Inicio > en busca de mis valores, ocio > El valor de las cosas

El valor de las cosas

martes, 23 de junio de 2009

Bueno, pues ahí estás tú, liberado de todas las obligaciones inmediatas, sentado en un sillón cómodo, con la luz y temperatura adecuadas, y quizá saboreando un té o un café. Recoges de la mesilla a tu lado un libro no muy grande. Como quien se encuentra a punto de abrir el cofre de la Isla del Tesoro, parece que algo te impida pasar la primera página inmediatamente, así que te detienes mientras estudias con ojos bien abiertos la tapa, la fotografía que la ilustra, el título del libro, su autor… Mientras, el aroma de sus páginas empieza a llegar a ti y hace que por fin te decidas a seguir adelante.

Ya en la primera página te detienes nuevamente, disfrutando de cada mancha de tinta, leyendo por primera vez sus primeras palabras, que no te proporcionan nada nuevo excepto la confirmación de que el libro que te anunciaba la tapa es efectivamente el que comienzas a leer. Ojeas el índice con el ánimo de captar la esencia del libro de un vistazo, de aprender su estructura, en lo que parece ser un mirar hacia el horizonte para buscar el final de tu lectura. Saltas con más o menos detenimiento entre los nombres que aparecen en los agradecimientos de los que quizá alguno te traiga algo a la memoria, y “sin cuya inestimable ayuda este libro no hubiera sido posible”.

Aterrizas por fin en la introducción. La impaciencia hace que te tiemble la mano, así que respiras dos, tres, cuatro veces. Y empiezas a leer. Y ¡oh, dios mío! Lees esto:

2317065892_cb6ae77764 Gestionar el tiempo es fácil. Todo lo que tiene que hacer es reorganizar su manera de trabajar y utilizar el tiempo ahorrado de forma más eficaz. Eso es todo.

¿Eso es todo? ¿Eso es todo? Desde luego que eso no es todo, y desde luego, no es fácil. Ese texto de ahí arriba es hermano de toda una caterva de párrafos similares que te invitan a pensar que lo que estás a punto de leer no te costará aprenderlo, y mucho menos llevarlo a la práctica. Albergo en mí la terrible sospecha de que en su momento Albert Einstein hubiera podido leer algo parecido a esto:

Desarrollar la teoría de la relatividad es fácil. Todo lo que tiene que hacer es considerar el espacio-tiempo como una variedad tetradimensional y resolver a continuación el tensor de energía-impulso. Eso es todo.

¡Anímate! Estoy seguro de que puedes llegar a formular tus propias e increíbles invocaciones a lo sencillo, en las que pongas lo que pongas, todo será fácil. Todo lo que tienes que hacer es sustituir por lo que sea lo que he dejado sin negritas. Eso es todo. 🙂

Así es que ya desde el principio desconfío de esos libros en los que tienden un plano y liso (¿y aburrido?) camino por el que llegar a aquello que ansías conseguir. Ellos son a las bibliotecas como las sitcom son a la vida real. Por eso, al contrario de lo que me ha sucedido con este libro, leer las primeras páginas de uno de mis libros “de autoayuda” favoritos hizo que me enamorara inmediatamente de él:

coveyObviamente, [cambiar sus hábitos] no es un proceso rápido. Pero le aseguro que experimentará beneficios y obtendrá resultados inmediatos que le resultarán alentadores. Según decía Thomas Paine: “Lo que conseguimos con demasiada facilidad nunca es objeto de gran estimación. Sólo lo que nos cuesta obtener otorga valor a las cosas. El cielo sabe poner un precio adecuado a sus bienes”.

Prevenir de que el camino será arduo es para mí una buena señal de un buen libro. Y “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, de Stephen R. Covey lo es.

¿Qué opináis vosotros?

en busca de mis valores, ocio , , ,

  1. miércoles, 24 de junio de 2009 a las 08:49 | #1

    Creo que ya te lo comenté alguna vez: cuando se hablan de estas cosas me recuerden de forma peligrosa a mi trabajo y el problema es que ni mi trabajo ni mi empresa me gustan. Reconozco que dentro de la amplia gama de libros de autoayuda los que hablan de gestionarse el tiempo no son los que peor me parecen (será porque para mí el tiempo es algo que valoro muchísimo) pero siempre veo un problema: tú te organizas el tiempo, todo va estupendamente, ¿y qué hacemos con el desgraciado que te pide todo a última hora? Ah, sí, acabo a gritos 🙂

  2. miércoles, 24 de junio de 2009 a las 13:34 | #2

    Aprobar Poética y Retórica modernas es fácil. Todo lo que tiene que hacer es un trabajo de 10 páginas sobre Edipo Rey de Sófocles respondiendo a la pregunta “¿por qué impresiona al receptor?” y entregarlo el sábado. Eso es todo.

    Eso podría ser lo que me dijo mi profesor el lunes. Y lo que podría estar pensando todo el mundo cuando me dicen “ahhh ¡entonces sólo tienes que hacer un trabajo!” xD

    Me han hablado del libro pero no he tenido el placer de leerlo… con estos temas siempre pienso: el tiempo que inviertes en gestionar mejor tu tiempo, ¿no lo estás quitando de hacer algo productivo? 😉

  3. miércoles, 24 de junio de 2009 a las 18:03 | #3

    “Lo que conseguimos con demasiada facilidad nunca es objeto de gran estimación. Sólo lo que nos cuesta obtener otorga valor a las cosas”.

    A veces me planteo que pasaría si me tocara la lotería (cosa imposible porque ya no juego nunca), si dejaría de valorar las cosas como lo hago ahora por el esfuerzo que me cuesta conseguirlas. Me gusta pensar que no, que al haber tenido que conseguir lo que tengo con mucho esfuerzo, sabría darle el valor justo a las cosas, y no me volvería un nuevo rico que gasta sin sentido, pero siempre me quedan dudas. Lo que está claro es que una persona que no trabaja ni se esfuerza en conseguir nada no valora ciertas cosas como los que sí lo hacen.

  4. miércoles, 24 de junio de 2009 a las 22:07 | #4

    @Madame Tafetan Es que organizar tu tiempo (en realidad, organizarte tú misma) es una cosa, y organizar a los demás es otra 😉 Ahí funciona mejor la empatía, la asertividad, y por qué no decirlo, el educarles un tanto en tus hábitos (difícil, pero único camino)

    @Nimbusaeta La palabra clave es la que has dicho “invertir”… Es decir, gastar algo de tus recursos para obtener más de ellos 🙂 Si sólo vives aprendiendo a organizar tu tiempo, nunca acabas por organizarlo 🙂

    @Nesta El dilema acerca de el valor de las cosas, en concreto si poseen un valor intrínseco o se lo damos nosotros en función del esfuerzo que nos ha supuesto, me ha devanado la mollera mucho tiempo… ¿Tiene valor que sepamos sumar sin usar los dedos? En su momento, fue algo muy valioso ¿lo es ahora? ¿Perdió aquella acción su valor en el momento en el que ya no nos cuesta? ¿Vale sólo en función de lo que cuesta en ese momento? Hmmm…

  5. jueves, 25 de junio de 2009 a las 09:38 | #5

    Introspect, leo tu inteligente escritura y me acuerdo una y otra vez (¿por qué?) de eso que llaman la ley del mínimo esfuerzo, esto es “mínimo esfuerzo, máximo beneficio”, la cual, por poco que observemos la naturaleza, es a lo que recurren los animales. Lo que pasa es que cuando hablamos del ser humano no se nos suele contar el tremendo trabajo que hay que hacer para vivir “sin esfuerzo”. También creo que en nuestros empleos nos tienen más que engañados con esa ilusión. Se supone que todo lo que hagamos hoy nos lo ahorraremos mañana, pero nos tratan como si todos los días fuesen iguales. Una y otra vez Sísifo ha de subir la piedra. Bah, venga, estoy siendo demasiado cenizo.

  6. viernes, 26 de junio de 2009 a las 17:21 | #6

    @MSDET La ley del mínimo esfuerzo a la que dices que se acogen los animales se podría llamar en mi opinión la ley del máximo rendimiento energético, es decir, obtener lo más posible con el menor consumo de energía. Nuestro sistema musculoesquelético está diseñado por ejemplo, para que podamos caminar economizando al máximo el gasto calórico. Las personas que se acogen a la ley del mínimo esfuerzo, normalmente, también están acogiéndose a la ley del mínimo resultado, y eso es lo que critico.

    En términos económicos, la ley podría llamarse también “del máximo retorno de la inversión”, y es ahí donde creo que radica el asunto. La inversión en tiempo o esfuerzo es bueno si con ello conseguimos beneficios futuros (algo difícil de ver, y que ayuda a tender a minimizar el esfuerzo, de nuevo). Ortega pega en el clavo (diría que como siempre, pero no soy objetivo 😉 cuando dice que “la técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzos”. Es lo que ahora llaman “productividad” y “competitividad”. Yo creo que somos pequeños Sísifos, como dices, pero no que la roca caiga de nuevo: es sólo que la cuesta no termina.

  7. sábado, 27 de junio de 2009 a las 01:19 | #7

    Es cierto que muchos trabajan-trabajamos para que la técnica nos libere de trabajos terribles, pero también es cierto que, con demasiada frecuencia, el resultado es que mucha gente es lanzada al arroyo, la vieja historia de “hala, chaval, a buscarse la vida, que ya no nos vales” camuflada en expresiones como “reconversión industrial”. Yo, que entiendo sociedad como un grupo de individuos que colaboranpara un fin común, no veo lógico que se nos incite contínuamente a que compitamos, que es justo lo contrario.

  8. sábado, 27 de junio de 2009 a las 10:34 | #8

    No lo he leído. ¿Es interesante? ¿Has aprendido procedimientos útiles para gestionar tu tiempo y tareas de manera efectiva?

    Un saludo.

  9. jueves, 2 de julio de 2009 a las 18:28 | #9

    Llego tarde al debate 🙂 Pero he disfrutado tanto leyendolo que solo me queda en el tintero hacer “la pregunta tonta”, o como yo digo “la Mirianada”. Y es: ¿qué pasa si no tienes tiempo para aprender a gestionar tu tiempo?

  10. viernes, 3 de julio de 2009 a las 11:59 | #10

    Creo que en Momo de Michael Ende se habla un poquito de esto.

    😀

  11. lunes, 6 de julio de 2009 a las 07:29 | #11

    @HNMDT Uff 🙂 Creo que sólo eso da para una serie de posts aparta 😉

    @Hackett ¿Dices el de los 7 Hábitos? A mí me parece un libro imprescindible. Se podrá estar más o menos de acuerdo, pero buenas ideas tiene un montón. Planificar de semana en semana (en vez de día a día) y el concepto de “roles” y su equilibrio a lo largo de esa semana que digo, son dos de sus mejores ideas en su opinión…

    @Miri Hmmmm… Creo que en ese caso, es un tema de prioridades, de prescindir de algo menos importante por algo que lo es más… No sé 🙂 En todo caso, no hay preguntas tontas… Sólo las respuestas pueden serlo.

    @Señor Migrañas Así es, y además es un libro genial…

  1. Sin trackbacks aún.
Comentarios cerrados.