y tras elaborar las líneas maestras de un importantísimo proyecto, lo celebro con mi cuñado y amigos tomando unas gordas con adobado. Me quitan una hora de sueño. Rezó en el Cristo que fue el de mi padre, y reencuentro alegremente algunas de mis esquinas. Consigo ver la vida en 35 mm, porque no tengo full frame, y encuentro nuevas profundidades. Estudio, leo, veo, conozco, río, me muevo, hablo.

Vivo.

Esa es ahora una breve fracción de mi vida, retazos aquí y allá, unidos en esta coctelera textual. ¿El resultado? El zumo de mi vida, degustado y recordado una vez tomado. ¿Acelerado? Sí, es posible. Pero lo contrario sería estar muerto.

La imagen es una variante de zipping up the cracks of life, de Kevin Dean.

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Tiempo al tiempo

sábado, 6 de marzo de 2010

Ya entonces me advirtieron. Cuando empecé el proyecto Norman era consciente de que me llevaría tiempo, y que iba a ser una actividad muy demandante de “tiempo personal”. En palabras de la directora del máster, estudiar el máster exigiría y restaría tiempo de mi familia, de mis amigos, de mi ocio… Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Esta demanda está además cuantificada. Son diez horas de clase a la semana, a las que hay que sumar más o menos otras diez horas en concepto de prácticas, reuniones con los compañeros, estudio, repaso, etc. Como el tiempo es limitado, esas horas hay que sacarlas de algún sitio, a costa de otras facetas de mi vida. Las clases tienen su horario, viernes por la tarde y sábado por la mañana, y el carácter presencial del MBA junto con el peso que la asistencia tiene en la nota final de cada asignatura, hace que dejar de asistir no sea una opción. Las horas son las que son, y están donde están en el programa semanal.

Para mí que estos duermen poco... ¿De dónde saco el resto de las diez horas? Dejar de dormir y tomar algún tipo de estimulante artificial, de café para arriba, tampoco es una opción. Me he dado cuenta de que necesito un número determinado de horas de sueño si quiero encontrarme despierto y alerta a lo largo del día. Si duermo menos horas, me hago miembro de la marcha zombie. Si duermo más, también. Ya el año pasado me planteé como objetivo dormir mis horas, ser disciplinado con la hora en la que abandonaba la Autopista de Los Despiertos, para incorporarme a la comarcal con destino a la Campiña de Morfeo. No siempre lo consigo, pero en términos generales lo logro. Y el efecto ha sido y es sorprendente.

¿Empleo tiempo de mi trabajo? Eso sólo provocaría disminuir mi rendimiento en mis responsabilidades. Ojo: en ambas, tanto en mi actividad profesional como en mi actividad estudiantil. Una cosa para cada tiempo, y un tiempo para cada cosa. Había que buscar otra alternativa. Una o varias.

Al final comer, lo que se dice comer, como en unos pocos minutos, un sandwich de contenido variable a lo largo de la semana, que me hago la noche anterior. Ya sé que dedicarle tan poco tiempo no es lo más sano, que hay que invertir al menos media hora. Pero no dispongo de ese tiempo. Y por otro lado, lo de “más sano” es relativo. Ahora como menos (y aguanto bien el resto del día) y soy más productivo por la tarde. Mi michelín lo agradece y mi jefe, espero, también. Por decirlo de alguna forma, después de las cuatro de la tarde, tengo la sangre donde debe tenerse en ese momento: en el cerebro, y no en el estómago. Por no hablar de lo sana y regordeta que se está quedando mi cartera. Sustancial. El resto del tiempo, alrededor de una hora, lo puedo emplear en leer artículos, casos o resolver algún ejercicio particular. O bien tiro de netbook y voy trabajando en alguna práctica. O la dedico a llamar a la gente, también una manera de mantener el contacto aunque no sea face à face.

Otro aspecto importante es ser muy disciplinado con los tiempos dedicados a cada actividad, siempre dentro de alguna flexibilidad, cómo no. Pero la norma es la norma. Las reglas son sagradas. Cada cosa en su tiempo y un tiempo para cada cosa. Darle más tiempo a alguna actividad se hace siempre porque se resta de alguna otra. Y eso siempre implica un impacto negativo en la restada.

Chuck Norris, preparándose para entrar en el Hipercor... Al pensar en sacar esas diez horas, hice el cálculo más inmediato. Dividir diez horas entre cinco días laborables me dice que tengo que encontrar dos horas al día para estudiar. Fácil, ¿no? No. Cenar es una buena costumbre de la que no quiero deshacerme, aunque en general busque platos fáciles de hacer y sobre todo rápidos y que no ensucien mucho. Fregar menos es también ganar tiempo para otras cosas. Para preparar desayuno, comida y cena es obligatorio hacer algún tipo de compra, o sea, tiempo. Los domingos cierran muchas tiendas, centros comerciales y supermercados, y pedir la compra para que la lleven a casa no es una opción: si compro el sábado por la tarde no me lo llevan a casa hasta el lunes, cuando casi seguro que no estoy (el turno de tarde es de cuatro a diez; sí, seis horas de margen). Y hacer una compra enorme significa llevar un número de bolsas que ni Chuck Norris cuando era joven. La solución más viable es hacer una pequeña compra una vez a la semana, a partir de una lista elaborada poco a poco a lo largo de la semana anterior, previendo alimentos que se agotarán a lo largo de la siguiente. No perder tiempo en el supermercado es fundamental, y obliga a realizar la compra, podríamos decir, al estilo guerrilla. Emboscando los yogures para caer sobre ellos justo en el momento en el que ya tienes visualizado tu próximo objetivo: el jamón de york. Aprovechar los desplazamientos en el campo de batalla también es importante: entras, sigues la ruta prevista, das los golpes a la insurgencia alimenticia de forma rápida y eficiente, y abandonas el terreno.

Y hay que limpiar la casa. Probé durante un tiempo a no hacer nada para ver si ella se limpiaba sola, con la esperanza de que hubiera algún oculto mecanismo pirolítico a nivel batcueva. Los resultados del estudio son concluyentes: no existe tal cosa. Así que ese tiempo también está en el programa. Sólo quedaba una posible salida. Reducir el número de horas de estudio dedicadas en la semana laboral… y…

Hacer del sábado un día laborable más.

Y funciona. Después de las clases en el Instituto y hacer una comida frugal y rápida, reservo todas las tardes del sábado para estudiar, preparar trabajos, hacer ejercicios o lo que sea necesario. Dedicar esas horas me permite hacer un repaso de las ideas estudiadas entre el viernes y el sábado, me libera tiempo a lo largo de la semana siguiente y lo más importante, restringe esa actividad a un marco de tiempo muy concreto. Y ello por un motivo. Si he cedido conmigo en darme un día laborable más, tengo que negociar conmigo también algún tipo de compensación. Y la compensación se resume en un concepto: el domingo es sagrado. El domingo es el día de la familia, de los amigos, de la fotografía, de la lectura, del cine, de dormir más si quiero, del descanso, del café tranquilo junto a un ventanal por el que entre el sol sin pedir permiso, de leer el periódico.

La tentación después de seis días de actividad acelerada, lo sé porque lo he experimentado, es terminar ese trabajo al que sólo le quedan dos hojas, o repasar ese ejercicio si total “sólosondosminutos”. ¿Pero es que he olvidado lo que ya he dicho? El domingo es sagrado. ¿Y si tengo algo que hacer porque debo entregar algo el lunes sin falta, o no conseguiré lo que quiero? Amigo, haberlo hecho antes. Esa es la esencia del trabajo a lo largo de la semana: lo hago con la fuerza con que lo hago porque sé que el domingo es mí día sagrado, mi día para descansar. Es más, visto lo visto, ese día tengo que obligarme a descansar.

He observado un efecto curioso, y con esto termino. Lejos de estar más cansado, después de seis días de trabajo intenso en muchísimos frentes, lo que experimento es una increíble sensación de logro. Del trabajo bien hecho, del crecimiento que impone la disciplina autoimpuesta en el tiempo. De lo constructivo que resulta, en la mayor parte de las veces, decirse que no. ¿No es cierto que resulta curioso que con frecuencia la definición de una persona surja más por las veces que se dice “no”, que por las veces que se dice “sí”?

De cómo me organizo mejor creo que será mejor hablar en otro post. Los que me conocen ya saben por donde voy: el cocktail se llama, Covey, GTD y Pomodoro. Pero dejemos tiempo al tiempo.

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Dos mil nueve

jueves, 31 de diciembre de 2009

Hay explicaciones para todos los gustos: que es cosa de la edad, de la rutina, del modo de vida… Lo que está claro es que a veces el tiempo parece pasar tan rápido que cuando termina un año, te da la sensación de que nada ha sucedido, o si acaso, un par de cosas importantes. A mí eso me preocupó, porque no quería sentir que el tiempo había pasado en vano. Así que hace unos dos años tomé una decisión. Entonces pedí por Reyes una agenda moleskine, de a día vista. En ella apuntaría las cosas más importantes del día, siguiendo una variante del juego aquel de “lo bueno y lo malo”, que yo he transformado, por arte de birblibirloque, en “lo bueno y lo mejor”. Esas agendas vienen con un calendario pequeñín, con una fila por día, en la que resumo cada día con lo más destacado. ¡No os podéis imaginar la de cosas que pueden suceder en sólo 365 días! A continuación, un resumen de lo que ha dado de sí este año para mí. Seguro que faltan cosas, pero no lo puedo poner todo 🙂

En este año he desvirtualizado a Almudena, a Eva, a Elena, a Cere, a Jorge, a Antonio, a Nesta, a Ana Belén, a Millán, a César, a Pedro y a Vicky. Descubrí el cine Doré y el Lolina. Cené con mis amigos postaleros, y seguí la pista de vacas de colores acompañando a Miriam y Cere.

Perdí la oportunidad de una batcueva bien cerca del trabajo, pero al final estrené una, cerca de mi antiguo colegio, aunque algo más lejos del trabajo. Encontré la entrega de dos amigos que me ayudaron en la batmudanza. Conduje por primera vez una furgoneta de esas grandes.

Salí a hacer fotos con la gente de Ojo Digital. Disfruté con amigos de una de mis ciudades favoritas: Salamanca. Perdí un hermano. Celebré mi cumpleaños con los míos (incluso con los que no estaban), y tomé un último café. Me lié la manta a la cabeza y dije sí a enfrentarme a mis miedos. Di el primer paso para terminar uno de mis proyectos vitales más importantes.

Estrené batmóvil. Me saqué, por primera vez en mi vida, mi pasaporte. Regalé magia. Caí en la red del ADSL de Telefónica. Escapé de una cárcel hecha con dos árboles y una cuerda, y conocí así a mis compañeros de aventura. Tejí una red de sueños. Escribí una carta a mi yo del futuro. Me vacuné de fiebre amarilla, fiebre tifoidea, hepatitis A, hepatitis B, tétanos, difteria y cólera.

2009Tuve la satisfacción de ver una vez más a Abe Rábade, acompañado de un buen amigo, Ernesto. Jugué el partido de fútbol más divertido que recuerdo, con dos niños: Yago y Jorge. Y aprendí mucho. El Estado me confirmó que no tiene nada malo apuntado de mí en sus registros. Pisé por primera vez territorio keniano sin salir de España. Se me cayó el mundo cuando vi que la grúa se había llevado el batmóvil gracias a las Elecciones Europeas, y se erigió de nuevo cuando me dijeron que no tenía que pagar nada para retirarlo.

Despegué de Barajas para llegar a Ámsterdam, desde donde partimos a nuestro destino final. Vi con mis propios ojos la Cruz del Sur por primera vez en mi vida. Conocí a Pascal. Reaprendí el padrenuestro en inglés. Me vi rodeado por decenas de niños, que me enseñaron a recordar lo importante que son los pequeños detalles. Me enfadé en inglés. Visité Kibera. Vi el trabajo inmenso e increíble que hacen en Lea Toto. Visité un orfanato de elefantes, toqué una jirafa, vi una cebra albina, y el sueño de un cocodrilo. Acaricié un guepardo. Aprendí que el arte también es una terapia, y visité la plantación de té cerca de Limuru. Viajé en matatu de noche, por las afueras de Nairobi. Aprendí a decir gracias, quétalestás, y venidaquí en swahili. Aprendí dos palabras en massai, y dos en kikamba. Visité la casa de Karen, y comprobé que el agua más allá del ecuador gira al revés. Conversé sobre mil temas bajo el cielo keniano, y forjé amistades en acero con mis hermanos. Aprendí a regatear, pero me timaron igual. Me vi cara a cara con el Niño de Turkana. Lloré y reí como un niño. Aprendí que amar no es sólo decir sí. Comí maíz por 0,05 euros, asado en un pequeño puesto cerca del Nakumatt de Karen. “You’re the best!”. Vi una familia de elefantes, uno de los animales con el que más me identifico, y desde luego uno de mis favoritos. Conocí un nuevo océano, y vi el amanecer de una hermosa luna naranja, bajo el cielo estrellado del sur.

kenia Tuve mi momento warholiano, en un ámbito restringido pero importante. Me estrellé contra la realidad de Madrid, y me recuperé trece días después. Saqué conclusiones en el Ajenjo, y redefiní objetivos en el San Julián. Escribí un libro, mi primer libro. Sobresaliente. Recibí una mala noticia, y acompañé al amigo que la sufrió. Cerré un capítulo (en realidad, doce), lo celebré en un restaurante con mi apellido, y me invitaron a charlar con la gente de 11870.com. Aprendí a programar controles de usuario en ASP.NET (todavía sigo con ello), y finalicé con un equipo de personas increíble el proyecto del que me siento más orgulloso, haciendo de scrum master. Aprendí lo que son los pomodoros y la manera en la que te ayudan a trabajar. Me traicionaron, pero aprendí. Aprendí nuevas palabras, e hice daño. Se atrevieron con lo más sagrado, y sufrieron la consecuencia.

Me encontraron una pequeña caries y la cerraron. Disfrute de dos twittcroquetadas y me hice switcher. También soy ubuntiano, y cada vez menos ventanero. Volví a Sevilla, y asistí al EBE 2009 donde me reencontré con buenos amigos. Disfruté con la charla de Alfonso Alcántara. En el batmóvil desplumamos a más de uno a la vuelta, tuvimos un montón de ideas, charlamos sobre todo, y nos lo pasamos genial. “Señor Wilsssoonnnnn!”. Y me tocó ser el Conde Draco. Ya en el curro, me llegó a la consulta una query y la hice adelgazar de 59 segundos a 9, devolviendo el mismo número de filas: cinco mil quinientas. Dormí cerca de quince horas. Hacía años que no lo conseguía.

2009_2 Visité de nuevo Córdoba, y disfruté de las tierras portuguesas del sur (¡gracias, Nacho!). Me dieron un susto tremendo cuando me dijeron que un amigo sufrió un amago de infarto que por fortuna se quedó en pericarditis sin lesiones. Llegué al Finisterre de verdad. Di las clases más cercanas a la auténtica docencia que he dado nunca, sobre técnicas de presentación. Y me gustó. Escribí, envié y recibí felicitaciones de Navidad. Cociné por primera vez dos piernas de cordero. ¿Y sabéis qué? Salieron tan bien que…

Hoy me toca cocinar otras dos 🙂

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Feliz Navidad

jueves, 24 de diciembre de 2009

Como he comentado ya en algún sitio, es difícil no caer en tópicos estas Fiestas. La expresión de corrido feliznavidadyprósperoañonuevo la hemos escuchado tantas veces que se nos hace vacía, sin sentido. A fuerza de usarla una y otra vez, parece que haya perdido color, que se haya desgastado… En una sociedad que hace prevalecer lo nuevo, lo último, buscamos otras formas de expresas lo mismo, como si el sentimiento o el deseo expresado estuviera sólo contenido en las palabras, y las del año anterior no sirvieran.

Pero el deseo está ahí. Detrás. Sopla y quítale el paso de los años. Verás que existe.

Y es un deseo. No siempre el deseo coincide con la realidad. He oído por ahí que da la sensación de que en estas fechas uno debe estar contento o feliz. Con el tiempo he ido descubriendo que no es así. Algunas de las personas que más queremos ya no están con nosotros. Otras personas cercanas pueden estar enfermas. Algunas otras encontrarse lejos, quizá en otro país. Una fecha del calendario no garantiza ni mucho menos una circunstancia apropiada.

Otros dirán que es un deseo pervertido o desvirtuado, inundado por un consumismo sin sentido, que desnuda a estas fiestas de su esencia y las viste con ropajes que no le corresponden. Pueden tener razón.

Y sin embargo, con el tiempo también he aprendido una cosa. Que a pesar de todo lo malo que se nos pueda venir encima, de todos los recuerdos tristes, todos los momentos pasados, las ausencias… ninguna de esas cosas deben ocultarnos lo que estas fiestas nos recuerdan: el valor de la familia, de los amigos, el significado del nacimiento, de la renovación, la exaltación aunque sea una sola vez al año, de lo que nos hace humanos, de lo que nos hace estar vivos.

Feliz Navidad a todos.

Feliz Navidad

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Según tu nobleza

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hamlet observa pensativo el cráneo de Yorick, su bufón. Polonio: Yo, señor, los trataré [a unos cómicos que Guillermo Guildenstern y Ricardo Rosencrantz han encontrado de camino a palacio] conforme a sus méritos.

Hamlet: ¡Qué cabeza ésta! No señor, mucho mejor. Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde a tu nobleza, y a tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor será tu bondad. Acompáñalos.

Hamlet (Acto II, Escena X)
William Shakespeare

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Excusas, excusas…

miércoles, 14 de octubre de 2009

Sé que este blog no es sólo para mí porque me siento obligado a explicarme ante la audiencia si se da la circunstancia de que abandono durante un tiempo su riego y cuidado. No es pedir perdón, ni mucho menos, sino cierta preocupación o inquietud, un querer responder el hipotético “¿pero a éste qué demonios le pasa?”.

Antes de nada un consejo: cuando te plantees objetivos anuales, haz que sean anuales, y que no se te agoten con el nacimiento de octubre.

Tras ese paréntesis os diré que efectivamente, cuando plantee los objetivos anuales para el año, el tema se quedó en eso, en septiembre. No es que no tuviera más cosas que hacer, que sí, pero sí es cierto que cuando cumplí los cuatro o cinco grandes que me había propuesto, me sentí perdido. Así, por las buenas. Un montón de tiempo por delante, noventa días a mi plena disposición, dos mil ciento sesenta horas, o ciento veintinueve mil seiscientos minutos, todos esos adoquines en el camino hasta fin de año… Y no sabía para donde tirar…

159774282_581dc756a9 También es cierto que este año ha sido la primera vez que he definido, más allá de un simple planteamiento en forma de lista de buenos propósitos, todos y cada uno de los objetivos que me seducían: plan flexible pero realista, una estimación de los recursos necesarios, un sanity check para confirmar que efectivamente eran lo que quería, y en definitiva, aplicarles el criterio smart (specific, measurable, atteinable, relevant, y time-bounded), o como en su momento tradujo Jesús Mondría, crema (con fecha de vencimiento, relevante, específico, medible y alcanzable). Animado por ese trabajo inicial, y a la vista de lo que ha pasado y va a venir, me he decidido a replantear una serie de objetivos para estos dos meses y medio que quedan, y otros que ya he comenzado, pero que se extenderán a lo largo del año que viene.

Es ese imaginar, modelar y concretar mis futuros objetivos (y cierta necesidad de parar un poco después de un año movidito, para ser del todo sincero) lo que me ha mantenido un tanto apartado del blog. Pero prometo continuar, con energías renovadas: ¡los que os aburríais os aburriréis aún más, y los que teníais esa bendita paciencia conmigo tendréis que seguir ejercitándola! 🙂

— ¿Cuál es el objetivo que has empezado?
— Hoy he empezado a ir al gimnasio. Esta vez no hay nada que me impida retomar lo que tantas otras veces he dejado por un motivo u otro.

La foto es del mismo dueño que el del pie, celikins.

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