Archivo

Archivo para Septiembre, 2010

Resumiendo

Domingo, 26 de Septiembre de 2010

La vida de un superhéroe de todo a 100 no es fácil, amigos míos. No os voy a decir que es así siempre, por supuesto que no. Hay semanas en las que todo parece más relajado, y otras en las que los archienemigos deciden hacer horas extras. Nos pasa a todos. A todos los superhéroes, digo. Al fin y al cabo, somos humanos.

Bueno, Superman no.

El caso es que esta semana ha sido una de esas que empiezan como todas, pero a medida que avanzan toman ese color parduzco tan característico de… ey, espera, eso es sinestesia. En realidad lo que pasa es que se te acumulan un montón de tareas, de todo tipo, y empiezas a agobiarte. Luego vienen las circunstancias de una u otra especie, que colaboran, y finalmente, la semana se ríe de ti. Más sobre eso después.

El lunes estuve en el fisioterapeuta, porque me había salido un bulto en la espalda y quería ver qué era. Las contracturas son muy amigas mías, sobre todo en la sección lumbar, lugar donde se ubicaba la duda, pero esta tenía otra pinta. Me tuve que quitar todo el traje (“si no te importa”), guantes, botas, el cinturón… todo, aunque me dejé la máscara. No es plan de ir compartiendo con cualquiera mi verdadera identidad. Tras un análisis táctil (palpación se dice) confirmó que era o bien un lipoma o bien una cápsula de líquido sinovial. Para relajar la zona me puso en posturas que no pensé que se pudieran hacer con el cuerpo, y me rotó vértebras, me hizo clic en varios huesos, me retorció pies y descubrí “disparadores del dolor”. Una información utilísima para la próxima vez que me enfrente al Dr. Octopus. Eso sí, al fisio lo que es del fisio: gracias a ella ahora duermo mucho mejor. Postdata: todavía tengo que hacerme una ecografía para confirmar cuál de las dos posibilidades es.

De lunes a jueves estuve preparando dos trabajos, los dos para entregar antes de la clase del viernes por la tarde. Nuestro profesor de Dirección Financiera nos pidió, por un lado, que analizáramos tres planes estratégicos y que los comparáramos con otros tres que habíamos visto en clase, de empresas del sector energético, y que dedujéramos por qué mostraban (o no) los datos que mostraban. Además, había que realizar un análisis de un caso actual, relacionado con operaciones financieras. En mi caso, me decidí por las relacionadas con el descubrimiento hace dos años de nuevos yacimientos en aguas profundas de Brasil. Este trabajo ha sido más complicado de lo que parece. Encontrar información relevante sobre British Gas, por ejemplo, ha sido labor imposible. No tenía tiempo para analizar demasiado las cuentas de cada empresa, o la participación accionarial en cada una de ellas, o el interés de los chinos en los recursos de Repsol ahora que Brasil ha modificado su legislación sobre la propiedad de activos en el país, o la comparabilidad de los benditos PERs, yields, o el EPS de Petrobras. También y además, como todas las semanas, había que seleccionar de la prensa dos noticias relevantes para la asignatura.

Por si no fuera suficiente, la semana laboral en el curro que tengo como tapadera para mis actividades de superhéroe (ya sabéis, salir por la noche, estar rodeado de gente mala, trepar edificios altos para ver la ciudad desde arriba con cierta sensación paternalista… ya sabéis), justo en ese curro las cosas se complicaron. No era tanto que la paz del mundo dependiera de un deployment particular de la última herramienta informática de gestión (para eso hacen falta otro tipo de herramientas), pero el ritmo se mantuvo al 100% (nota para motivadores: nadie puede currar más allá del 100%, cambiad el discurso y hablad de productividad, que mola más), con overflow de tareasparayá. En esa tortilla faltaba todavía la sal de las interrupciones, los cambios de prioridad y otras cosas divertidas. Pero no pasa nada, que somos ágiles. Embrace change.

Y para colmo, ya el jueves noté que había algo más que no funcionaba bien. Sudores, debilidad muscular (no, no, nada que ver con Vicky Vale), dolor de cabeza, congestión nasal… Sí, así es, lo habéis adivinado: un supervirus. “¡No, ahora no!” me dije, pero de todos es sabido que ni los virus ni las bacterias tienen orejas, oídos, cerebros y mucho menos entendederas, así que ignorándome se apropió de mis órganos, tomó control casi absoluto de mi cuerpo, y hasta hoy. Como los argumentos de la razón no le sirvieron, le he enviado unos mensajes empastillados, a ver si les hacen gracia. Y a la espera estamos. Lo malo es que hoy había quedado con otro superhero y al final no ha sido posible.

¿Y dónde queda la parte irónica de la semana? ¿Cómo hizo el Gran Demiurgo para sonreirse a mi costa, para mover los hilos que me condujeron a ser su bufón? Pues en que el trabajo ohdioshnomevaadartiempo sobre el yacimiento no había que entregarlo este viernes, sino el viernes de dentro de… dos semanas. Al menos así, sí que podré estudiar sus estados financieros.

Ahora si me permitís, continúo con mi vaso de leche con miel y otra ración de mensajes antivirus, mientras termino de limpiar el traje.

Abrigaos.

Uncategorized, what is the matrix

El batmóvil

Lunes, 13 de Septiembre de 2010

Hoy he dejado el batmóvil en el taller. Después de casi tres meses, por fin he encontrado el momento adecuado para dejarlo y que me arreglen el abollón que uno de mis pérfidos enemigos, el maligno Dr. Retired, consiguió infligir al vehículo. El batmóvil es un trasto fuerte, pero le pillaron desprevenido y el Doctor consiguió hundirle un tanto la aleta derecha, la de delante. De poco sirvió el refuerzo de kevlar que Alfred y yo instalamos tan diligentemente, después de haber escuchado historias horripilantes de otros superhéroes acerca de sus formas de transporte, en la reunión que todos los domingos tenemos en la Casa del Superhéroe.

El batmóvil, aparcado en su plaza, un instante antes del enfrentamiento con Dr. Retired.

El batmóvil, aparcado en su plaza, un instante antes del enfrentamiento con el Dr. Retired.

La parte buena es que el seguro de Retired (irónicamente, el mismo que el mío, se lo tengo que contar a Alfred) asumió el coste, y yo sólo he tenido que presentarme en el taller con un papelito. Todo muy profesional, la verdad, sólo tuve que dar la matrícula del Tumbler (BTM4N TMBLR), y ya sabían qué coche era, de qué color, ¡y hasta la última revisión del firmware! Eso sí, me ha costado dejarle allí, solo. Ni siquiera he podido decir eso tan chulo de “ciérrate” con esa profunda voz con la que me doblan aquí en España. Hasta las llaves (esa tarjeta tan chula que no tengo ni que sacar ni nada, y que hace las delicias de mis sobrinos cordobeses, pensando que es algún tipo de magia la que esconde), hasta las llaves, decía, he tenido que dejar. ¡Qué queréis! Es la primera vez que lo abandono en manos de otro, aunque sea el Servicio Técnico de Tumblers…

Y en el mientras tanto, si surge la necesidad (ya sabes, lo típico: que ves la señal en el cielo, Alfredvepreparandoeltumbler, Señoritorecuerdequeestáeneltaller, Vayahombretambiénesmalasuerte, puesyasiesomañana), pues habrá que tirar de transporte público, que cuando no está holgando, funciona muy bien. Lo sé porque, cuando dejo el traje y la máscara en casa, y me voy a la oficina en la Universidad Wayne, tardo cero coma en llegar. Voy sin máscara porque llevo muy mal lo de los autógrafos, lo digo para aclarar.

La suerte es que a lo largo de esta semana lo tienen listo.

Madr… Gotham puede dormir tranquila.

es bueno echarse unas risas , , ,