Enredos del clima
En la línea del último cuento corto que posteé, traigo a la palestra este otro, que mezcla a partes iguales humor y drama personal.
La nieve lo es ya todo, incesante torrente silencioso de partículas que consigue darle a la noche una claridad triste. De vez en cuando hago mover el limpiaparabrisas para apartarla del cristal, y no veo otra cosa que ese menudo y nutrido confeti cayendo sin fin. Al principio, la gente salía de sus coches, intentaba saber si el atasco se resolvía o no, y la nieve seguía creciendo alrededor nuestro, cubriendo la carretera y la ladera. También al principio pasaron algunos guardias en moto, subieron y bajaron, y entre la gente se corrió el rumor de que las máquinas quitanieves estaban ya trabajando.
La tarde se oscureció en un parpadeo, vino la noche, y ahora estoy aquí dentro, escribiéndote, Felisa, Rosita, escribiendo a una de las dos, o a las dos, en el reverso de un parte de accidente, un mensaje que no enviaré, sin saber muy bien a quién de las dos escribo ni tampoco siquiera por qué lo hago, por matar el tiempo, por aplacar la rabia que me da estar aquí inmovilizado, sin cobertura para el teléfono móvil, perdido para todos, entre el frío.
Una travesura, Felisa, te lo juro, una maldita travesura que nunca conocerás, yo pensaba pasar la noche con la familia, como siempre, contigo y con las niñas, con tu hermano y su mujer, con tus sobrinos, con tu tío, pero después de comer, mientras tu madre y tú empezabais los preparativos, añadir el tablero a la mesa del comedor, escoger los manteles, ir cociendo los langostinos, y organizando las demás cosas de la cena, pensé en que apenas me llevaría dos horas, de cuatro a seis, una visita fugaz a Rosita.
Rosita, Felisa sabe lo eficaz que eres como ayudante mía en el despacho, y hasta te ha comprado un regalo de Reyes, un detalle. Ir y volver, darte un besito en la misma puerta de casa de tus padres, desearte una feliz navidad, y por eso te llamé y te dije "voy a verte y a robarte un beso, amor", un besito furtivo mientras tu propia familia, dentro de la casa, prepara también la fiesta nocturna.
Total, que me metí en estos vericuetos de la sierra y empezó a nevar, a nevar, a nevar, y aquí estoy yo, intentando imaginar qué te voy a decir, Felisa, y Rosita pensando si me habré matado, cómo te voy a explicar mi ausencia mientras tu madre me observa con esos ojos suyos de lechuza, si es que por fin consiguen liberarnos y podemos regresas a nuestras casas.
La imagen del atasco es de Muddy LaBoue


¿Lo vuelvo a decir? Merino es un genio de los relatos breves. Me ha encantado. Pensaba que sería difícil que superara el anterior pero este también tiene su miga
Qué golfete.
@Madame Tafetan Es un mago el tío, sin duda…
@Banyú A mi fíjate, no sé por qué, pero me da como pena…
Diox, hacía como un eón que no leía nada del señor Merino. Gracias por recordarme que existe, o existió alguna vez.
@SeñorMigrañas De nada… Y existe, afortunadamente existe