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La mochila

miércoles, 17 de marzo de 2010

La mochilaHace unos meses le di por error a una combinación de teclas en Google Reader, y se marcaron como leídos los cerca de mil posts que tenía sin leer. Muchos de ellos no llegué a abrirlos, otros los leí y los volví a marcar como no leídos. Aún no sé qué combinación de teclas es, así que corro el riesgo de repetir el pasado. Pero a lo que voy. Recuerdo haber sentido sorpresa, porque no entendía que ocurrió, y luego miedo, ansiedad o yo qué sé, brevemente. «¡Lo he perdido todo!». Y luego, curiósamente, una tremenda sensación de tranquilidad. «Vamos a verle el lado positivo: ¡la de tiempo que me he ahorrado leyendo!». Pasado el tiempo, me di cuenta de que podía seguir viviendo una vida normal tras haber perdido toda un conjunto de reflexiones, artículos interesantísimos, información de última hora, consejos sobre ahorro, Macs, metodologías ágiles, formas de cocinar el pulpo, trucos de fotografía, últimos lanzamientos de música, conciertos, e-saraos… Se puede vivir. En serio.

Lo de hoy ha sido mucho más grave. Al fin y al cabo, los posts perdidos en su momento fueron información sin la que conseguí tirar de mi vida hasta entonces, y que volverían de una forma u otra a llamar mi atención, situación que aprovecharía para cazarlos de nuevo. Pero lo de hoy no han sido posts. Hoy, por una extraña secuencia de circunstancias irrelevantes y no relacionadas que ha terminado en un cisne negro, he perdido todas las tareas que tenía apuntadas en mi agenda. He pasado por las mismas estaciones de Sorpresa, Ansiedad y Miedo, y al final me he bajado en Tranquilidad. Curiosamente.

Recuerdo algunas tareas, sobre todo las que tenía más recientes. Otras tareas las recuperaré a partir de «estímulos» externos (correos, documentación, mis amigos, mi jefe, mis compañeros…). Algunos (los de la categoría «Proyectos») fueron impresos en su momento, así que alguna pista queda, aunque también el trabajo de reinsertarlos en la agenda. Muchos de ellos (los de la categoría «Incubar») han pasado a vivir el Sueño del Olvido, y cualquiera sabe si algún día volverán.

Pero quiero recalcar algo interesante de todo esto. Las tareas, los posts… Parece que haya sido una liberación el descargarse de una mochila que uno decidió ponerse a la espalda y que fue llenando durante la marcha. Me pregunto entonces… ¿Cuántas otras cosas llevamos a la espalda, pesadas, de las que parece que dependemos hasta que, inesperada e involuntariamente, las perdemos… y no sucede prácticamente nada?

La mochila es de José Antonio Galloso.

mens sana

  1. jueves, 18 de marzo de 2010 a las 14:58 | #1

    Yo estuve más de una semana sin entrar en Google Reader, y tuve que marcar voluntariamente más de 1000 entradas sin leer, porque era materialmente imposible leerlas todas. Tampoco me pasó nada 😉

  2. jueves, 18 de marzo de 2010 a las 19:03 | #2

    @Nesta me parece que es lo que voy yo a hacer dentro de nada 😛

  3. viernes, 19 de marzo de 2010 a las 21:40 | #3

    ¿Viste Up in the air? Por qué ahí también hay una mochila… aunque un poco mas vacía.

    Si son noticias del pasado… dejémoslas en el pasado.

  4. lunes, 22 de marzo de 2010 a las 09:41 | #4

    @Yon De todo hay, pero algo habrá que hacer, eso sí 🙂

  5. lunes, 22 de marzo de 2010 a las 09:42 | #5

    @Yon Por cierto, que no la he visto, aunque la tengo pendiente.

  6. lunes, 22 de marzo de 2010 a las 17:27 | #6

    ¿Confías mucho en la agenda?¡Qué lío de vida! Yo me lo tomaría en plan zen carpetovetónico «aquí no ha pasao ná» y tirar, que algo habrá.

  7. lunes, 22 de marzo de 2010 a las 18:02 | #7

    @Señor Con Dolor De Cabeza Dependo de la agenda como dependo del respirar, sólo que he descubierto que dependo más de respirar que de la agenda. Y tienes razón, el plan zen es el único que podía seguir 🙂

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