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Archivo para agosto, 2009

Swahili

viernes, 7 de agosto de 2009

Gracias a este blog, una de las primeras palabras que aprendí en swahili fue hodi o hodi hapa, con h ligeramente aspirada, que es la manera de pedir permiso para entrar en algún sitio (hapa significa aquí). Si te dejan entrar, que es lo normal, te contestarán con la misma palabra o con karibu (bienvenido). Una vez dentro, puedes preguntar habari o habari yako (¿qué tal?, ¿qué tal estás?). La respuesta habitual es muzuri (bien). Una vez dentro, también puedes decir jambo (hola). No te mosquees si la gente murmura y te señala, y a la vez les escuchas pronunciar la palabra mzungu (hombre blanco) o wazungu (hombres blancos). Aquí el distinto eres tú.

El ritmo de la vida aquí, como ya he comentado en alguna ocasión, es más lento que en España, por ejemplo. Ellos lo notan enseguida, y te dicen pole pole (con calma, tranquilo, sin prisas). Y es buen consejo, porque con las prisas casi seguro que fallas más a menudo. Puedes contestar pole (sólo una vez) para pedir perdón. Pero no te preocupes, hakuna matata (no pasa nada). Si te excusas, te dirán sawa o sawa sawa (vale, ok).

Para dar las gracias, no olvides decir asanté (gracias) o asanté sana (muchas gracias). Ellos te dirán karibu (de nada). El vocabulario básico no estaría completo si no supieras como decirles que sí (nyi) o no (hapana).

Y casi seguro que después de tu safari (viaje), aquí dejarás un rafiki (amigo).

¡Lala salama! (¡Que duemas bien!)

nyumbani

Africanizándome

jueves, 6 de agosto de 2009

AfricanizandomeEl rojo, el negro y el verde son los colores de los símbolos kenianos (y de otros países africanos), junto con el color blanco, que representa la paz y la unidad. Otro grupo de colores representativos de África son el verde, el amarillo y el rojo. Todos ellos, el verde, el negro, el amarillo y el rojo, se denominan por ello colores panafricanos.

La pulsera ancha que llevo la hizo una abuela maasai, y la finita con los cuatro colores la han hecho las mujeres de Lea Toto, el programa de atención médica a niños enfermos en los slums (barrios de chabolas) de Nairobi.

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Matatus

lunes, 3 de agosto de 2009

La forma más barata de moverse por Kenia, y en particular entre Karen y todo Nairobi, es utilizar los matatus, algo parecido a un taxi compartido, pero en vez de ser un coche es una furgoneta para más o menos 14 personas. Otras formas de moverse son los city hoppa, autobuses algo más pequeños que los nuestros, y los taxis, pero ambos medios de transporte son más caros. Un viaje en matatu te puede costar entre 10 y 50 schellings (chelines kenianos), lo que viene a ser entre 1 y 5 céntimos de euro, mientras que un city hoppa te cuesta unos 70 u 80 schellings. Un taxi es el más caro. Un viaje de unos 15 minutos puede costarte 700 u 800 schellings.

El nombre de matatu parece que proviene de “ma tatu”, que en swahili significa “por tres”. En tiempos coloniales, el precio de un viaje era de tres schellings, así que podías viajar “ma tatu schellings”.

Además de los 14 pasajeros (por lo visto es el máximo admitido, después de que el gobierno regulara el sector de los matatus allá por el 2004), lógicamente va el conductor y el revisor, por llamarle de alguna forma vistosa. Las funciones del revisor son varias. La primera es recolectar el dinero una vez que estás dentro del matatu. Eso es algo que me descolocó un poco, porque esperaba pagar al entrar, pero no, tú los paras, entras por la puerta lateral y cuando llevas unos minutos de viaje, el revisor recolecta el dinero. La segunda de sus funciones es recoger y dejar viajeros. Normalmente se cuelga de la puerta que os decía, o si no, va sentado mirando por la ventana a ver si alguien quiere subir, o si no quiere subir, invitarle a hacerlo. Como es lógico, se sienta en el sitio más cercano a la puerta, así que si el asiento está ocupado se te sienta encima: toda una experiencia 🙂 No hay paradas, así que la gente simplemente espera en cualquier sitio de la ruta a que pase uno que le venga bien para subirse en él. Para bajar, basta con que avises al revisor, que dará un golpe en la ventanilla con una moneda para que el conductor sepa que tiene que parar. Y ¡hala, ya has llegado! 😛

El precio del viaje depende fundamentalmente de dos factores. Uno es la hora del día. Es más caro si te montas en hora punta, lo cuál parece razonable. El otro factor es el color de la piel, si eres mzungu o no, es decir, si eres blanco (en plural, wazungu). Como lo del color de la piel salta a la vista (da igual todo lo morena que esté), tirarán por lo alto, unos 50 schellings o así. No te cortes y no hagas como yo, que comparo lo que le voy a pagar con el precio de lo que se paga en España y siempre me parece irrisorio. Negocia. Un precio justo en una hora que no sea punta puede estar entre 10 y 30 schillings. Sister Little, que es una máquina en eso de negociar (llegó a pagar 20 schellings en un city hoppa) nos dio una primera lección de cómo tomarlos y negociar el precio ¡Aleluya!

Un matatu aparcado Fíjate que empecé diciendo que es el medio más barato para moverse en Kenia, pero desde luego no es el más cómodo. Si eres alto, tendrás un problema con los asientos de atrás, porque te estarás dando golpes con el techo (las carreteras tienen un montón de baches y… ¡algunos agujeros!). Luego, imagínate a catorce personas metidas en una furgoneta como esa que ves a la derecha, apretados. Apenas hay 30 centímetros entre la primera fila de asientos y las otras dos, y tienes que salir por ahí. También hay que vigilar la cabeza cuando sales, porque es fácil darte con el borde. Y bueno, reza para que no te toque alguien más gordo que tú… En fin… 🙂

Los dueños de los matatus saben que lo mejor para captar clientes es hacer que sus furgos sean más llamativas que el resto. Los encontraréis decorados con imágenes de cantantes famosos, clubes de fútbol (hay uno en la línea 111 que está dedicado al Barcelona F. C.), raperos o directamente Jesús (“If it’s not Jesus, it’s nobody”). Muchos de ellos llevan luces en el interior, de esas de leds, y unos equipos de sonido que aturden (yo todavía no he montado en ninguno de esos, habrá que probar). Hay matatus para todos, así que los mayores prefieren matatus más formales mientras que los jóvenes prefieren montar en los más cañeros. Toda una clase de tuning.

La verdad es que al principio corta un poco, porque los wazungu no solemos montar en ellos, y todos se quedan mirando alucinados, preguntándose por qué no vamos en taxi. Pero una vez que te acostumbras, es una manera rápida, barata (y relativamente cómoda) de moverte por este país de contrastes.

¡Tatuonana!

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Lo que comemos

sábado, 1 de agosto de 2009

Como os podéis imaginar, los recursos aquí son limitados si lo comparamos con las opciones que hay en Madrid. Aunque tengo un supermercado cerca (todo un lujo, gracias a la zona en la que está instalado el orfanato), intento adecuarme a la dieta que nos ofrecen aquí, que resulta ser muy sencilla. Tanto la comida como la cena se basan en los mismos platos.

Judías pintas, maíz y un poco de sukuma wiki. ¡Este estaba bueno! Un componente fundamental de la dieta keniana es el ugali, una masa de maíz y agua que aporta hidratos de carbono, y que viene a ser lo que el pan es a nuestras comidas. Muchos kenianos lo utilizan como cuchara. Primero forman una especie de bolo pequeño, luego presionan el centro para hacer un hueco, y luego recogen la comida con la mano ayudándose de esta “cuchara de ugali”. Nosotros tenemos cucharas de plástico, así que mezclamos el ugali con lo que toque. Los occidentales normalmente lo encontramos muy insípido, así que tenemos un bote de sal para darle un poco de sabor. Los kenianos sin embargo se asombran de que no lo encontremos sabroso. El caso es que la comida keniana, en general, no suele ser muy salada.

El alimento que no falta nunca es el arroz, arroz blanco como el que comemos nosotros y del que no hay mucho más que decir, excepto quizá que es lo que más come la gente a la que no le gusta el ugali (por ejemplo, a la mayoría de los españoles de Nyumbani 😉 ).

Belén y Letty limpiando las judias Para completar los platos, lo habitual es encontrarse legumbres (por ejemplo, judías pintas similares a las nuestras, aunque con una cresta blanca, o lentejas, más pequeñas y gorditas que las españolas) y el vegetal que resulta ser otro elemento fundamental de la dieta keniana y que se llama kale, con el que hacen un guiso llamado sukuma wiki (que según el cocinero del lugar significa “push for a week”, o aguantar durante una semana). Las excepciones a esta dieta son algunas piezas de pollo muy de vez en cuando, y algún guiso de patatas con algo de carne, que creo que es de cordero. La fruta es inexistente (debemos comprarla de vez en cuando). El alimento que sí ha causado sensación en la comunidad española de Nyumbani ha sido el chapati, una torta de maíz usada de manera similar a las tortitas mexicanas y qué está bien rica mezclada con el guiso de carne que os decía.

No he dicho nada de los desayunos, pero no tienen nada de especial (té masala, pan y mantequilla), excepto por una especie de buñuelos grandes que hacen aquí y que se llaman mandazi. Están riquísimos si los abres por la mitad y les pones mantequilla y azúcar.

¡Ah, bueno, y se me olvidaba! El otro día descubrimos que aquí tienen una máquina para hacer azúcar a partir de caña de azúcar. Preguntamos en la cocina si sería posible probarla, y con un machete pelaron una caña y la cortaron en tres trozos. ¡Estaba deliciosa! De hecho, para mucha gente aquí son como los dulces para nosotros, y puedes verlos comiéndolos por la calle. Lo único malo es que una vez que han terminado, lo escupen, así que es normal ver en algunas zonas el resultado de su degustación…

¡Que aproveche! ¡Tatuonana!

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