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Mi vida en cincuenta palabras

lunes, 5 de abril de 2010

158163472Es complicado. No digo que no pudiera estar horas y horas hablando de mí, pero ¡sintentizarlo todo en cincuenta palabras…! A poco que uno se disponga a hacerlo, ya le aparecen en la mente al menos cincuenta vivencias que requerirían al menos quinientas palabras cada una para ser entendidas, o al menos transmitidas. ¿Qué destacarías? ¿Cuáles han sido tus principales etapas? ¿Qué te marcó? ¿Cuál fue el mejor momento, cuál el peor? ¿Qué repetirías y qué no? Podrías enumerar todas las personas que pasaron, las que se fueron y las que permacen, y de todas podrías dar cuenta. O podrías ir año a año, y cada uno te traería recuerdos suficientes para hacer una película. Pero cincuenta palabras…

No todo es importante, claro está. Muchas de las cosas que te han sucedido en la vida no dejan de ser instancias del mismo modelo, consecuencias derivadas del hecho común de compartir humanidad con nuestros semejantes. Son importantes para mí en mayor medida que para el resto, cómo no. Al fin y al cabo es mi vida. Pero nada que resulte relevante, nada que merezca ocupar alguno de los cincuenta primeros puestos. Así y todo… Cincuenta palabras…

Quizá la manera sería preguntarle a la gente cómo resumirían la parte de mi vida que conocen, en cincuenta palabras. Al menos de esa forma, se evitaría todo el ruído interior y se tendría una idea de lo proyectado e irradiado. Un catálogo de acciones, buenas y malas, que me definirían en los demás. Reflexiones positivas y negativas, resúmenes a favor y en contra. Cincuenta palabras…

Pensaba dedicarle más tiempo. Pensé en hacer una versión larga y luego ir reduciendo, esquirla a esquirla, y puliendo la irregularidad de los detalles hasta definir un perfil, una única línea que contuviera la esencia de mis 38 años de camino. Pero he decidido hacer otra cosa. Os voy a dejar aquí la primera aproximación. No será la última, porque la idea me ha gustado desde que la vi en el blog de Saray, y pienso hacer otras tantas, basada en ésta u otras nuevas. Y como informático que soy, y ferviente defensor de las técnicas ágiles e iterativas, pretendo ir construyendo esa definición a fuerza de dar vueltas sobre ella, aportando y eliminando cada vez pequeñas cosas.

La primera ha surgido con un tono que parece definir mi vida a lo largo de todo este tiempo. Un cierto regusto a las fresas con vinagre, como si el aliño fuera el plato principal y consistiera en una salsa agridulce de verdad, de la que sirven en los restaurantes chinos de verdad. Que me sepa dulce o ácida depende de toda la atención que le ponga a cada sabor, pero ambos están ahí. Y con cierto sabor a esperanza, por qué no decirlo, algo que mantengo orgulloso como un núcleo duro al que aferrarme en momentos difíciles. La esperanza de no perder la esperanza.

Me da cierto pudor, siempre lo he sentido así, pero qué demonios…

Cincuenta palabras… Éstas:

Me nacieron hace milenios, y llegué hace 38 años. Crecí entre algodón de azúcar, pero aprendí a vivir con el sabor de lo  agrio y amargo. Me decidí a ser feliz, a pesar de todo. Sigo luchando por encontrarme, y aún llevo clavada la doliente espina de la existencia. Moriré.

Secretos del corazón

  1. lunes, 5 de abril de 2010 a las 12:59 | #1

    Uf, te entiendo, porque me dio hace tiempo por escribir relatos de 55 palabras (el reto era idea de http://55palabras.blogspot.com).

    ¿Te nacieron hace milenios? ésa es la parte que más me cuesta descifrar. ¿Es porque crees en la reencarnación? te nacieron… curiosa expresión.

  2. lunes, 5 de abril de 2010 a las 19:09 | #2

    @Nimbusaeta Interesante blog 🙂 Lo de “me nacieron” lo leí en algún sitio y lo hice mío porque, en realidad, yo no hice nada por nacer, fue la voluntad de mis padres. Respecto a lo de hace milenios, la idea se la cogí a Ángel González, de su poema Para que yo me llame Ángel González. La idea de la reencarnación es atractiva, pero no sé yo…

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