El pequeño Kyō
En ocasiones me ha resultado útil, y por eso quiero compartirlo con vosotros.
Luego oyó la voz de Hahao como un susurro.
—¿Queréis que os explique cómo logré yo superar esa sensación de desamparo?
Kyō volvió a asentir.
—Se trata —empezó a explicar Hahao— de una especie de ejercicio que descubrí un buen día poco después de tener mi propio hijo. Consisten en lo siguiente. Permaneced con los ojos cerrados y recordad por un momento al pequeño Kyō de ocho años en la época en que sucedió aquel trágico episodio. Es un niño lleno de vida, pero está triste, muy triste. Y solo. Se ha quedado sin aquello que más amaba y necesitaba: el amor primordial de sus padres, especialmente de su madre. ¿Lo tenéis?
Un río de lágrimas resbalaron entonces por las mejillas de Kyō, que no dejaba de asentir.
—Ahora, sin dejar de imaginar al pequeño Kyō, pensad en el Kyō adulto, en vos, un joven fuerte y valeroso, capaz de derrotar a cualquier enemigo con vuestra inteligencia y con la fuerza de vuestra inagotable voluntad. Y también capaz, como habéis descubierto hace poco, de abrazar a un bebé y darle el calor que necesita para sentirse seguro. Dibujad en vuestra mente la imagen de este Kyō que sois hoy, un adulto responsable, compasivo y generoso. ¿Ya está?
Más lágrimas y más asentimientos, y un fuerte estremecimiento y un calor indescriptible en la palma de la mano en contacto con la de Hahao.
—Ya estamos llegando, aguantad. Y preparaos para un momento muy emocionante, para una sensación de paz infinita. Imaginad ahora que el Kyō adulto que sois hoy abraza fuerte y consuela al Kyō pequeño que seguís siendo. Y que le susurra palabras suaves al oído y le acaricia el pelo y le dice que ya nunca, jamás de los jamases, estará solo en el mundo.
Entonces, como si soñara con la idea misma del consuelo, Kyō sonrió confiado y noto una confortable sensación de seguridad.
Y acudió a su mente la idea de que nada ni nadie podría romper en el futuro aquel lazo de confianza que acababa de establecer con su niño interior.
Y pensó también que protegería la vida del pequeño Kyō con todas sus fuerzas y con todo el arrojo que, en el pasado, había empleado para evitar su recuerdo.
El valor del samurai
Josep López Romero

Qué bonito, me ha encantado
Muy bueno Wilson.
Por cierto, me ha encantado tu “ex-libris”, o como se escriba. Genial.
Muy bonito
) Si es así, podrías recomendarme algún libro?
Asias!
Te gusta la literatura oriental, no? (Ya sé que el que escribió este libro debe de ser catalan o de por ahí
Gracias por compartirlo. Es precioso.
@Madame Tafetan Me alegro
@Banyú Muchas gracias… ¿A que mola el ex-libris? No sabes las ganas que tenía de tener uno
@ivich Muchas gracias. Me gusta mucho la cultura oriental, pero me temo que no puedo ayudarte, porque estoy empezando a conocer su literatura. De todas forma, iré poniendo por aquí lo que leo
@antonio Me alegro mucho de que te guste.
Mmmm si señor! a mi me suena un poco al pan nuestro de cada día! Muy bonito!!!
Magnífico. (huelga decir más).
@Alma Me alegro de que te guste.
@Sergio Gil
yo es que, como buena psicóloga, lo del niño interior ya lo tengo muy masticado y hay tantas versiones…! pero lo cierto es que uno coge seguridad cuando es consciente del proceso que ha seguido para llegar a un sitio, y es capaz de asimilarlo
@Evemary ¿Muchas versiones? Investigaré