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Archivo para Diciembre, 2011

Dos mil once

Sábado, 31 de Diciembre de 2011

Atención: post muy largo y no necesariamente interesante para todo el mundo. Os ofrezco un breve resumen:

Cambio de hogar, fin del proyecto Norman, las vacaciones en Chiclana, un buen puñado de photowalks, tres bodas y siempre, siempre, rodeado de mi familia y de mis amigos.

¡Qué grande es empezar el año con la buena noticia de un nuevo nacimiento en la familia, rodeado de tu familia! Así fue en mi caso, Gema y Pablo nos anunciaban que iban a ser papás, y aunque entonces no sabían (lógicamente) cómo se iba a llamar, Irene hizo acto de aparición. El mes de enero también se estrenó laboralmente con la primera demo de un nuevo proyecto en el que andábamos metidos en el trabajo, y supuso el reinicio del máster, en el que se notaban ya los efectos del esfuerzo invertido hasta entonces. Y le anunciaba por fin a mi casera que también por fin abandonaba su casa, sin imaginar la calle de la amargura que tendría que recorrer hasta hacerlo.

De mudanzaSe hizo esperar, pero febrero vino con un flechazo: había encontrado un nuevo hogar y mucha suerte en muchos sentidos. Dos semanas después firmaba contrato, y tres días más tarde por fin me mudaba, con la ayuda de Miguel (gracias), Jorge (gracias), Maca (gracias) y mi madre (gracias). Pedro y Jacobo hicieron lo que pudieron para meternos en la mollera estrategias e instrumentos de financiación internacional, y el último día, 28, empezaba el peor momento del año.

Pero como los malos momentos son para aprender y no para vivir en ellos, dejemos dicho que aprendí y actué, y que marzo vino de la mano de un bizcocho de chocolate que David quiso compartir con todos los “betreses”, mis compañeros de máster. Me animé a escuchar la charla que Pablo Isla tuvo a bien dar con motivo del 50º Aniversario de ICADE, un día antes de celebrar la tercera vez que cumplía 13 años, y cuya celebración se extendió, como sólo sabe hacer El Corte Inglés con las fiestas de un día, durante una semana. Con el mes también finalizaban las clases del máster.

Abril fue el mes de recuperar todo el tiempo sacrificado durante los anteriores catorce meses anteriores, y dedicárselo por completo a mi familia y a mis amigos, tras el preparadolistosyá de la entrega de la última práctica con Repsol como protagonista. Ahora que lo rememoro, me doy cuenta de que la esencia del mes fue compartir tiempo: con Ernesto, Alma, Diego y Olga, con Javier, Mar y Bruno, con Raquel, con Miriam y con Arol. Con mi familia en Sevilla, con Sacri, con Rocío, con Álvaro, Aitana y Alonso, Manolo, Hermas, Nicolás, y Claudia, con mis tíos Antonio y Luisa, y con mis amigos, Pedro, Moises, Marta… Con la sorpresa de encontrarme con Jorge y Maca en la capital del Guadalquivir. Con Alfonso, con Cristina, con Santi, con Javi… Y toda la gente que olvido, y que también merecen formar parte de esta lista.

Mi familia

Mayo no iba a ser menos que su hermano mayor: Raquel, Sandra, Luis, Laura, Eric, César, Nuria, Steph, Miriam, Arol, Soco, Clara, Juan Carlos, Rodrigo, Julián, Serena, Jorge, Gema, Pablo, Rubén, María… Fue un satisfactorio no parar. El mes terminó impartiendo un curso, algo que me gusta hacer de vez en cuando (algún día tendré que escribir un post sobre ello), y con las bodas consecutivas, divertidas, y sentidas de mis amigos Raquel, Abde, María Antonia y José Manuel. No pongas esa cara, Raquel y Abde se casaron entre ellos, y María Antonia y José Manuel también entre ellos 🙂

Primos a Torrejón

Pedro se trajo el mes de junio desde Sevilla y nos lo trajo aquí a Madrid, con el tiempo justo para que se pudiera organizar nuestra graduación, uno de los momentos cumbre del año. ¡Había cumplido el proyecto Norman! ¡Qué feliz me sentí aquel día! Y para colmo, recibí una carta muy especial con el membrete de la Facultad de Informática. Para entonces, el peor momento del año había sido batido y vencido sin piedad por tantas cosas buenas que me habían sucedido. No sabía con quién se las veía. Si no, no se hubiera siquiera presentado.

A mí, que no me atrae demasiado el fútbol, me tocó, con el comienzo de julio, una camiseta del Madrid firmada por sus jugadores, en un sorteo colofón de una Fiesta Solidaria alrededor de Nyumbani y Anidan. Raquel nos alegró el mes anunciándonos que Sofía venía de camino. Me fui a Aranjuez para reunirme con mis cazadores de luz favoritos en el Summer Photowalk 2011, y a Segovia, para un encuentro planetario con Pedro y Moi. El mes terminó con dos cumpleaños importantes: una noche, alrededor de tapas y unas cañas, el cumpleaños cero de la Dead or Alive Meeting Enterprise (más en septiembre), y todo un día, para celebrar el cumpleaños de mi hermana.

Una visita especial a mi hermana y a mi padre inauguró el mes de agosto, que me trajo la suerte de conocer a un increíble grupo de personas de las que me separaban, no cinco grados de diferencia, sino sólo uno. Lo que son las cosas. La batcueva, que iba reclamando desde hacía semanas su ratito de atención, acabó algo más vestida que en marzo, y se hizo más acogedora y menos cueva. Probé por primera vez desde hacía 20 años, un gin tonic, por mediación de la habilidad de Alfonso para su preparación.

Chiclaneros

El mes de septiembre llamó con voz de Banyú, y me avisó de que había quedado con Alfonso para ir al Jarama e inmortalizar el momento en el que se puso al volante de un F430. Aproveché para ir con buenos amigos a ver la obra de Antonio López (que me provocó sentimientos encontrados), y celebramos la primera reunión del Dead or Alive Meeting Enterprise, un foro organizado por mis compañeros de máster y yo mismo con un objetivo claro: valorar empresarialmente nuestras ideas y proyectos, y darles nuestro apoyo. Exitazo. Y me tomé un café “High Definition” para conocer en persona a una persona muy especial. ¿Daba tiempo a hacer algo más? ¡Claro! ¡Nos fuimos a La Barranca a celebrar el cumpleaños de Samu!

The blue girlOctubre es el mes de Scott Kelby y su Worldwide Photowalk, así que no perdí la oportunidad de apuntarme y coincidir con los habituales por un lado, y (re)conocer a nueva gente: Maite, Chelo, Sonia y Diego (¡desvirtualizado!), aunque tengo que reconocer que el Capricho’s Photowalk fue más especial. La batcueva estrenó cortinas, no sin cierto esfuerzo, y para recuperarme del trabajo realizado, me fui a celebrar a Mondragón la Maritxu Kajoi, donde pude conocer a más buena gente aún: Joseba, Gema, Jon, Gari, y Mónica. Y bueno, ya que estábamos, pues nos fuimos a Vitoria :).

Noviembre fue testigo de la primera arepada a la que asistí, organizada por Pedro y en el hogar de Luis y Laura, del descubrimiento de un número más o menos importante (¿cuál? el 71.012), del cumpleaños de Ciro, y de ¡la conversión de mi madre en informática! Y podrá parecer una tontería, pero en este año he ido a votar una vez a cada uno de mis colegios de la infancia… Y os aseguro que ha sido casualidad.

El último mes del año, que arrancó con una pequeña transformación mental gracias a una amiga, ha sido testigo de la creación de mi primera aplicación para Android, del Christmas Photowalk 2011, del armado del Belén y el Árbol de Navidad en casa mi madre, del armado de mi Belén (en la batcueva, claro), de un desayuno que duró 7 horas y de una desaforada ocurrencia de… ¡cenas de navidad! No me extraña que la gente engorde con la edad, porque además de conocer gente estupenda, con todos quieres compartir una cena en estas fiestas: mis compañeros de trabajo, mis amigos del MBA, mis amigos de toda la vida (¡viejunos!), mis amigos de Base10, mi familia…

Y tantas otras cosas que me he dejado en el tintero.

Hace años me decidí a combatir una sensación que me resultaba muy desagradable. Con la llegada de cada fin de año, sentía que de alguna forma los días habían pasado rápidos, fugaces, y que durante esa vuelta al Sol se me habían escapado 365 oportunidades entre los dedos de la rutina. Terminaba el año preguntándome qué había aportado de bueno y de mejor, de aprendizaje y de exploración. La respuesta era, gracias a mi mala memoria, simple: nada. ¿Te pasa lo mismo?

No recuerdo si la solución se me ocurrió a mí o bien lo leí en algún sitio (¿creías que lo de la memoria era mentira?): me propuse apuntar cada día las cosas buenas y malas, las risas y las lágrimas, la rutina, los lugares visitados, los nombres de las nuevas personas que entraban en mi vida, mis logros diarios, mis pequeñas victorias, mis viajes, lo que me gustó y lo que no, lo que me llamó la atención, lo que sentí… Es una pequeña agenda que voy actualizando poco a poco, y que a la postre me ofrece un mosaico holográfico, caleidoscópico del año que, al fin y al cabo, he sido yo mismo.

¡Y este año que viene no va a ser distinto!

paleohistoria

Cena de Nochebuena 2011

Martes, 27 de Diciembre de 2011

Fragmento en movimiento del árbol de Navidad de los Alonso Atienza.
Este año la cena de Navidad ha sido muy especial. Como eres un lector avezado, pensarás que ha sido, seguro, por lo que se comió y bebió, y no andas desencaminado. Todo lo servido estaba bien bueno, y se notó el certero saber de los cocineros. No se te escapará que ha sido el lugar, en una casa distinta a la del año pasado. Y acertarás de nuevo, porque cenamos en un lugar cálido y familiar, amable y acogedor, en el que sentirse como en casa. Dirás que ha sido por las personas que estuvimos.

Y eso es lo más importante. Este año recibimos la amable invitación de la familia de Jorge para compartir con ellos una de las cenas familiares por excelencia. No os negaré que al principio, como es natural, me dio la sensación de que no encontrábamos ninguno nuestro sitio (¡o al menos yo!), pero fue durante poco tiempo. La risa de este, el comentario divertido de aquella, o las observaciones de aquel otro nos fueron poco a poco hilando en la misma madeja, y nos hicieron fácil a mi madre y a mí, no que nos sintiéramos parte de ellos, sino serlo.

Y por lo visto, nos quedamos con ganas de más, porque al día siguiente, también fuimos invitados a comer con ellos, una comida como las que a mí me gustan, coronadas con una larga sobremesa como debe ser, y que extendió su halo hasta casi la hora de la cena. Y como una Navidad sin villancicos no es Navidad, los cantamos juntos y nos reímos viendo la habilidad que el pequeño Mateo tenía para bailarlos, con sus casi dos años de experiencia 🙂

Así que sirva esta breve entrada para dar las gracias por todo a la abuela Felisa, a José Andrés y a Felisa, a Jorge y a Macarena, a Felipe, a Lorena y a Rodrigo, a Andrés y, cómo no, al pequeño Mateo 🙂

Muchas gracias de corazón.

familia , ,

Sobre los valores

Lunes, 26 de Diciembre de 2011
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Para mí fue una suerte empezar a trabajar con Carlos. De él aprendí tantas cosas que me es imposible no cruzarme una y otra vez con su recuerdo, en circunstancias laborales y personales. Con él compartí brainstormings que acabaron en grandes ideas, me lanzó con mis primeras chaquetas y corbatas a clientes aquí y allá, me inició en las técnicas de gestión del tiempo y me mostró libros que me enseñaron a conocer mejor mi cerebro. No puedo olvidar que fue mi maestro en el curso de formación para formadores, un curso que dejó a un antiguo yo en la cuneta, y del que surgió un nuevo yo. Tuve la suerte de que orientara mis lecturas hacía el señor Stephen R. Covey, y en particular hacia su libro, “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”.

Fue el libro de Covey el que me introdujo en la mollera la necesidad de definir una misión personal basada en principios y en valores, como primer paso a la hora de abandonar la dependencia y caminar hacia la interdependencia, más allá de una independencia más o menos inútil, pero para nada eficiente. Cuál era mi misión era una pregunta que sería imposible contestar sin haber resuelto antes una pregunta quizá de más calado interior. ¿Cuáles son mis principios? ¿Cuáles son mis valores? Fue en ese momento cuando comenzó a crecer en mí el interés por ese ente abstracto llamado “valor”. La definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua contiene trece acepciones. La que es relevante para el tema que trato es la primera:

(Del lat. valor, -ōris).
1. m. Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite.

Estamos de acuerdo. Pero como suele ocurrir con este tipo de definiciones, no son útiles para buscar lo definido, sino para darle nombre una vez que lo has encontrado, para trasladarlo de lo sentido y lo intuido a lo conocido. Traducir la pregunta de cuáles son mis valores a cuáles son mis grados de utilidad para satisfacer mis necesidades o proporcionarme deleite no me hizo avanzar. Es por ello que inicié la búsqueda, un proceso que ha ido permeando mi camino y que se ha ido concretando en pequeñas señales como una categoría en mi blog, por ejemplo.

Las fuentes de las que bebí fueron muchas. Fui observando lo que otros más entendidos que yo llamaban “sus valores”, para tratar de averiguar si me identificaba con alguno de ellos, o si por el contrario, los rechazaba, en una especie de cata y degustación filosófica: “Se aprecia en la Justicia un trasfondo de fermentación en barrica secular”, o “A la luz, muestra el Respeto destellos de cierto color humano”. Muchas veces las catas acababan en el hallazgo del nombre, como si le hubiera puesto etiqueta a un vino, pero no iban más allá, como si se hubiera quedado en la botella y no lo hubiera probado. Sin embargo, el proceso me ayudó a recopilar una buena colección de posibles candidatos.

Los libros también me dieron indicaciones acerca de la naturaleza de los valores. Que forman una jerarquía, en la que ciertos valores adquieren un rango que les da autoridad sobre otros de menor nivel. Y así, para algunas personas ciertos valores que para nosotros son soldados rasos tienen en ellos galones de capitán general, mientras que nuestros generales de división no pasan de ser los cabos del otro. Entendí entonces que muchos conflictos entre personas van más allá de la superficie de lo que vemos, y que en realidad lo que dirimen, lo dirimen en los campos de batalla de los valores que poseen. También aprendí que los valores en sí no existen por separado de sus contrarios, y que un valor tiene dos caras como las monedas. Los valores forman una jerarquía de objetos duales, de forma que la Honestidad no tiene sentido si no consideramos también la Deslealtad, por ejemplo. Este aspecto dual de los valores me dio una pista importante sobre aspectos más prácticos a la hora de entender (y aplicar) lo que andaba buscando.

La pista definitiva que permitió darle un sentido práctico a los valores me vino de la mano de una rama de la filosofía que no veía relacionada en un primer momento con ellos, pero a los que dieron una percepción distinta. Tiene que ver con el origen primordial de la Ética, y que no es otra cosa que la Libertad, inasible sin considerar la responsabilidad con la que carga inevitablemente. Como ya comenté en una entrada anterior, no es posible no decidir, así que en cada intersección del camino hemos de resolver qué rama recorreremos a continuación y, lo que en mi caso resulta especialmente frustrante, qué rama no recorreremos. Curioso que es uno, aunque con un sólo flujo de tiempo… ¿Cómo llegamos a concretar nuestra decisión? ¿Qué manejamos en nuestra mente para determinar nuestro próximo paso? Son precisamente nuestros valores. Nuestra vida, nuestro recorrido, y el punto en el que nos encontramos ahora son reflejo fiel de nuestros valores. Son los valores los que nos ayudan a elegir (de ahí la importancia de su naturaleza dual) y en esa elección es fundamental su orden (¿parcial?), el peso que cada valor tenga sobre los demás. Y sobre sí mismo. ¿O acaso nadie nos ha puesto en juego el Amor cuando nos preguntaban si queríamos más a papá o a mamá? ¿No fue acaso una forma, un tanto cruel, eso sí, de enfrentar un valor consigo mismo aquella vez que nos preguntaron a qué amigo salvaríamos si todos estuvieran en peligro de muerte? Si quería averiguar cuáles eran mis valores, qué cara quería de ellos y en qué orden los debía organizar, debía analizar mis decisiones, ver qué era para mí lo más importante, si la Vida, el Amor, la Justicia, la Honradez, la Honestidad, el Respeto, o la Muerte, el Odio, la Injusticia…

El problema es la elección, ya lo decía Neo. Y no es problema por la dificultad en sí de la elección. Elegir es sólo tomar una determinación y descartar las otras. En las raices de la dificultad se encuentran los valores, sus conflictos, y la valoración (!) de las consecuencias que se derivan de nuestra decisión.

¿Cuáles son los tuyos?

La brújula es de Calsidyrose.

en busca de mis valores , , ,

Cinco años

Lunes, 12 de Diciembre de 2011

Concesiones

Sábado, 3 de Diciembre de 2011
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—Te quiero.
—Yo también te quiero.
—Yo te quiero más.
—¡No! ¡Yo te quiero más!
—Yo te quiero más.
—No, yo te quiero más.
—Yo te quiero más.
—¡No! ¡Yo te quiero más!
—Yo te quiero tanto que es casi ridículo.
—Yo te quiero tanto que ES ridículo.
—¡Te quiero infinitas veces!
—Yo te quiero… infinitas veces más uno.
—Te quiero tanto que concederé que me quieres más, porque eso te hará feliz, y tu felicidad es lo más importante para mí.
—…
—Idiota.

Visto en Savage Chickens. ¿Todavía no le sigues?

Secretos del corazón