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Archivo para marzo, 2012

Cuarenta vueltas al Sol

viernes, 30 de marzo de 2012

Trataré de encontrar las palabras para describir lo que el otro día algunos de mis mejores amigos hicieron por mí. Sé que va a ser difícil, porque ocurre como con esas fotos de paisajes, en las que ves un enorme valle y montañas en el horizonte. Nunca podrá transmitir las mismas sensaciones que sentiste cuando la tomaste, pero al menos permite intuir cuáles fueron.

Si acaso el corazón tiene fondo, mis amigos lo alcanzaron, instalaron allí una plataforma de extracción, y taladraron y taladraron hasta que descubrieron un yacimiento de emociones que no dio petróleo sino lágrimas, sentidas. Todavía sigue produciendo barriles a buen ritmo. Desde noviembre, removieron Kenia, Alemania, Roma y Santiago para rodearme de los míos: a los que pudieron ir, a los que fueron sacrificando su tiempo por el mío, y a los que no pudieron. Todos, da igual a qué distancia estaban, se encontraban a mi lado.

Recuerdos encuadernadosLlegaron a ese fondo con un libro. Al principio pensé que era un libro común, fabricado en papel, Estaba muy equivocado. Entre todos habían recogido recuerdos (otros ojos habrían dicho que eran fotografías), buscaron la conexión de esos momentos especiales, y los completaron con palabras que estaban escritas en castellano, pero que hablaban el lenguaje del corazón.

Así fue como llegaron.

No hay Banco Central en este mundo, ni en ninguno conocido, que pueda ayudarme a devolver la inmensa deuda que he contraído con ellos, una deuda de gratitud eterna. Cualquier cosa que se me ocurra, cualquier cosa que quiera hacer, sólo conseguirá restar cero.

Pero por algo hay que empezar. Desde el corazón, desde lo más profundo, desde el yacimiento que descubristeis, gracias. Como os dije entonces, el regalo sois vosotros.

un amigo es un tesoro , ,

Ripple effect

jueves, 22 de marzo de 2012

the-ripple-effect A veces me sorprende el efecto explosivo que en tu vida puede tener un sí o un no. En este caso, el efecto explosivo ha sido provocado por el sí al proyecto Ayacucho. Como acerca una llama, una chispa, a una mecha imaginaria, o como empujar la primera ficha de dominó puesta en pie, todo avanza, una pieza empujando a la siguiente, y un estallido siguiendo a otro.

He podido comprobarlo también en los demás. Desde que lo anuncié aquí y allá, todo han sido afectuosas muestras de ayuda: mi jefe accedió amablemente a que adelantara mi salida y retrasara mi llegada, un amigo se ofreció a quemar un CD con software específico para el proyecto que vayamos a acometer (que por cierto, todavía hay que concretar), ¡incluso tengo una oferta para ampliarme gratuitamente la memoria del portátil! Y son sólo unas pocas muestras. Otros muchos, no importa de qué forma lo han hecho, han ayudado. Desde aquí, y a todos, gracias.

Y bueno, [ante]ayer cayó otra ficha del dominó. ¡Por fin tenemos vuelo! Estoy seguro de que haberlo encontrado sin escalas, y a un precio razonable, aparte de lo fundamental que ha sido el cambiar las fechas del viaje, no ha sido cuestión de suerte sino de la habilidad de mis compis Clara y Nacho a la hora de buscar vuelos. Si Láquesis no decide cambiar de idea, saldremos de Madrid el 12 de julio, a las 23:55 y llegaremos a Lima a las 5:00 del día 13, tras doce horas y media de vuelo. Ya estamos algo más cerca.

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Sí…

martes, 20 de marzo de 2012

25-hdr-landscapesSi puedes mantener en su lugar tu cabeza cuando todos a tu alrededor
han perdido la suya y te culpan de ello.

Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
y aun así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.

Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.

Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.

O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruirlo con herramientas maltrechas.

Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un sólo lanzamiento;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.

Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: "¡Resiste!".

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.

Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos que valieron la pena recorrer…

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

Si…, por Rudyard Kipling.

en busca de mis valores

Proyecto Ayacucho

miércoles, 14 de marzo de 2012

Recuerdo como si fuera ayer el día en que empezó toda esa aventura maravillosa que fue mi viaje interior a Kenia. Fue un momento muy común. No sucedió nada especial. No se detuvo el mundo (excepto ahora, en mi recuerdo), no sonó música épica, las dos personas que nos cruzamos no mantuvimos la vista eternamente fija en el otro… Yo estaba en el trabajo y me había levantado para ir al servicio.

En el camino me crucé con Juan Carlos y me paró: “Oye, tú estabas pensando en hacer algo… Carlos B. está buscando un informático para un proyecto”. Días más tarde, me crucé con Carlos B. para charlar sobre el tema y descubrí que el proyecto no era en España. Casi sin darme cuenta me encontré jugando con mis compañeros a escapar de una cárcel invisible. Y así, a partir de la pequeña semilla de un instante, de un peculiar cruce de situaciones proyectadas hacia el futuro, surgió una experiencia íntima y vital allí en Nyumbani, que me transformó, en muchos sentidos. Si hubieras podido ver sus tarjetas de embarque, habrías visto que el nombre del que voló hacia Nairobi era el mismo del que voló hacia Madrid, pero no eran la misma persona. Para entonces, mis compañeros en la fuga se transformaron también en mis hermanos keniatas.

Cuando a principios de enero me senté acompañado de un café para decidir qué haría de mí este año, acabé con la típica lista de proyectos (más bien hábitos), confiado en que, como aquella vez hace dos años y medio, la persona que se tomara las uvas en los estertores del 2012 sólo compartiera el nombre con el que empezaba el 2013, y seguro de haber trazado claramente las líneas por las que me movería. Qué equivocado estaba.

Porque ha vuelto a suceder. Porque caminé con Nacho desde el metro hacia el trabajo aquel día de febrero, y se me ocurrió preguntarle si ya había equipo keniata para este año. Porque me comentó que había equipo keniata, pero que el equipo peruano había sufrido dos bajas. Que estaban buscando un perfil particular. Que no era cubrir una de las bajas, que me estaban tirando los tejos en toda regla, que leyera, que me informara, que hablara. Y leí, me informé y hablé. Y me entraron todas las dudas. Y encontré en mis amigos la seguridad que no encontraba en mí, y todos me decían que adelante. Y otra vez, delante de un café, elaboré dos listas. Y tomé una decisión. Exactamente el 12 de marzo del 2012, a las 19:38.

Wil se va a Perú.

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Historia de un bit

viernes, 2 de marzo de 2012
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Un bit en el ordenador es una decisión. Un sí o un no, el camino de la izquierda o el de la derecha, mostrar un punto en la pantalla, o no, enviar un dato por la línea de comunicaciones o no, mandar una señal al otro lado del mundo. O no.

Cuando combinas varios bits, tienes tantos caminos como la posible combinación de ellos. Así, si tienes dos bits, tendrás dos posibles alternativas para el primero, y para cada una de ellas, otras dos para el segundo bit, en total, cuatro. Con tres bits, son 8 los posibles caminos. Si reúnes ocho bits, un clásico en nuestro mundillo, tendrías 2 · 2 · 2 · 2 · 2 · 2 · 2 · 2 = 28 = 256 opciones. Precisamente con 8 bits puedes representar las letras del alfabeto, los números, algunos signos de puntuación y otros caracteres, porque todos ellos juntos (27 mayúsculas, 27 minúsculas, 10 dígitos…) suponen menos de 257 caracteres. Por ejemplo, la B está representada por la combinación de bits 01000010 (que además es el número 66).

Los números se vuelve enormemente grandes cuando consideramos programas de cierto tamaño. Por ejemplo, la versión 2010 de Microsoft Excel ocupa 20.767.072 bytes, es decir, 166.136.576 alternativas. Excel no funciona sólo, necesita de Windows y de programas adicionales para poder funcionar. Todos los programas básicos de Windows (me tomaré la libertad considerar básicos únicamente los programas en la carpeta C:\Windows\System32 de mi ordenador) suponen algo más de 4.580 millones de decisiones.

TronPaperBit

Se podría decir entonces que lo sencillo de la informática es que todo se reduce a ceros y a unos, y habría que coincidir en que lo complicado de la informática es que te vienen en paquetes de varios millones de ellos, y un cambio en uno sólo de esos dígitos, si pasa si ser detectado, puede dar al traste con tu trabajo. Os cuento un caso.

Ayer mismo, durante unas pruebas, cierto porcentaje en un cálculo resultó ser 7,56%, cuando realmente debería ser 0,00%. ¿Qué ocurrió? Nos llevó un tiempo encontrarlo, pero el problema residía en que, en la maraña de datos que manejábamos, en vez de aparecer la letra B, aparecía la letra C. Esta letra en binario se representa como 01000011 en vez de 01000010, que es la representación de la B, es decir, un único bit de diferencia. Con una única decisión equivocada entre varios billones de decisiones, dos conjuntos de datos nunca llegaron a encontrarse, y una triste resta, que debería haber dado como resultado un cero, dio un resultado distinto. Una única decisión.

Ya lo decía Neo

Para los que no hayan visto la primera película de Tron, lo de la imagen son los modelos en papel de un bit representando un uno (“Sí”), un bit en estado neutro, y un bit representando un cero (“No”) 🙂

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