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Archivo para marzo, 2010

Vivo

miércoles, 31 de marzo de 2010

lifeMe levanto temprano, meto todos los apuntes en la cartera y me voy por ahí a estudiar. De paso, me llevo el netbook y actualizo y reviso mi presupuesto, un fichero excel metido en mi memoria usb. Mi agenda me avisa de las cuatro tareas que tengo que hacer hoy sí o sí, y aprovecho para echarle un vistazo a la lista de proyectos y a la lista de cosas incubándose. Cojo el coche y me bajo a Sevilla de sorpresa, para ver a la familia y profundizar en la amistad de nuevos amigos. Arrastro a mi madre, cómo no. Elaboro la cuenta de resultados y el balance de Indizar, la versión accesible de las cuentas de Inditex, y compruebo satisfecho que cuadra. También han caido en las manos de mi calculadora los balances de Toys y Friafinca, que resulta ser Campofrío. Examen de Análisis Contable: las cuentas de Gas Natural antes de comprar Endesa. Se me olvida liquidar las cuenta de clientes, así que tengo menos tesorería, pero el resto está más o menos bien, incluidos beneficio e impuestos. Clase de Entorno Económico para explicarnos el ajuste de las curvas de oferta y demanda, el desglose del PIB, o la situación de la demanda externa neta. Clases de técnicas de presentación de powerpoint a alumnos de derecho y económicas que terminan (las clases) siendo reajustadas en todo su programa porque son viejos conocidos y unas máquinas (los alumnos) en el lado técnico. Acelerado termino de planchar para ir a comer con Rodrigo, y retomar un antiguo café con Ciro. Mi madre me escucha mientras relato una vez más todo lo que se me pasa por la cabeza. Gracias. Como con Pati y alrededor de cinco botes de tierra africana surgen trabajo, futuros, planes, risas y el análisis psicopatológico de algunas personas que no saben lo que es serlo. Mi hermana me espera en su casa, y tras elaborar las líneas maestras de un importantísimo proyecto, lo celebro con mi cuñado y amigos tomando unas gordas con adobado. Me quitan una hora de sueño. Rezó en el Cristo que fue el de mi padre, y reencuentro alegremente algunas de mis esquinas. Consigo ver la vida en 35 mm, porque no tengo full frame, y encuentro nuevas profundidades. Estudio, leo, veo, conozco, río, me muevo, hablo.

Vivo.

Esa es ahora una breve fracción de mi vida, retazos aquí y allá, unidos en esta coctelera textual. ¿El resultado? El zumo de mi vida, degustado y recordado una vez tomado. ¿Acelerado? Sí, es posible. Pero lo contrario sería estar muerto.

La imagen es una variante de zipping up the cracks of life, de Kevin Dean.

en busca de mis valores ,

The pretender

viernes, 26 de marzo de 2010
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Keep you in the dark ,you know they all pretend. Keep you in the dark, and so it all began.

Send in your skeletons, sing as their bones go marching in… again. The need you buried deep, the secrets that you keep, are ever ready. Are you ready? I’m finished making sense, done pleading ignorance, that whole defense.

Spinning infinity, boy, the wheel is spinning me, it’s never-ending, never-ending same old story.

What if I say I’m not like the others? What if I say I’m not just another one of your plays? You’re the pretender. What if I say I will never surrender?

What if I say…

In time or so I’m told I’m just another soul for sale… oh, well, the page is out of print, we are not permanent, we’re temporary, temporary. Same old story

What if I say… What if I say…

I’m the voice inside your head you refuse to hear, I’m the face that you have to face mirrored in your stare, I’m what’s left, I’m what’s right, I’m the enemy, I’m the hand that will take you down, bring you to your knees. So, who are you? Yeah, who are you? Yeah, who are you? Yeah, who are you?

Keep you in the dark, you know they all pretend

What if I say… What if I say… What if I say… What if I say…

So who are you? Yeah, who are you? Yeah, who are you?

The pretender (Echoes, silence, patience & grace, 2007)
Foo Fighters

momentos de furia ,

La mochila

miércoles, 17 de marzo de 2010

La mochilaHace unos meses le di por error a una combinación de teclas en Google Reader, y se marcaron como leídos los cerca de mil posts que tenía sin leer. Muchos de ellos no llegué a abrirlos, otros los leí y los volví a marcar como no leídos. Aún no sé qué combinación de teclas es, así que corro el riesgo de repetir el pasado. Pero a lo que voy. Recuerdo haber sentido sorpresa, porque no entendía que ocurrió, y luego miedo, ansiedad o yo qué sé, brevemente. “¡Lo he perdido todo!”. Y luego, curiósamente, una tremenda sensación de tranquilidad. “Vamos a verle el lado positivo: ¡la de tiempo que me he ahorrado leyendo!”. Pasado el tiempo, me di cuenta de que podía seguir viviendo una vida normal tras haber perdido toda un conjunto de reflexiones, artículos interesantísimos, información de última hora, consejos sobre ahorro, Macs, metodologías ágiles, formas de cocinar el pulpo, trucos de fotografía, últimos lanzamientos de música, conciertos, e-saraos… Se puede vivir. En serio.

Lo de hoy ha sido mucho más grave. Al fin y al cabo, los posts perdidos en su momento fueron información sin la que conseguí tirar de mi vida hasta entonces, y que volverían de una forma u otra a llamar mi atención, situación que aprovecharía para cazarlos de nuevo. Pero lo de hoy no han sido posts. Hoy, por una extraña secuencia de circunstancias irrelevantes y no relacionadas que ha terminado en un cisne negro, he perdido todas las tareas que tenía apuntadas en mi agenda. He pasado por las mismas estaciones de Sorpresa, Ansiedad y Miedo, y al final me he bajado en Tranquilidad. Curiosamente.

Recuerdo algunas tareas, sobre todo las que tenía más recientes. Otras tareas las recuperaré a partir de “estímulos” externos (correos, documentación, mis amigos, mi jefe, mis compañeros…). Algunos (los de la categoría “Proyectos”) fueron impresos en su momento, así que alguna pista queda, aunque también el trabajo de reinsertarlos en la agenda. Muchos de ellos (los de la categoría “Incubar”) han pasado a vivir el Sueño del Olvido, y cualquiera sabe si algún día volverán.

Pero quiero recalcar algo interesante de todo esto. Las tareas, los posts… Parece que haya sido una liberación el descargarse de una mochila que uno decidió ponerse a la espalda y que fue llenando durante la marcha. Me pregunto entonces… ¿Cuántas otras cosas llevamos a la espalda, pesadas, de las que parece que dependemos hasta que, inesperada e involuntariamente, las perdemos… y no sucede prácticamente nada?

La mochila es de José Antonio Galloso.

mens sana

Treinta y ocho

martes, 16 de marzo de 2010

Si miro atrás y veo todo lo que ha ocurrido desde la última vez que celebré mi vuelta al Sol, sólo me queda concluir que, por todo lo bueno y a pesar de lo malo, siento que he avanzado por mí mismo unas cuantas casillas en el juego de la Vida. No han sido muchas, pero algunas sí han sido muy importantes. Mi idea no es ir rápido sino disfrutar del juego. Y espero seguir haciéndolo durante mucho tiempo. Me preguntó qué haré que ocurra de aquí a una nueva vuelta al sol…

Quiero aprovechar para dar las gracias a toda la gente que me ha felicitado, ¡y a los que quedan por hacerlo! 😉 Suelo decir que mi cumple es como san Valentín en El Corte Inglés: es un día, pero dura toda una semana, así que tenéis tiempo de sobra 😛

También me he dado cuenta de que en todas estas vueltas, hay una persona conocida de todos que no me ha felicitado ninguno de mis cumpleaños, y eso no puede ser. Soy yo. Así que…

treinta_y_ocho_castañas

Miguel: ¡Feliz cumpleaños!

familia, un amigo es un tesoro , , ,

Subyacente

jueves, 11 de marzo de 2010
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corrientesNo soy psicoanalista, y apenás tengo una intuición acerca de lo que Freud quiso decir con el yo, el superyo y el id, o lo que sea que fue. Algo más clara parece estar la diferencia entre consciente, subconsciente e inconsciente, pero no puedo ir más allá.

Y sin embargo, estoy casi seguro de que existe una corriente de breves y fugaces pensamientos, intuciones y percepciones que navegan entre las aguas del consciente y del subconsciente. Esa corriente está esperando que la atención se detenga un segundo y lo mire, y advierta de su presencia. No es lo suficientemente llamativa como para que el consciente la perciba sin algún esfuerzo, pero tampoco pertenece al territorio subconsciente que surge de forma natural en los sueños, por ejemplo. Como huérfana, la corriente espera que la eleves y la hagas más visible. Más visible a ti mismo. Eso te hace ver los verdaderos motivos, o al menos más motivos de los inicialmente contemplados conscientemente cuando tomaste aquella decisión. También creo que nos engañamos cuando pensamos que estamos dirigidos por nosotros mismos. Nos movemos según nuestra intención, claro está. Pero bajo la superficie, a unos cuantos metros hacia abajo, no tan lejos como para perder la luz del sol pero a suficiente profundidad para que pierdas cierta visión, subyace una silenciosa e intensa corriente. Cierta intuición vital, fruto de la experiencia pasada.

Saber navegar, aprender a navegar mejor, pasa por ser más consciente de esa corriente. Por hacerla más visible, por traerla a la superficie.

Y aquí detengo la analogía, porque las analogías sirven para lo que sirven: para entender mejor algo, pero no para sacar conclusiones ni aplicarle el juicio severo de los silogismos.

La fotografía de la corriente es de calliope8muse.

mens sana , , , ,

Tiempo al tiempo

sábado, 6 de marzo de 2010

Ya entonces me advirtieron. Cuando empecé el proyecto Norman era consciente de que me llevaría tiempo, y que iba a ser una actividad muy demandante de “tiempo personal”. En palabras de la directora del máster, estudiar el máster exigiría y restaría tiempo de mi familia, de mis amigos, de mi ocio… Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Esta demanda está además cuantificada. Son diez horas de clase a la semana, a las que hay que sumar más o menos otras diez horas en concepto de prácticas, reuniones con los compañeros, estudio, repaso, etc. Como el tiempo es limitado, esas horas hay que sacarlas de algún sitio, a costa de otras facetas de mi vida. Las clases tienen su horario, viernes por la tarde y sábado por la mañana, y el carácter presencial del MBA junto con el peso que la asistencia tiene en la nota final de cada asignatura, hace que dejar de asistir no sea una opción. Las horas son las que son, y están donde están en el programa semanal.

Para mí que estos duermen poco... ¿De dónde saco el resto de las diez horas? Dejar de dormir y tomar algún tipo de estimulante artificial, de café para arriba, tampoco es una opción. Me he dado cuenta de que necesito un número determinado de horas de sueño si quiero encontrarme despierto y alerta a lo largo del día. Si duermo menos horas, me hago miembro de la marcha zombie. Si duermo más, también. Ya el año pasado me planteé como objetivo dormir mis horas, ser disciplinado con la hora en la que abandonaba la Autopista de Los Despiertos, para incorporarme a la comarcal con destino a la Campiña de Morfeo. No siempre lo consigo, pero en términos generales lo logro. Y el efecto ha sido y es sorprendente.

¿Empleo tiempo de mi trabajo? Eso sólo provocaría disminuir mi rendimiento en mis responsabilidades. Ojo: en ambas, tanto en mi actividad profesional como en mi actividad estudiantil. Una cosa para cada tiempo, y un tiempo para cada cosa. Había que buscar otra alternativa. Una o varias.

Al final comer, lo que se dice comer, como en unos pocos minutos, un sandwich de contenido variable a lo largo de la semana, que me hago la noche anterior. Ya sé que dedicarle tan poco tiempo no es lo más sano, que hay que invertir al menos media hora. Pero no dispongo de ese tiempo. Y por otro lado, lo de “más sano” es relativo. Ahora como menos (y aguanto bien el resto del día) y soy más productivo por la tarde. Mi michelín lo agradece y mi jefe, espero, también. Por decirlo de alguna forma, después de las cuatro de la tarde, tengo la sangre donde debe tenerse en ese momento: en el cerebro, y no en el estómago. Por no hablar de lo sana y regordeta que se está quedando mi cartera. Sustancial. El resto del tiempo, alrededor de una hora, lo puedo emplear en leer artículos, casos o resolver algún ejercicio particular. O bien tiro de netbook y voy trabajando en alguna práctica. O la dedico a llamar a la gente, también una manera de mantener el contacto aunque no sea face à face.

Otro aspecto importante es ser muy disciplinado con los tiempos dedicados a cada actividad, siempre dentro de alguna flexibilidad, cómo no. Pero la norma es la norma. Las reglas son sagradas. Cada cosa en su tiempo y un tiempo para cada cosa. Darle más tiempo a alguna actividad se hace siempre porque se resta de alguna otra. Y eso siempre implica un impacto negativo en la restada.

Chuck Norris, preparándose para entrar en el Hipercor... Al pensar en sacar esas diez horas, hice el cálculo más inmediato. Dividir diez horas entre cinco días laborables me dice que tengo que encontrar dos horas al día para estudiar. Fácil, ¿no? No. Cenar es una buena costumbre de la que no quiero deshacerme, aunque en general busque platos fáciles de hacer y sobre todo rápidos y que no ensucien mucho. Fregar menos es también ganar tiempo para otras cosas. Para preparar desayuno, comida y cena es obligatorio hacer algún tipo de compra, o sea, tiempo. Los domingos cierran muchas tiendas, centros comerciales y supermercados, y pedir la compra para que la lleven a casa no es una opción: si compro el sábado por la tarde no me lo llevan a casa hasta el lunes, cuando casi seguro que no estoy (el turno de tarde es de cuatro a diez; sí, seis horas de margen). Y hacer una compra enorme significa llevar un número de bolsas que ni Chuck Norris cuando era joven. La solución más viable es hacer una pequeña compra una vez a la semana, a partir de una lista elaborada poco a poco a lo largo de la semana anterior, previendo alimentos que se agotarán a lo largo de la siguiente. No perder tiempo en el supermercado es fundamental, y obliga a realizar la compra, podríamos decir, al estilo guerrilla. Emboscando los yogures para caer sobre ellos justo en el momento en el que ya tienes visualizado tu próximo objetivo: el jamón de york. Aprovechar los desplazamientos en el campo de batalla también es importante: entras, sigues la ruta prevista, das los golpes a la insurgencia alimenticia de forma rápida y eficiente, y abandonas el terreno.

Y hay que limpiar la casa. Probé durante un tiempo a no hacer nada para ver si ella se limpiaba sola, con la esperanza de que hubiera algún oculto mecanismo pirolítico a nivel batcueva. Los resultados del estudio son concluyentes: no existe tal cosa. Así que ese tiempo también está en el programa. Sólo quedaba una posible salida. Reducir el número de horas de estudio dedicadas en la semana laboral… y…

Hacer del sábado un día laborable más.

Y funciona. Después de las clases en el Instituto y hacer una comida frugal y rápida, reservo todas las tardes del sábado para estudiar, preparar trabajos, hacer ejercicios o lo que sea necesario. Dedicar esas horas me permite hacer un repaso de las ideas estudiadas entre el viernes y el sábado, me libera tiempo a lo largo de la semana siguiente y lo más importante, restringe esa actividad a un marco de tiempo muy concreto. Y ello por un motivo. Si he cedido conmigo en darme un día laborable más, tengo que negociar conmigo también algún tipo de compensación. Y la compensación se resume en un concepto: el domingo es sagrado. El domingo es el día de la familia, de los amigos, de la fotografía, de la lectura, del cine, de dormir más si quiero, del descanso, del café tranquilo junto a un ventanal por el que entre el sol sin pedir permiso, de leer el periódico.

La tentación después de seis días de actividad acelerada, lo sé porque lo he experimentado, es terminar ese trabajo al que sólo le quedan dos hojas, o repasar ese ejercicio si total “sólosondosminutos”. ¿Pero es que he olvidado lo que ya he dicho? El domingo es sagrado. ¿Y si tengo algo que hacer porque debo entregar algo el lunes sin falta, o no conseguiré lo que quiero? Amigo, haberlo hecho antes. Esa es la esencia del trabajo a lo largo de la semana: lo hago con la fuerza con que lo hago porque sé que el domingo es mí día sagrado, mi día para descansar. Es más, visto lo visto, ese día tengo que obligarme a descansar.

He observado un efecto curioso, y con esto termino. Lejos de estar más cansado, después de seis días de trabajo intenso en muchísimos frentes, lo que experimento es una increíble sensación de logro. Del trabajo bien hecho, del crecimiento que impone la disciplina autoimpuesta en el tiempo. De lo constructivo que resulta, en la mayor parte de las veces, decirse que no. ¿No es cierto que resulta curioso que con frecuencia la definición de una persona surja más por las veces que se dice “no”, que por las veces que se dice “sí”?

De cómo me organizo mejor creo que será mejor hablar en otro post. Los que me conocen ya saben por donde voy: el cocktail se llama, Covey, GTD y Pomodoro. Pero dejemos tiempo al tiempo.

en busca de mis valores , ,

La realidad y un deseo

viernes, 5 de marzo de 2010
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Los hombres buenos no deberían morir.

familia , , ,