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Archivo para julio, 2009

Moverse por Kenia

miércoles, 29 de julio de 2009

Una de las primeras cosas que me llamó la atención sobre Kenia, o al menos sobre Nairobi, fueron sus carreteras. No se parecen en nada a las que tenemos allí en España, excepto que están hechas de asfalto, cuando existe. Algunas de las carreteras que hemos tomado son simplemente pistas de tierra, una tierra roja que, ahora que estamos en época seca, se levanta en forma de polvo y lo tiñe todo de un color arcilloso: los zapatos, las plantas, los coches, incluso los ordenadores que tengo ahora mismo a mi lado tienen ese polvillo rojo pegado.

La carretera de Karen a Nyumbani La mayor parte de las carreteras no tienen líneas de separación. El centro de Nairobi sí que suele tenerlas, pero si te mueves por los alrededores, como es nuestro caso en Karen, las líneas brillan por su ausencia. Tampoco encontrarás señales, o muy pocas. Olvídate de encontrar un enorme panel que te avise de que la próxima salida te llevará al centro de Nairobi, o qué carretera te encontrarás para ir a Mombasa. Las señales que no faltan son las que avisan de la proximidad de algún colegio, acompañadas de los correspondientes badenes.

Además de los coches, los matatus (una especie de autobuses para un máximo de 14 personas de los que hablaré en breve), los autobuses o city hoppas, y los camiones, de los que encuentras un montón llevando agua y petróleo de aquí para allá, también ves gente tirando de carros, bicicletas, motos y peatones. La primera sensación es que aquello es un caos, sobre todo por la mañana, cuando es hora punta como en cualquier otro sitio. Todos los conductores hacen por colarse por el más pequeño atisbo de paso, interrumpiéndose unos a otros, frenando constantemente o parando para dejar cruzar a un peatón que se encuentra en mitad de la carretera. Ante un atasco, como no hay líneas que separen los carriles, los coches que ven que pueden ir por el mismo centro de la vía lo harán. Las rotondas son todo un espectáculo.

Si esa es la primera sensación, la primera reflexión es que debe haber un montón de accidentes. Y sin embargo, en los quince días que llevo aquí, sólo he visto uno, un ciclista que se cayó de su bicicleta sin ningún percance ni herida. La única explicación que veo es que, de alguna forma, todos se organizan según algún tipo de normas tácitas que todos cumplen. La paciencia que muestran ante todo tipo de irregularidades es en mi opinión una útil herramienta aquí, donde si te ven acelerado o con prisas (esas que sufrimos en Madrid) te recuerdan: pole pole (“poco a poco”, “con calma”, “despacio”).

Por cierto, no os olvidéis de que aquí, por la influencia que los colonizadores británicos dejaron, conducen por la izquierda, así que ¡hay que mirar primero a la derecha y luego a la izquierda! Yo todavía no me he acostumbrado, pero ya he comprobado que no es muy arriesgado ir cruzando poco a poco, siempre que no hagas movimientos bruscos 😉

¡Tatuonana!

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El primer día de trabajo

lunes, 20 de julio de 2009

En estos días que han pasado, desde que llegamos el pasado jueves por la mañana, nos hemos ido haciendo con el lugar, la gente y el ritmo de aquí. Han sido cuatro días muy intensos, tan intensos que parece que llevamos aquí ya un mes, y todavía nos quedan casi dos.

Ya hemos conocido a muchos de los que trabajan aquí, y como no, a los niños. Con la excepción de algún chavalín, que parece tener una apariencia de chico serio, todos los demás gastan una tremenda sonrisa todo el día. Los hay volcánicos, terremóticos, y de todo, pero todos muy cariñosos. Ayer pasaron un mal rato, porque los voluntarios estadounidenses que andaban por aquí se volvían a Estados Unidos, y hubo algunos pequeños dramas. Pero bueno, saben que volverán el año que viene, así que ahí quedó todo.

Pero parece que el periodo de adaptación ha terminado, y hoy por fin hemos empezado a trabajar. El ritmo es estricto. Nos levantamos alrededor de las seis y media para tomar el desayuno a las siete (té o café, con alguna rebanada de pan o una especie de pestiños pero más blandos), tenemos la reunión de empleados a las ocho, en la que se organiza (creo) un poco el trabajo que se va a desarrollar (creo porque a la de hoy hemos llegado tarde, ¡oops!), y realizamos nuestras tareas hasta la una, en la que se sirve la comida. El trabajo empieza de nuevo a las tres, y termina a las cinco. De cinco a siete preparamos las lecciones que daremos durante el programa de verano (que empieza el próximo 1 de agosto y termina el 6 de septiembre.

Hoy sin embargo ha habido algunas excepciones. La primera de ellas es que nos hemos ido con Pasqual (el administrador de la red, algún día os hablaré de él, porque es mi jefe) a Nairobi, para comprar algunos componentes. La segunda ha sido una celebración. Por la tarde, a las cuatro, hemos celebrado los cumpleaños del personal. Estos cumpleaños se celebran una vez cada mes, para todas las personas que cumplen en él. La tarta riquísima y ¡tadá! helado de vainilla, toda una sorpresa.

A las siete cenamos (a esta hora, aquí en Kenia, es ya noche cerrada). Hoy nos ha tocado una especie de guiso de patatas con chapati, unas tortas de maíz, un tanto gruesas, que utilizan de manera parecida a los mexicanos. Luego, hemos estado repartidos por ahí en las casas de los chavales, echándoles una mano a ellos y a su mummy con sus deberes. En mi caso, me ha tocado lección de inglés (leer y eso). Algunos chavales leen relativamente bien y rápido. A otros les cuesta más y hay que echarles una mano.

Así que ahora, en cuanto termine esto, voy a caer en la cama como un saco de patatas, porque además mañana nos levantaremos a las 5:30 (ocho horitas, vamos) para despedir a los chicos en su salida al colegio.

¡Tatuoanana!

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Primer dia en Nairobi

jueves, 16 de julio de 2009

Pues ya esta, ya hemos llegado. Nos ha llevado casi un dia llegar aqui, pero al final aterrizamos sanos y salvos.

Tengo un sue/o tremendo, y estoy muy cansado, porque apenas hemos dormido, asi que no se que post me va a salir.

Comparto con vosotros lo primero que me ha chocado al llegar aqui. No todo es tan distinto, pero igualmente que no todo es tan parecido. El atasco que nos comimos para salir de la ciudad y dirigirnos a Karen, porque las 7 es hora punta aqui, pertenece al lado de lo parecido. Todo el mundo va camino de sus trabajos, todo el mundo intenta ganar un par de sitios en carretera… Que no se oyera apenas un claxon pertenece al lado de las diferencias. La gente se lo toma con mucha calma y hace cierta la expresion hakuna matata, que ya hemos escuchado varias veces desde que hemos llegado. Eso y que la gente cruza por en medio de la carretera, con coches, camiones y matatus a 90 kilometros por hora… Probad a hacerlo en la M-30 [los matatus son peque/as furgonetas que hacen la funcion de autobuses, y que forman una red de transporte que te permite llegar de forma relativamente comoda a cualquier punto, bien dentro de Nairobi, o entre las distintas ciudades cercanas].

Poco mas puedo decir por ahora, que estoy muerto de sue/o, que no tengo la letra entr la n y la o como ya habreis comprobado, y que aqui la gente es amabilisima y dispuesta a echarte una mano en cualquier cosa que necesites. Y que estoy deseando que mi cerebro haga el clic necesario para adaptarme a todo lo distinto que voy encontrando: idioma, cultura, costumbres…

Ojos abiertos, mente abierta.

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T menos cuatro días

sábado, 11 de julio de 2009

Me habréis notado desconectado del mundo 2.0. En realidad, no me habréis notado. Los motivos han sido fundamentalmente dos. De uno de ellos se hablará en su momento, que tampoco es plan de adelantar acontecimientos (aunque algunos ya estáis al tanto). El otro es mi viaje a Kenia.

Y es que ya no queda apenas nada. El próximo miércoles despegamos hacia Nairobi, haciendo una escala en Ámsterdam cuya duración (unas 8 horas) creemos que nos permitirá dar una vuelta por la ciudad, si no hay retrasos.

420022371_c96503d6b9 Y no os voy a mentir: estoy nervioso. Hace poco me decía una amiga que eso era síntoma de que soy una persona que necesita mantener el control sobre todas las cosas. No le falta parte de razón, pero creo que no tiene tanto que ver con eso como con que no sé exactamente qué me encontraré: no quiero controlarlo, quiero saber qué es. El que normalmente no lleve bien las novedades también contribuye a ello.

Pero tampoco quiero aventurar nada sobre lo que viviré con esta experiencia. Ir preparado sí, pero tratar de imaginarme cómo será el día a día, o qué dificultades tendré, no. Quiero que aquella realidad me golpee directamente sin ningún escudo de prejuicios o pensamientos preconcebidos, tener la mente abierta, no tener miedo a que aniden en mí ideas distintas. Lo que debía saber, ya lo sé. Lo que no, lo aprenderé allí.

Por lo que respecta al tema de la comunicación, no sé de qué medios 2.0 dispondré allí para comunicarme. Por lo visto hay posibilidad de acceder a internet, pero no todo el tiempo ni con el ancho de banda que disfrutamos aquí en España. Aun así, intentaré alimentar este blog y el de la asociación, y si es posible, iré transmitiendo lo que voy haciendo en twitter.

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Vamos que nos pre-vamos

lunes, 6 de julio de 2009

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¡Noticias de última hora!

No me estoy refiriendo al próximo 15 de julio, porque a ese no es que pre-vaya, es que voy seguro 🙂 Me estoy refiriendo al evento bloguero del año, que en esta ocasión tendrá lugar los próximos 13, 14 y 15 de noviembre, en Sevilla… Y voy a pre-ir porque hoy se ha abierto la pre-inscripción ¿Ya sabes de qué estoy hablando?

— ¡Sí, hombre, claro! ¡Del EBE 09!

Vale, pues ¿qué haces que todavía no te has pre-inscrito? En una hora se han preinscrito 300, en unas tres horas ya había 700, y en el momento de escribir estas líneas ya somos 1092, de un máximo de 1500 plazas.

¡Date prisa!

El programa (preliminar) aquí y más información aquí.

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Enredos del clima

lunes, 6 de julio de 2009

En la línea del último cuento corto que posteé, traigo a la palestra este otro, que mezcla a partes iguales humor y drama personal.

La nieve lo es ya todo, incesante torrente silencioso de partículas que consigue darle a la noche una claridad triste. De vez en cuando hago mover el limpiaparabrisas para apartarla del cristal, y no veo otra cosa que ese menudo y nutrido confeti cayendo sin fin. Al principio, la gente salía de sus coches, intentaba saber si el atasco se resolvía o no, y la nieve seguía creciendo alrededor nuestro, cubriendo la carretera y la ladera. También al principio pasaron algunos guardias en moto, subieron y bajaron, y entre la gente se corrió el rumor de que las máquinas quitanieves estaban ya trabajando.

3250954735_4f176d2fae La tarde se oscureció en un parpadeo, vino la noche, y ahora estoy aquí dentro, escribiéndote, Felisa, Rosita, escribiendo a una de las dos, o a las dos, en el reverso de un parte de accidente, un mensaje que no enviaré, sin saber muy bien a quién de las dos escribo ni tampoco siquiera por qué lo hago, por matar el tiempo, por aplacar la rabia que me da estar aquí inmovilizado, sin cobertura para el teléfono móvil, perdido para todos, entre el frío.

Una travesura, Felisa, te lo juro, una maldita travesura que nunca conocerás, yo pensaba pasar la noche con la familia, como siempre, contigo y con las niñas, con tu hermano y su mujer, con tus sobrinos, con tu tío, pero después de comer, mientras tu madre y tú empezabais los preparativos, añadir el tablero a la mesa del comedor, escoger los manteles, ir cociendo los langostinos, y organizando las demás cosas de la cena, pensé en que apenas me llevaría dos horas, de cuatro a seis, una visita fugaz a Rosita.

Rosita, Felisa sabe lo eficaz que eres como ayudante mía en el despacho, y hasta te ha comprado un regalo de Reyes, un detalle. Ir y volver, darte un besito en la misma puerta de casa de tus padres, desearte una feliz navidad, y por eso te llamé y te dije "voy a verte y a robarte un beso, amor", un besito furtivo mientras tu propia familia, dentro de la casa, prepara también la fiesta nocturna.

Total, que me metí en estos vericuetos de la sierra y empezó a nevar, a nevar, a nevar, y aquí estoy yo, intentando imaginar qué te voy a decir, Felisa, y Rosita pensando si me habré matado, cómo te voy a explicar mi ausencia mientras tu madre me observa con esos ojos suyos de lechuza, si es que por fin consiguen liberarnos y podemos regresas a nuestras casas.

José María Merino

 

La imagen del atasco es de Muddy LaBoue

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