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Archivo para Mayo, 2009

El bosque musical

Miércoles, 27 de Mayo de 2009

Para perjuicio mío y de mis semejantes, nunca he tenido la habilidad de transformar ideas y sentimientos en palabras por medio de una sabía elección de éstas. Ignoro cuál es el motivo, pero el caso es ese, y es lo que hay. Sé lo que quiero decir, pero me falta tender el camino de adoquines del discurso: un adoquín, una palabra. Más que camino, acabo ofreciendo un terreno confuso parecido a una selva, y sin apenas otorgar un machete mellado… O como mucho, una ruidosa travesía con el tran tran de fondo con el que aturde sin quererlo un asfalto mal dispuesto.

DSC_0101 Digo todo esto porque he perdido la cuenta de los días que llevo intentando encontrar esas palabras que expliquen lo que la música de Abe Rábade y su trío (que esta vez era septeto) me hizo sentir este pasado 20 de mayo, hace justo una semana. Eso sí, empezaré antes con una pequeña observación. No tengo nada en contra de los saxofones, ni de las trompetas, ni de los trombones de vara. Pero Abe y su trío me han acostumbrado a lo íntimo e intenso de un piano, un bajo y una percusión bien equilibrados, y la inclusión de cuatro metales (y de ahí el septeto) no me acabó de convencer.

Lo que no significa que no disfrutara de la música. Al contrario, fue agradable perderse de nuevo entre el bosque de notas que crean. Pero hacen más que eso: consiguen que esas notas te invadan y te rodeen, y caigas en la ilusión de que el bosque eres tú mismo. Salir de un concierto de Abe Rábade es salir siendo música, caminando por el pentagrama de las calles con la levedad de un sonido…

DSC_0096Esta ha sido la segunda vez que han acudido al Centro Cultural Nicolás Salmerón de la mano de la gente del Bogui Jazz. Sin embargo esta vez, al contrario de lo que ocurrió el pasado noviembre, se llenaron todas las butacas. Reconozco que la vez anterior fue más cercano, porque fueron menos personas, pero me alegro de que por fin el Trío tuviera el público que le corresponde 🙂 Además, esta vez no fui solo, y en la butaca de al lado me acompañaba Ernesto Sierra, otro amante del jazz. Por cierto, que al presentar Dick Angstadt el concierto, se contuvo de anunciar nada, pero dijo con la boca pequeña que al parecer llegan buenas noticias para el Bogui. ¡Esperemos que así sea!

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Los quince del patíbulo

Martes, 19 de Mayo de 2009

DirtyDozen2 Hemos escapado de la cárcel de dos árboles atados por una cuerda por encima de la cabeza, quince personas o así. Nos hemos subido todos en dos sillas, buscando la mejor manera de equilibrarnos y no caer. Hemos tendido una red de sueños con un ovillo de lana, y la hemos destejido a fuerza de dar ideas para conseguirlos. Hemos dirigido filas de ciegos con las guías de dos manos. Hemos hecho de marionetas y de ventrílocuos, y hemos compuesto un poema en silencio. Hemos comprado y vendido nombres propios con sencillas monedas hechas de pinzas. Hemos aprendido nuestros nombres a base de duelos incruentos con pistolas hechas de manos y dedo. Hemos peleado a cuatro patas, hemos luchado en batallas de monólogos simultáneos. Y hemos escrito una carta a nuestro yo del futuro.

Por más surrealista que pueda parecer, después de este entrenamiento ya estamos listos para ir. El último inconveniente serio ya ha sido salvado.

en busca de mis valores, nyumbani , , ,

Carrusel aéreo

Viernes, 15 de Mayo de 2009

Ignoro si mantendrán una costumbre tan culturalmente saludable como esta que os vengo a contar e ilustrar, pero hace tiempo los Hoteles NH obsequiaban a sus inquilinos, nuevos nómadas, con un librito en el que recogían pequeños relatos, en proporción a la que suele ser la duración de su estancia. Textos, cuentos, historias diminutas que cabían en los pocos minutos que anteceden al sueño (o por qué no, que acompañan a un despertar perezoso cuando uno se descubre en la mañana abrazado cálidamente por las sábanas…

hotelroom Esos pequeños libros se llamaban o se llaman “Noche de relatos”, y son una delicia para tener junto a la cama y darle esquinazo al insomnio, aunque estoy seguro de que son igualmente útiles en cualquier circunstancia en la que uno no disponga de mucho tiempo, o no desee embarcarse en viajes literarios más largos. A mi desde luego, cada vez me gustan más los pequeños relatos.

No me distraigo más. Os transcribo uno de esos pequeños cuentos con el que me he divertido mucho. Siempre que termino un cuento así, me invade una agradable sensación de diminuta felicidad, como su extensión, pero a la vez una tremenda envidia (sana, cómo no 😉 ) porque me gustaría saber escribir cuentos así de bien acabados. Os dejo con “Carrusel aéreo”, de José María Merino.

Carrusel aéreo

¿De modo que también han retrasado su vuelo? Pues entonces tenemos tiempo de sobra. Ya le dije que yo he sufrido muchas de estas huelgas. Había pasado varias cuando en una de ellas, esperando la oportunidad de la salida en el aeropuerto de Pamplona, conocí a Judith, una barcelonesa que trabaja en asuntos parecidos a los míos. Nos caímos bien y fuimos intimando, nos hicimos lo que se pudiera llamar novios, y el puente aéreo nos unía los fines de semana. Después de un tiempo, cuando parecía claro que estábamos hechos el uno para el otro, una de estas huelgas retrasó nuestra cita durante más de un día. Tuve que pasar demasiadas horas solo en el aeropuerto, pero allí estaba Milagros, una malagueña profesora de francés. Simpatizamos, y conocerla me hizo reflexionar sobre mi proyectado matrimonio con Judith. Después del verano, ya salía con Milagros. También nos veíamos sólo de vez en cuando, pero esos amores tienen siempre mucho incentivo para vivirlos. La cosa había cuajado entre nosotros, y yo preparaba mi viaje para conocer a su familia, cuando otra huelga me retuvo en Barajas. Entonces conocí a Alma, una jovencísima bióloga sueca. ¿Usted ha oído hablar del flechazo? Fue eso, exactamente. Me encontraba con Alma mucho menos de lo que lo había hecho con las otras, pero lo nuestro sí que era pasión, sobre todo en vacaciones. Precisamente unas vacaciones interrumpió un encuentro con Alma una de esas dichosas huelgas, y ella debió de conocer a alguien más interesante que yo mientras esperaba, el caso es que cuando nos vimos me dijo que lo nuestro quedaba cancelado. Estuve sin novia una temporada, pero otra huelga me hizo pasar unas cuantas horas en el bar con una gallega de nombre Margariña. Mi corazón se enamoró otra vez, qué quiere que le diga, y mi viaje de hoy es para buscar piso, porque estoy pensando en trasladarme a Pontevedra y casarme con ella. Antes eran los dioses, hoy son esos pilotos. Cambia la cara, pero siguen siendo las manos del destino. Menos mal que la espera se hace muy agradable, y hasta se agradece, cuando uno tiene la suerte de conocer a una mujer tan guapa y tan simpática como usted.

José María Merino

La habitación la fotografió elinar.

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El regalo de Jose

Domingo, 10 de Mayo de 2009

Este pasado viernes Jose, el responsable de la cafetería del curro, me ha sorprendido con un extraño y a la vez valioso regalo, como muestra de gratitud por un favor que le he hecho, o más bien, que le he hecho a su portátil.

No sé cómo reaccionar ante esas muestras. Antes tendía a rechazar de forma lo más amable posible el regalo, porque lo veía como una especie de pago por algo que había hecho con el ánimo de echar una mano, y no con el ánimo de cobrarlo. Ahora sin embargo, pienso que es una muestra sincera y que lo regalado no es pago sino agradecimiento materializado. Y así, como en muchas otras cosas, me balanceo entre dos o más opciones, todas más o menos válidas, y todas más o menos erróneas. Siempre incompletas. Y no dudo que cambiaré de nuevo una y mil veces más.

Esta vez el péndulo, como digo, estaba del lado de la aceptación, y le he dado las gracias por dos botellas.

DSC_0600 La primera de ellas, es una botella de aceite de oliva, Dauro, que ha recibido estos dos últimos años el premio al mejor aceite de oliva virgen extra de extracción en frío. Es de uso exclusivo para el desayuno, y si se toma sólo con pan, el pan sabe a tomate, Jose dixit.

La segunda es una botella del único vermouth reserva que se embotella en España, de las Bodegas Martínez Lacuesta. Imprescindible beberlo frío con una rodajita de naranja y una oliva. Si os pasáis algún día por casa, estáis por supuesto, invitados 🙂

¿Y vosotr@s? ¿Cómo reaccionáis ante este tipo de regalos? ¿Cuál ha sido el más simbólico para vosotros?

de la pitanza , , ,

Latidos

Sábado, 2 de Mayo de 2009

No voy a ocultar que soy una persona que atribuye a los símbolos un profundo valor.

Porque, si lo piensas por un momento, no manejamos símbolos sino que somos símbolos. En el sentido más amplio, hacemos un símbolo de aquello a lo que queremos darle un sentido, y nos apropiamos de él. Eso es así porque los símbolos son la proyección en nuestra mente de la realidad-ahí-fuera y de nuestra propia realidad-ahí-dentro, y si no creamos un símbolo para algo, ese algo queda a la sombra de lo incomprensible.

Símbolos son nuestros nombres, las palabras, los colgantes, nuestros gestos, nuestros ritos, nuestra firma, nuestra palabra, nuestras promesas. Llenamos nuestras vidas de símbolos para comunicarnos, para recordarnos, para comprendernos, para unirnos, para separarnos, para humanizarnos, para avanzar. Llenamos nuestra vida de símbolos para entender y entendernos.

DSC_0584 Hace algo más de un mes, compré un reloj en el ubicuo Ikea. Los relojes son símbolos muy importantes para mí, porque representan mi tiempo y el tiempo de los demás. No puedo salir de mi casa sin mi reloj de muñeca y no sentir que voy desnudo. Y si se me olvida, puedo resultar muuuuy pesado, preguntando la hora cada minuto a todo el que tengo al lado.

También son símbolos muy prácticos: te indican la hora, te avisan de que has alcanzado cierto momento del día y sólo tienes que cambiarles la pila cada dos años más o menos… excepto el que me compré. A este hay que darle cuerda, hay que alimentarlo con giros de energía cinética, cargando sus baterías de energía elástica. Os aseguro que después de una semana de verle morir cada dos días, desacostumbrado como estaba a causa de los modernos relojes con entrañas de cuarzo, me tiraba de los pelos. ¿Otra vez tengo que ponerlo en hora? Faltó poco para asumir la pérdida, y sustituirlo por otro que no necesitara tanta atención. Muy poco.

Sin embargo, con el tiempo (no deja de ser irónico), este reloj en particular ha acompañado mis mañanas con un latido tictac tictac al que le he atribuido una tremenda responsabilidad. Ese latido es el latido de mi casa, de mi hogar en realidad. Y así, el reloj es el símbolo de su corazón. Y no puedo dejar que se pare. Ahora no me importa darle cuerda: al contrario, es uno de los pequeños ritos de todas las mañanas. Rik, rik, rik, rik, rik… ¡A marchar!

¿Será vivir elegir qué símbolos queremos hacer nuestros para ver las cosas como queremos verlas? Tremenda responsabilidad…

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