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Vivo

Miércoles, 31 de Marzo de 2010

lifeMe levanto temprano, meto todos los apuntes en la cartera y me voy por ahí a estudiar. De paso, me llevo el netbook y actualizo y reviso mi presupuesto, un fichero excel metido en mi memoria usb. Mi agenda me avisa de las cuatro tareas que tengo que hacer hoy sí o sí, y aprovecho para echarle un vistazo a la lista de proyectos y a la lista de cosas incubándose. Cojo el coche y me bajo a Sevilla de sorpresa, para ver a la familia y profundizar en la amistad de nuevos amigos. Arrastro a mi madre, cómo no. Elaboro la cuenta de resultados y el balance de Indizar, la versión accesible de las cuentas de Inditex, y compruebo satisfecho que cuadra. También han caido en las manos de mi calculadora los balances de Toys y Friafinca, que resulta ser Campofrío. Examen de Análisis Contable: las cuentas de Gas Natural antes de comprar Endesa. Se me olvida liquidar las cuenta de clientes, así que tengo menos tesorería, pero el resto está más o menos bien, incluidos beneficio e impuestos. Clase de Entorno Económico para explicarnos el ajuste de las curvas de oferta y demanda, el desglose del PIB, o la situación de la demanda externa neta. Clases de técnicas de presentación de powerpoint a alumnos de derecho y económicas que terminan (las clases) siendo reajustadas en todo su programa porque son viejos conocidos y unas máquinas (los alumnos) en el lado técnico. Acelerado termino de planchar para ir a comer con Rodrigo, y retomar un antiguo café con Ciro. Mi madre me escucha mientras relato una vez más todo lo que se me pasa por la cabeza. Gracias. Como con Pati y alrededor de cinco botes de tierra africana surgen trabajo, futuros, planes, risas y el análisis psicopatológico de algunas personas que no saben lo que es serlo. Mi hermana me espera en su casa, y tras elaborar las líneas maestras de un importantísimo proyecto, lo celebro con mi cuñado y amigos tomando unas gordas con adobado. Me quitan una hora de sueño. Rezó en el Cristo que fue el de mi padre, y reencuentro alegremente algunas de mis esquinas. Consigo ver la vida en 35 mm, porque no tengo full frame, y encuentro nuevas profundidades. Estudio, leo, veo, conozco, río, me muevo, hablo.

Vivo.

Esa es ahora una breve fracción de mi vida, retazos aquí y allá, unidos en esta coctelera textual. ¿El resultado? El zumo de mi vida, degustado y recordado una vez tomado. ¿Acelerado? Sí, es posible. Pero lo contrario sería estar muerto.

La imagen es una variante de zipping up the cracks of life, de Kevin Dean.

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Tiempo al tiempo

Sábado, 6 de Marzo de 2010

Ya entonces me advirtieron. Cuando empecé el proyecto Norman era consciente de que me llevaría tiempo, y que iba a ser una actividad muy demandante de “tiempo personal”. En palabras de la directora del máster, estudiar el máster exigiría y restaría tiempo de mi familia, de mis amigos, de mi ocio… Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Esta demanda está además cuantificada. Son diez horas de clase a la semana, a las que hay que sumar más o menos otras diez horas en concepto de prácticas, reuniones con los compañeros, estudio, repaso, etc. Como el tiempo es limitado, esas horas hay que sacarlas de algún sitio, a costa de otras facetas de mi vida. Las clases tienen su horario, viernes por la tarde y sábado por la mañana, y el carácter presencial del MBA junto con el peso que la asistencia tiene en la nota final de cada asignatura, hace que dejar de asistir no sea una opción. Las horas son las que son, y están donde están en el programa semanal.

Para mí que estos duermen poco... ¿De dónde saco el resto de las diez horas? Dejar de dormir y tomar algún tipo de estimulante artificial, de café para arriba, tampoco es una opción. Me he dado cuenta de que necesito un número determinado de horas de sueño si quiero encontrarme despierto y alerta a lo largo del día. Si duermo menos horas, me hago miembro de la marcha zombie. Si duermo más, también. Ya el año pasado me planteé como objetivo dormir mis horas, ser disciplinado con la hora en la que abandonaba la Autopista de Los Despiertos, para incorporarme a la comarcal con destino a la Campiña de Morfeo. No siempre lo consigo, pero en términos generales lo logro. Y el efecto ha sido y es sorprendente.

¿Empleo tiempo de mi trabajo? Eso sólo provocaría disminuir mi rendimiento en mis responsabilidades. Ojo: en ambas, tanto en mi actividad profesional como en mi actividad estudiantil. Una cosa para cada tiempo, y un tiempo para cada cosa. Había que buscar otra alternativa. Una o varias.

Al final comer, lo que se dice comer, como en unos pocos minutos, un sandwich de contenido variable a lo largo de la semana, que me hago la noche anterior. Ya sé que dedicarle tan poco tiempo no es lo más sano, que hay que invertir al menos media hora. Pero no dispongo de ese tiempo. Y por otro lado, lo de “más sano” es relativo. Ahora como menos (y aguanto bien el resto del día) y soy más productivo por la tarde. Mi michelín lo agradece y mi jefe, espero, también. Por decirlo de alguna forma, después de las cuatro de la tarde, tengo la sangre donde debe tenerse en ese momento: en el cerebro, y no en el estómago. Por no hablar de lo sana y regordeta que se está quedando mi cartera. Sustancial. El resto del tiempo, alrededor de una hora, lo puedo emplear en leer artículos, casos o resolver algún ejercicio particular. O bien tiro de netbook y voy trabajando en alguna práctica. O la dedico a llamar a la gente, también una manera de mantener el contacto aunque no sea face à face.

Otro aspecto importante es ser muy disciplinado con los tiempos dedicados a cada actividad, siempre dentro de alguna flexibilidad, cómo no. Pero la norma es la norma. Las reglas son sagradas. Cada cosa en su tiempo y un tiempo para cada cosa. Darle más tiempo a alguna actividad se hace siempre porque se resta de alguna otra. Y eso siempre implica un impacto negativo en la restada.

Chuck Norris, preparándose para entrar en el Hipercor... Al pensar en sacar esas diez horas, hice el cálculo más inmediato. Dividir diez horas entre cinco días laborables me dice que tengo que encontrar dos horas al día para estudiar. Fácil, ¿no? No. Cenar es una buena costumbre de la que no quiero deshacerme, aunque en general busque platos fáciles de hacer y sobre todo rápidos y que no ensucien mucho. Fregar menos es también ganar tiempo para otras cosas. Para preparar desayuno, comida y cena es obligatorio hacer algún tipo de compra, o sea, tiempo. Los domingos cierran muchas tiendas, centros comerciales y supermercados, y pedir la compra para que la lleven a casa no es una opción: si compro el sábado por la tarde no me lo llevan a casa hasta el lunes, cuando casi seguro que no estoy (el turno de tarde es de cuatro a diez; sí, seis horas de margen). Y hacer una compra enorme significa llevar un número de bolsas que ni Chuck Norris cuando era joven. La solución más viable es hacer una pequeña compra una vez a la semana, a partir de una lista elaborada poco a poco a lo largo de la semana anterior, previendo alimentos que se agotarán a lo largo de la siguiente. No perder tiempo en el supermercado es fundamental, y obliga a realizar la compra, podríamos decir, al estilo guerrilla. Emboscando los yogures para caer sobre ellos justo en el momento en el que ya tienes visualizado tu próximo objetivo: el jamón de york. Aprovechar los desplazamientos en el campo de batalla también es importante: entras, sigues la ruta prevista, das los golpes a la insurgencia alimenticia de forma rápida y eficiente, y abandonas el terreno.

Y hay que limpiar la casa. Probé durante un tiempo a no hacer nada para ver si ella se limpiaba sola, con la esperanza de que hubiera algún oculto mecanismo pirolítico a nivel batcueva. Los resultados del estudio son concluyentes: no existe tal cosa. Así que ese tiempo también está en el programa. Sólo quedaba una posible salida. Reducir el número de horas de estudio dedicadas en la semana laboral… y…

Hacer del sábado un día laborable más.

Y funciona. Después de las clases en el Instituto y hacer una comida frugal y rápida, reservo todas las tardes del sábado para estudiar, preparar trabajos, hacer ejercicios o lo que sea necesario. Dedicar esas horas me permite hacer un repaso de las ideas estudiadas entre el viernes y el sábado, me libera tiempo a lo largo de la semana siguiente y lo más importante, restringe esa actividad a un marco de tiempo muy concreto. Y ello por un motivo. Si he cedido conmigo en darme un día laborable más, tengo que negociar conmigo también algún tipo de compensación. Y la compensación se resume en un concepto: el domingo es sagrado. El domingo es el día de la familia, de los amigos, de la fotografía, de la lectura, del cine, de dormir más si quiero, del descanso, del café tranquilo junto a un ventanal por el que entre el sol sin pedir permiso, de leer el periódico.

La tentación después de seis días de actividad acelerada, lo sé porque lo he experimentado, es terminar ese trabajo al que sólo le quedan dos hojas, o repasar ese ejercicio si total “sólosondosminutos”. ¿Pero es que he olvidado lo que ya he dicho? El domingo es sagrado. ¿Y si tengo algo que hacer porque debo entregar algo el lunes sin falta, o no conseguiré lo que quiero? Amigo, haberlo hecho antes. Esa es la esencia del trabajo a lo largo de la semana: lo hago con la fuerza con que lo hago porque sé que el domingo es mí día sagrado, mi día para descansar. Es más, visto lo visto, ese día tengo que obligarme a descansar.

He observado un efecto curioso, y con esto termino. Lejos de estar más cansado, después de seis días de trabajo intenso en muchísimos frentes, lo que experimento es una increíble sensación de logro. Del trabajo bien hecho, del crecimiento que impone la disciplina autoimpuesta en el tiempo. De lo constructivo que resulta, en la mayor parte de las veces, decirse que no. ¿No es cierto que resulta curioso que con frecuencia la definición de una persona surja más por las veces que se dice “no”, que por las veces que se dice “sí”?

De cómo me organizo mejor creo que será mejor hablar en otro post. Los que me conocen ya saben por donde voy: el cocktail se llama, Covey, GTD y Pomodoro. Pero dejemos tiempo al tiempo.

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Dos mil nueve

Jueves, 31 de Diciembre de 2009

Hay explicaciones para todos los gustos: que es cosa de la edad, de la rutina, del modo de vida… Lo que está claro es que a veces el tiempo parece pasar tan rápido que cuando termina un año, te da la sensación de que nada ha sucedido, o si acaso, un par de cosas importantes. A mí eso me preocupó, porque no quería sentir que el tiempo había pasado en vano. Así que hace unos dos años tomé una decisión. Entonces pedí por Reyes una agenda moleskine, de a día vista. En ella apuntaría las cosas más importantes del día, siguiendo una variante del juego aquel de “lo bueno y lo malo”, que yo he transformado, por arte de birblibirloque, en “lo bueno y lo mejor”. Esas agendas vienen con un calendario pequeñín, con una fila por día, en la que resumo cada día con lo más destacado. ¡No os podéis imaginar la de cosas que pueden suceder en sólo 365 días! A continuación, un resumen de lo que ha dado de sí este año para mí. Seguro que faltan cosas, pero no lo puedo poner todo :)

En este año he desvirtualizado a Almudena, a Eva, a Elena, a Cere, a Jorge, a Antonio, a Nesta, a Ana Belén, a Millán, a César, a Pedro y a Vicky. Descubrí el cine Doré y el Lolina. Cené con mis amigos postaleros, y seguí la pista de vacas de colores acompañando a Miriam y Cere.

Perdí la oportunidad de una batcueva bien cerca del trabajo, pero al final estrené una, cerca de mi antiguo colegio, aunque algo más lejos del trabajo. Encontré la entrega de dos amigos que me ayudaron en la batmudanza. Conduje por primera vez una furgoneta de esas grandes.

Salí a hacer fotos con la gente de Ojo Digital. Disfruté con amigos de una de mis ciudades favoritas: Salamanca. Perdí un hermano. Celebré mi cumpleaños con los míos (incluso con los que no estaban), y tomé un último café. Me lié la manta a la cabeza y dije sí a enfrentarme a mis miedos. Di el primer paso para terminar uno de mis proyectos vitales más importantes.

Estrené batmóvil. Me saqué, por primera vez en mi vida, mi pasaporte. Regalé magia. Caí en la red del ADSL de Telefónica. Escapé de una cárcel hecha con dos árboles y una cuerda, y conocí así a mis compañeros de aventura. Tejí una red de sueños. Escribí una carta a mi yo del futuro. Me vacuné de fiebre amarilla, fiebre tifoidea, hepatitis A, hepatitis B, tétanos, difteria y cólera.

2009Tuve la satisfacción de ver una vez más a Abe Rábade, acompañado de un buen amigo, Ernesto. Jugué el partido de fútbol más divertido que recuerdo, con dos niños: Yago y Jorge. Y aprendí mucho. El Estado me confirmó que no tiene nada malo apuntado de mí en sus registros. Pisé por primera vez territorio keniano sin salir de España. Se me cayó el mundo cuando vi que la grúa se había llevado el batmóvil gracias a las Elecciones Europeas, y se erigió de nuevo cuando me dijeron que no tenía que pagar nada para retirarlo.

Despegué de Barajas para llegar a Ámsterdam, desde donde partimos a nuestro destino final. Vi con mis propios ojos la Cruz del Sur por primera vez en mi vida. Conocí a Pascal. Reaprendí el padrenuestro en inglés. Me vi rodeado por decenas de niños, que me enseñaron a recordar lo importante que son los pequeños detalles. Me enfadé en inglés. Visité Kibera. Vi el trabajo inmenso e increíble que hacen en Lea Toto. Visité un orfanato de elefantes, toqué una jirafa, vi una cebra albina, y el sueño de un cocodrilo. Acaricié un guepardo. Aprendí que el arte también es una terapia, y visité la plantación de té cerca de Limuru. Viajé en matatu de noche, por las afueras de Nairobi. Aprendí a decir gracias, quétalestás, y venidaquí en swahili. Aprendí dos palabras en massai, y dos en kikamba. Visité la casa de Karen, y comprobé que el agua más allá del ecuador gira al revés. Conversé sobre mil temas bajo el cielo keniano, y forjé amistades en acero con mis hermanos. Aprendí a regatear, pero me timaron igual. Me vi cara a cara con el Niño de Turkana. Lloré y reí como un niño. Aprendí que amar no es sólo decir sí. Comí maíz por 0,05 euros, asado en un pequeño puesto cerca del Nakumatt de Karen. “You’re the best!”. Vi una familia de elefantes, uno de los animales con el que más me identifico, y desde luego uno de mis favoritos. Conocí un nuevo océano, y vi el amanecer de una hermosa luna naranja, bajo el cielo estrellado del sur.

kenia Tuve mi momento warholiano, en un ámbito restringido pero importante. Me estrellé contra la realidad de Madrid, y me recuperé trece días después. Saqué conclusiones en el Ajenjo, y redefiní objetivos en el San Julián. Escribí un libro, mi primer libro. Sobresaliente. Recibí una mala noticia, y acompañé al amigo que la sufrió. Cerré un capítulo (en realidad, doce), lo celebré en un restaurante con mi apellido, y me invitaron a charlar con la gente de 11870.com. Aprendí a programar controles de usuario en ASP.NET (todavía sigo con ello), y finalicé con un equipo de personas increíble el proyecto del que me siento más orgulloso, haciendo de scrum master. Aprendí lo que son los pomodoros y la manera en la que te ayudan a trabajar. Me traicionaron, pero aprendí. Aprendí nuevas palabras, e hice daño. Se atrevieron con lo más sagrado, y sufrieron la consecuencia.

Me encontraron una pequeña caries y la cerraron. Disfrute de dos twittcroquetadas y me hice switcher. También soy ubuntiano, y cada vez menos ventanero. Volví a Sevilla, y asistí al EBE 2009 donde me reencontré con buenos amigos. Disfruté con la charla de Alfonso Alcántara. En el batmóvil desplumamos a más de uno a la vuelta, tuvimos un montón de ideas, charlamos sobre todo, y nos lo pasamos genial. “Señor Wilsssoonnnnn!”. Y me tocó ser el Conde Draco. Ya en el curro, me llegó a la consulta una query y la hice adelgazar de 59 segundos a 9, devolviendo el mismo número de filas: cinco mil quinientas. Dormí cerca de quince horas. Hacía años que no lo conseguía.

2009_2 Visité de nuevo Córdoba, y disfruté de las tierras portuguesas del sur (¡gracias, Nacho!). Me dieron un susto tremendo cuando me dijeron que un amigo sufrió un amago de infarto que por fortuna se quedó en pericarditis sin lesiones. Llegué al Finisterre de verdad. Di las clases más cercanas a la auténtica docencia que he dado nunca, sobre técnicas de presentación. Y me gustó. Escribí, envié y recibí felicitaciones de Navidad. Cociné por primera vez dos piernas de cordero. ¿Y sabéis qué? Salieron tan bien que…

Hoy me toca cocinar otras dos :)

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Feliz Navidad

Jueves, 24 de Diciembre de 2009

Como he comentado ya en algún sitio, es difícil no caer en tópicos estas Fiestas. La expresión de corrido feliznavidadyprósperoañonuevo la hemos escuchado tantas veces que se nos hace vacía, sin sentido. A fuerza de usarla una y otra vez, parece que haya perdido color, que se haya desgastado… En una sociedad que hace prevalecer lo nuevo, lo último, buscamos otras formas de expresas lo mismo, como si el sentimiento o el deseo expresado estuviera sólo contenido en las palabras, y las del año anterior no sirvieran.

Pero el deseo está ahí. Detrás. Sopla y quítale el paso de los años. Verás que existe.

Y es un deseo. No siempre el deseo coincide con la realidad. He oído por ahí que da la sensación de que en estas fechas uno debe estar contento o feliz. Con el tiempo he ido descubriendo que no es así. Algunas de las personas que más queremos ya no están con nosotros. Otras personas cercanas pueden estar enfermas. Algunas otras encontrarse lejos, quizá en otro país. Una fecha del calendario no garantiza ni mucho menos una circunstancia apropiada.

Otros dirán que es un deseo pervertido o desvirtuado, inundado por un consumismo sin sentido, que desnuda a estas fiestas de su esencia y las viste con ropajes que no le corresponden. Pueden tener razón.

Y sin embargo, con el tiempo también he aprendido una cosa. Que a pesar de todo lo malo que se nos pueda venir encima, de todos los recuerdos tristes, todos los momentos pasados, las ausencias… ninguna de esas cosas deben ocultarnos lo que estas fiestas nos recuerdan: el valor de la familia, de los amigos, el significado del nacimiento, de la renovación, la exaltación aunque sea una sola vez al año, de lo que nos hace humanos, de lo que nos hace estar vivos.

Feliz Navidad a todos.

Feliz Navidad

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Según tu nobleza

Miércoles, 25 de Noviembre de 2009

Hamlet observa pensativo el cráneo de Yorick, su bufón. Polonio: Yo, señor, los trataré [a unos cómicos que Guillermo Guildenstern y Ricardo Rosencrantz han encontrado de camino a palacio] conforme a sus méritos.

Hamlet: ¡Qué cabeza ésta! No señor, mucho mejor. Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde a tu nobleza, y a tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor será tu bondad. Acompáñalos.

Hamlet (Acto II, Escena X)
William Shakespeare

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Excusas, excusas…

Miércoles, 14 de Octubre de 2009

Sé que este blog no es sólo para mí porque me siento obligado a explicarme ante la audiencia si se da la circunstancia de que abandono durante un tiempo su riego y cuidado. No es pedir perdón, ni mucho menos, sino cierta preocupación o inquietud, un querer responder el hipotético “¿pero a éste qué demonios le pasa?”.

Antes de nada un consejo: cuando te plantees objetivos anuales, haz que sean anuales, y que no se te agoten con el nacimiento de octubre.

Tras ese paréntesis os diré que efectivamente, cuando plantee los objetivos anuales para el año, el tema se quedó en eso, en septiembre. No es que no tuviera más cosas que hacer, que sí, pero sí es cierto que cuando cumplí los cuatro o cinco grandes que me había propuesto, me sentí perdido. Así, por las buenas. Un montón de tiempo por delante, noventa días a mi plena disposición, dos mil ciento sesenta horas, o ciento veintinueve mil seiscientos minutos, todos esos adoquines en el camino hasta fin de año… Y no sabía para donde tirar…

159774282_581dc756a9 También es cierto que este año ha sido la primera vez que he definido, más allá de un simple planteamiento en forma de lista de buenos propósitos, todos y cada uno de los objetivos que me seducían: plan flexible pero realista, una estimación de los recursos necesarios, un sanity check para confirmar que efectivamente eran lo que quería, y en definitiva, aplicarles el criterio smart (specific, measurable, atteinable, relevant, y time-bounded), o como en su momento tradujo Jesús Mondría, crema (con fecha de vencimiento, relevante, específico, medible y alcanzable). Animado por ese trabajo inicial, y a la vista de lo que ha pasado y va a venir, me he decidido a replantear una serie de objetivos para estos dos meses y medio que quedan, y otros que ya he comenzado, pero que se extenderán a lo largo del año que viene.

Es ese imaginar, modelar y concretar mis futuros objetivos (y cierta necesidad de parar un poco después de un año movidito, para ser del todo sincero) lo que me ha mantenido un tanto apartado del blog. Pero prometo continuar, con energías renovadas: ¡los que os aburríais os aburriréis aún más, y los que teníais esa bendita paciencia conmigo tendréis que seguir ejercitándola! :)

— ¿Cuál es el objetivo que has empezado?
— Hoy he empezado a ir al gimnasio. Esta vez no hay nada que me impida retomar lo que tantas otras veces he dejado por un motivo u otro.

La foto es del mismo dueño que el del pie, celikins.

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Primer dia en Nairobi

Jueves, 16 de Julio de 2009

Pues ya esta, ya hemos llegado. Nos ha llevado casi un dia llegar aqui, pero al final aterrizamos sanos y salvos.

Tengo un sue/o tremendo, y estoy muy cansado, porque apenas hemos dormido, asi que no se que post me va a salir.

Comparto con vosotros lo primero que me ha chocado al llegar aqui. No todo es tan distinto, pero igualmente que no todo es tan parecido. El atasco que nos comimos para salir de la ciudad y dirigirnos a Karen, porque las 7 es hora punta aqui, pertenece al lado de lo parecido. Todo el mundo va camino de sus trabajos, todo el mundo intenta ganar un par de sitios en carretera… Que no se oyera apenas un claxon pertenece al lado de las diferencias. La gente se lo toma con mucha calma y hace cierta la expresion hakuna matata, que ya hemos escuchado varias veces desde que hemos llegado. Eso y que la gente cruza por en medio de la carretera, con coches, camiones y matatus a 90 kilometros por hora… Probad a hacerlo en la M-30 [los matatus son peque/as furgonetas que hacen la funcion de autobuses, y que forman una red de transporte que te permite llegar de forma relativamente comoda a cualquier punto, bien dentro de Nairobi, o entre las distintas ciudades cercanas].

Poco mas puedo decir por ahora, que estoy muerto de sue/o, que no tengo la letra entr la n y la o como ya habreis comprobado, y que aqui la gente es amabilisima y dispuesta a echarte una mano en cualquier cosa que necesites. Y que estoy deseando que mi cerebro haga el clic necesario para adaptarme a todo lo distinto que voy encontrando: idioma, cultura, costumbres…

Ojos abiertos, mente abierta.

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T menos cuatro días

Sábado, 11 de Julio de 2009

Me habréis notado desconectado del mundo 2.0. En realidad, no me habréis notado. Los motivos han sido fundamentalmente dos. De uno de ellos se hablará en su momento, que tampoco es plan de adelantar acontecimientos (aunque algunos ya estáis al tanto). El otro es mi viaje a Kenia.

Y es que ya no queda apenas nada. El próximo miércoles despegamos hacia Nairobi, haciendo una escala en Ámsterdam cuya duración (unas 8 horas) creemos que nos permitirá dar una vuelta por la ciudad, si no hay retrasos.

420022371_c96503d6b9 Y no os voy a mentir: estoy nervioso. Hace poco me decía una amiga que eso era síntoma de que soy una persona que necesita mantener el control sobre todas las cosas. No le falta parte de razón, pero creo que no tiene tanto que ver con eso como con que no sé exactamente qué me encontraré: no quiero controlarlo, quiero saber qué es. El que normalmente no lleve bien las novedades también contribuye a ello.

Pero tampoco quiero aventurar nada sobre lo que viviré con esta experiencia. Ir preparado sí, pero tratar de imaginarme cómo será el día a día, o qué dificultades tendré, no. Quiero que aquella realidad me golpee directamente sin ningún escudo de prejuicios o pensamientos preconcebidos, tener la mente abierta, no tener miedo a que aniden en mí ideas distintas. Lo que debía saber, ya lo sé. Lo que no, lo aprenderé allí.

Por lo que respecta al tema de la comunicación, no sé de qué medios 2.0 dispondré allí para comunicarme. Por lo visto hay posibilidad de acceder a internet, pero no todo el tiempo ni con el ancho de banda que disfrutamos aquí en España. Aun así, intentaré alimentar este blog y el de la asociación, y si es posible, iré transmitiendo lo que voy haciendo en twitter.

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El valor de las cosas

Martes, 23 de Junio de 2009

Bueno, pues ahí estás tú, liberado de todas las obligaciones inmediatas, sentado en un sillón cómodo, con la luz y temperatura adecuadas, y quizá saboreando un té o un café. Recoges de la mesilla a tu lado un libro no muy grande. Como quien se encuentra a punto de abrir el cofre de la Isla del Tesoro, parece que algo te impida pasar la primera página inmediatamente, así que te detienes mientras estudias con ojos bien abiertos la tapa, la fotografía que la ilustra, el título del libro, su autor… Mientras, el aroma de sus páginas empieza a llegar a ti y hace que por fin te decidas a seguir adelante.

Ya en la primera página te detienes nuevamente, disfrutando de cada mancha de tinta, leyendo por primera vez sus primeras palabras, que no te proporcionan nada nuevo excepto la confirmación de que el libro que te anunciaba la tapa es efectivamente el que comienzas a leer. Ojeas el índice con el ánimo de captar la esencia del libro de un vistazo, de aprender su estructura, en lo que parece ser un mirar hacia el horizonte para buscar el final de tu lectura. Saltas con más o menos detenimiento entre los nombres que aparecen en los agradecimientos de los que quizá alguno te traiga algo a la memoria, y “sin cuya inestimable ayuda este libro no hubiera sido posible”.

Aterrizas por fin en la introducción. La impaciencia hace que te tiemble la mano, así que respiras dos, tres, cuatro veces. Y empiezas a leer. Y ¡oh, dios mío! Lees esto:

2317065892_cb6ae77764 Gestionar el tiempo es fácil. Todo lo que tiene que hacer es reorganizar su manera de trabajar y utilizar el tiempo ahorrado de forma más eficaz. Eso es todo.

¿Eso es todo? ¿Eso es todo? Desde luego que eso no es todo, y desde luego, no es fácil. Ese texto de ahí arriba es hermano de toda una caterva de párrafos similares que te invitan a pensar que lo que estás a punto de leer no te costará aprenderlo, y mucho menos llevarlo a la práctica. Albergo en mí la terrible sospecha de que en su momento Albert Einstein hubiera podido leer algo parecido a esto:

Desarrollar la teoría de la relatividad es fácil. Todo lo que tiene que hacer es considerar el espacio-tiempo como una variedad tetradimensional y resolver a continuación el tensor de energía-impulso. Eso es todo.

¡Anímate! Estoy seguro de que puedes llegar a formular tus propias e increíbles invocaciones a lo sencillo, en las que pongas lo que pongas, todo será fácil. Todo lo que tienes que hacer es sustituir por lo que sea lo que he dejado sin negritas. Eso es todo. :)

Así es que ya desde el principio desconfío de esos libros en los que tienden un plano y liso (¿y aburrido?) camino por el que llegar a aquello que ansías conseguir. Ellos son a las bibliotecas como las sitcom son a la vida real. Por eso, al contrario de lo que me ha sucedido con este libro, leer las primeras páginas de uno de mis libros “de autoayuda” favoritos hizo que me enamorara inmediatamente de él:

coveyObviamente, [cambiar sus hábitos] no es un proceso rápido. Pero le aseguro que experimentará beneficios y obtendrá resultados inmediatos que le resultarán alentadores. Según decía Thomas Paine: “Lo que conseguimos con demasiada facilidad nunca es objeto de gran estimación. Sólo lo que nos cuesta obtener otorga valor a las cosas. El cielo sabe poner un precio adecuado a sus bienes”.

Prevenir de que el camino será arduo es para mí una buena señal de un buen libro. Y “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, de Stephen R. Covey lo es.

¿Qué opináis vosotros?

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Sobre la memoria

Jueves, 4 de Junio de 2009

Hace unos minutos he llamado a un amigo con el que hacía mucho tiempo que no hablaba, y algo más que no le veía. Hoy es su cumpleaños, así que le he felicitado, y nos hemos puesto un poco al día (¡también se va a meter en temas de Scrum y metodologías ágiles!). También hemos quedado en que nos llamaremos a principios de la semana que viene, para decidir un día en el que quedar para comer. Sé que vamos en serio porque la charla no ha acabado con ese manido y difuso “pues venga, nos llamamos a ver si quedamos un día”, frase tan inútil como vacía. Puestos a ser prácticos y evitar subterfugios, es mejor despedirse con un “a ver si el destino vuelve a cruzar nuestros caminos”. Que además, en mi opinión resulta más elegante y evocadora.

Cuando ha descolgado, lo primero que ha dicho ha sido algo así como: “No me lo puedo creer, después de tanto tiempo, mira que el blutuz conectado con la agenda sincronizada con el ordenador hace milagros, ¿eh?”, porque sabía muy bien que, si fuera por mi mismo, no me habría acordado de su cumpleaños. Eso no significa que no me sepa ninguno, es simplemente que no puedo recordarlos todos (o no quiero o no me apetece o prefiero ocupar el espacio con otro recuerdo, no sé bien, la verdad). No sé qué haría sin mi memoria artificial. O quizá sí, pero eso es tema para otro post (si me acuerdo).

El tema es que si quieres recordar algo, y tienes memoria de pez como la mía, lo mejor es utilizar algún medio para poder registrarlo. En unos pocos días, ya apenas nada, parto para un viaje del que querré guardar muchas cosas en la memoria. Muchas, las más llamativas, las más discordantes si acaso, permanecerán por sí mismas y se harán indelebles en ella, como escribir en una vileda sin rotuladores vileda. Otras, por inadvertidas, apenas llegarán a estar unos pocos segundos, quedando relegadas a la nada de los recuerdos sin seguro oponer resistencia. Me preocupan más aquellas que, acomodadas en el salón de los recuerdos, vayan mutando y cambiando, disfrazándose de otros recuerdos y otras impresiones, convirtiéndose en leves fantasmas de lo que fueron, en atisbos de su antigua concreción, en meras trazas de lo que antes fueron profundos surcos en el camino. Para ellos dispongo de dos medios. Uno, si la infraestructura tecnológica y el tiempo lo permiten, será este mismo blog, aunque me temo que será difícil. El otro vino de sorpresa y es este que os muestro:

DiarioViajeNyumbani

Es un cuaderno de viaje, me lo ha regalado Madame Tafetán, y me lo entregó en el pasado Twittmad, donde por fin nos desvirtualizamos. Lo ha encuadernado ella misma, y está inspirado en diseños africanos. Él será el que me acompañe de acá para allá, haciendo de memoria externa y de muleta de la mía. Madame: desde aquí, gracias.

Y si lo miras, creo que es mejor que un ordenador. ¿No? Mirad: aunque no os lo creáis, no necesita pilas ni cargadores, es inalámbrico, va con marcapáginas, como los navegadores y admite un montón de tipos de letra y de diseños distintos :D ¡Genial!

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