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Los dos relojeros

martes, 29 de diciembre de 2009

Buscando información sobre sistemas semidescomponibles, acabé de bruces con una parábola que me ha hecho pensar:

Hora, en su taller

Hora, en su taller

Hubo una vez, no hace muchos años, dos relojeros, que se llamaban Hora y Tempus, que construían relojes muy precisos. Los dos estaban muy reconocidos en su ciudad, así que los teléfonos de sus talleres siempre estaban sonando -nuevos clientes les llamaban constantemente, tal era la fama de su trabajo. Sin embargo, Hora prosperó, mientras que Tempus acabó siendo más pobre cada vez, y finalmente perdió su tienda. ¿Cuál era la razón?

Los relojes que nuestros amigos construían estaban compuestos por mil piezas cada uno. Tempus había construído sus relojes de tal manera que se si tuviera un reloj a medio hacer entre manos y tuviera que dejarlo -por ejemplo, para contestar al teléfono- inmediatamente se deshacía de nuevo en su piezas y tenía que reconstruirlo desde el principio. Cuánto más les gustaba a sus clientes sus relojes, más le llamaban, y más difícil se le hacía a Tempus encontrar tiempo suficiente y sin interrupciones para terminar un reloj.

Los relojes que Hora hacía no eran menos complicados que los de Tempus. Pero he los había diseñado de forma que podía construir grupos de unas de diez piezas, y estos en grupos de diez. Diez de estos grupos daban un magnífico reloj. Por eso, cuando Hora tenía que dejar un trabajo a medio hacer para poder contestar al teléfono, sólo perdía una pequeña parte de su trabajo, la del grupo de piezas que estaba fabricando, y fabricaba sus relojes en menos tiempo que Tempus.

A mi se me han venido a la cabeza reflexiones sobre la manera en la que acometo las modificaciones de nuestros sistemas en el trabajo, sobre la forma en la que organizo mi tiempo, y de cómo me desenvuelvo en general en el día a día. ¿Qué reflexiones os inspira este relato? ¿Construís vuestro día a día como Hora o como Tempus?

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  1. antonio
    miércoles, 30 de diciembre de 2009 a las 19:32 | #1

    Tengo la sensación de que en muchas ocasiones es el tiempo el que me controla a mi y no yo al tiempo. Cuando disfrutas con lo que haces disfrutas pero tienes problemas a la hora de gestinarlo con un grupo, que no tiene que estar tan interesado como tu por aquello. Detesto los sistemas ortogonales y los anárquicos por igual y asumo los riesgos de mi propio sistema ( manifiestamente mejorable ).
    Will, a los tuyos y a ti os deseo que sigais practicando el amor por lo pequeño, la solidaridad sin pre-juicios y el sentido del humor.
    Un fuerte abrazo ( esto llega con mucho retraso. Es lo que quise decirte en verano, pero no tenía conexión ).

  2. sábado, 2 de enero de 2010 a las 11:26 | #2

    @antonio El tiempo, como la voluntad, es un caballo desbocado dirigido con riendas de seda, como decía nosequé filósofo (creo que Aristóteles). Y muchas gracias por tus deseos! Hazlos extensivos igualmente a ti y a tu familia 🙂

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